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Nemesia Valle
Virgen italiana de la congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret


Por: L’Osservatore romano, edición en lengua española | Fuente: L’Osservatore romano, edición en lengua española



Virgen italiana de la congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret (fecha de beatificación: 25 de abril de 2004).

Nació en Aosta (Italia) el 26 de junio de 1847. Ese mismo día fue bautizada en la antigua iglesia de San Urso, con el nombre de Giulia. Los primeros años de su vida transcurrieron en la serenidad de una familia que se alegró con el nacimiento de un nuevo hijo, Vicente, y donde el trabajo de la madre, que administraba un negocio de costura, y del padre, que desempeñaba una intensa actividad comercial, aseguraban cierto bienestar. Su madre murió cuando Julia tenía sólo cuatro años. Los dos huérfanos fueron encomendados primero al cuidado de sus parientes paternos, en Aosta, y después a sus parientes maternos, en Donnas. Aquí encontraron un ambiente sereno, escuela, catecismo. La preparación para los sacramentos se hacía en casa, bajo la guía de un sacerdote amigo de la familia.

Cuando tenía once años, para completar su instrucción, fue enviada a Francia, a Besançon, a un pensionado perteneciente a las Hermanas de la Caridad. La separación de la familia fue un nuevo dolor para ella, una nueva experiencia de soledad, que la orientó hacia una profunda amistad con «el Señor, que tiene a su lado a su Madre».

En Besançon aprendió bien la lengua francesa, enriqueció su cultura, llegó a ser habilidosa en los trabajos femeninos, maduró una delicada bondad que la hacía amable y atenta hacia los demás.

Después de cinco años, regresó a Donnas, pero no encontró su casa: su padre se había vuelto a casar y se había trasladado a Pont Saint Martin. Tuvo que afrontar una situación familiar tensa, donde la convivencia no resultaba fácil. Su hermano Vicente no aguantó y se fue de casa; no se supo nada más de él. Julia se quedó y en su soledad trataba de brindar amistad, comprensión y bondad a todos, especialmente a los que vivían también la experiencia de dolor.

En este período, en Pont Saint Martin se habían establecido las Hermanas de la Caridad. Julia encontró allí a su maestra de Besançon. Las hijas de santa Juana Antida Thouret la ayudaron y animaron. Se sintió profundamente atraída por su estilo de vida, y su entrega a Dios y a los demás. Cuando su padre le presentó una buena propuesta de matrimonio, Julia no vaciló: había decidido entregar totalmente su vida a Dios; deseaba ser Hermana de la Caridad.

El 8 de septiembre de 1866 su padre la acompañó a Vercelli, al monasterio de Santa Margarita, donde las Hermanas de la Caridad tenían su noviciado. Allí comenzó una vida nueva en paz, en alegría, superando una separación dolorosa. Se esforzó por entrar en una relación más profunda con Dios, conocerse a sí misma y la misión de la comunidad, para estar dispuesta a ir a donde Dios la llamara. «Jesús, despójame de mí misma y revísteme de ti. Jesús, por ti vivo, por ti muero» es la oración que la acompañó durante su noviciado, y también a lo largo de toda su vida.

Al final del noviciado, con el habito religioso, recibió un nombre nuevo: Nemesia, el nombre de una mártir de los primeros siglos. Lo hizo su programa de vida: testimoniar su amor a Jesús hasta las últimas consecuencias, a cualquier precio, para siempre.

Fue enviada a Tortona, al instituto San Vicente, en el que había una escuela primaria, un pensionado y un orfanato. Enseñó en la escuela primaria y en los cursos superiores la lengua francesa. Era una tierra buena para sembrar bondad. La hermana Nemesia estaba presente donde había un trabajo humilde por desarrollar, un sufrimiento por aliviar, donde un disgusto impedía relaciones serenas, donde la fatiga, el dolor y la pobreza limitaban la vida.

En su gran corazón no había límites: hermanas, huérfanos, alumnos, familias, pobres, sacerdotes del vecino seminario, soldados de la gran casa de Tortona recurrían a ella, la buscaban como si fuera la única hermana presente en la casa.

Cuando, a los cuarenta años, es nombrada superiora de la comunidad, la hermana Nemesia queda desconcertada, pero un pensamiento le da fuerzas: ser superiora significa «servir»; por consiguiente, podrá darse sin medida y, humildemente, afronta la subida.

Las líneas de su programa: «Avanzar, sin mirar atrás, fijando una única meta: Sólo Dios. A él la gloria; a los demás la alegría; a mí el precio por pagar; sufrir, pero jamás hacer sufrir. Seré severa conmigo misma y toda caridad con las hermanas: el amor que se dona es la única cosa que permanece».

La mañana del 10 de mayo de 1903, las huérfanas y las pupilas encontraron un mensaje de la hermana Nemesia para ellas: «Me voy contenta, las encomiendo a la Virgen. Las seguiré en cada momento del día». Se había marchado a las 4 de la mañana, después de 36 años. Su nueva misión se realizará en Borgaro, pequeño pueblecito cerca de Turín, acompañando a un grupo de jóvenes en su camino hacia la entrega total a Dios al servicio de los pobres. Son las novicias de la nueva provincia de las Hermanas de la Caridad. El método de formación usado por la hermana Nemesia era siempre el mismo: la bondad, la comprensión, que educa en la renuncia por amor, la paciencia, que sabe esperar y encontrar el camino justo que conviene a cada una. Sus novicias la recuerdan: «Nos conocía a cada una, comprendía nuestras necesidades, nos trataba según nuestra manera de ser».

La superiora provincial, que tenía un carácter «en perfecta antítesis con el suyo», disentía de este método. Ella aplicaba un método rígido, fuerte, inmediato. Esta forma de ver originaba contrastes, que desembocaban en reproches y humillaciones. La hermana Nemesia lo aceptaba todo en silencio; sonriendo continuaba su camino, sin apuro, sin dejar sus responsabilidades. Murió el 18 diciembre de 1916.







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