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Sacramentos

Si la Confesión es para borrar los pecados graves, ¿también hay que confesar los pecados veniales?
En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6, 36)


Fuente: www.buenanueva.net



En realidad no hay obligación de confesar los pecados veniales.  Esto es lo que enseña la Iglesia, porque hay muchos medios por medio de los cuales son perdonados los pecados que no son graves.

Veamos cuáles son esos medios de perdón de los pecados veniales:

. actos de arrepentimiento perfecto, en los que nos arrepentimos por amor a Dios y no por temor a las consecuencias de los pecados.

. actos de amor a Dios (confianza, entrega, alabanza, adoración)

. actos de amor al prójimo, cuando éstos provienen de motivos sobrenaturales y no de mera filantropía o altruismo, los cuales tienen su origen en motivaciones humanas.



. oraciones litúrgicas, como el Yo confieso,  o también el Acto de Contrición.

. El principal medio de perdón de los pecados veniales es la Sagrada Comunión, la cual debe ir precedida de un acto de arrepentimiento sincero y cierto.  Esto se hace en la Santa Misa en la Liturgia Penitencial con que comienza toda Misa, que es el momento para recordar los pecados cometidos y arrepentirnos de ellos.


Si existen todos estos medios de perdón de las faltas no graves, ¿para qué, entonces, confesar los pecados veniales?

El Catecismo de la Iglesia Católica ratifica la declaración del Concilio de Trento, que recomendó la confesión de los pecados veniales.  Y nos recuerda que hasta el Código de Derecho Canónico recomienda la confesión de los veniales. (CDC #988-2)

"Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia. En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6, 36)".  (CIC #1458)




¿Qué ventajas nos trae, entonces, la confesión frecuente?  ¿Qué ayuda nos da la confesión frecuente a la señal de vivir habitualmente en gracia?

Veamos con detalle las ventajas que nos aporta el Catecismo y algunas otras:

  • Ayuda a formar la conciencia, para tener una conciencia verdadera (juzga correctamente si un acto es bueno o malo), una conciencia cierta (lo juzga sin temor a equivocarse) y una conciencia delicada (ve el pecado donde lo hay, aunque sea muy pequeño). 
  • Ayuda a luchar contra las malas inclinaciones:  la confesión frecuente es como el trabajo de un jardinero que saca el monte diariamente hasta que va desapareciendo.   El Sacramento de la Confesión cura al alma de la debilidad que causan en ella los pecados veniales, de la tendencia a la mundaneidad que trae el pecado venial consigo, del enfriamiento de las cosas de Dios que acarrea el estar cometiendo pecados leves, de la propensión a aceptar valores falsos y a caer en tentaciones.  En una palabra, la confesión frecuente de los pecados veniales alivia la concupiscencia o tendencia al pecado.
  • El alma se deja curar por Cristo:  sabemos que es Cristo mismo quien nos espera en el confesionario para darnos su perdón y darnos las gracias sacramentales.  Aún mejor que cuando buscamos el perdón de los veniales por otras vías, en la Confesión es Jesús mismo Quien nos sana.
  • La persona progresa en su vida espiritual:  Al confesar con frecuencia los pecados veniales, la persona va profundizando su vida espiritual y va fortaleciendo la gracia divina –la vida de Dios- que habita en ella.  Además, obtiene adicionales gracias actuales que la estimulan a amar más y mejor a Dios y al prójimo.  Todo esto hace que los pecados veniales vayan disminuyendo de número y de intensidad.
  • Nos ayuda en la lucha contra los pecados mortales y veniales: Es importante destacar el poder del Sacramento de la Confesión inclusive contra los pecados veniales, porque no sólo los perdona, sino que va eliminando las consecuencias de esos pecados, que aunque no sean graves, tienen también su mala influencia en el alma.  La confesión frecuente da una fortaleza especial para luchar contra los pecados veniales (también contra los mortales, por supuesto!), porque el Sacramento de la Confesión remueve los obstáculos que impiden que la gracia divina crezca tanto como Dios quiere hacerla crecer en el alma.nCuando los pecados veniales se nos perdonan por vías alternas al Sacramento, nos privamos de esta ayuda de fortalecimiento ante el pecado, que es parte de la gracia sacramental de la Confesión.
  • Fortalece al alma para rendirse a la Voluntad de Dios:  La confesión frecuente de los pecados veniales le otorga al alma una frescura interior y un ímpetu cada vez más firme para de veras rendirse a Dios y a su Voluntad.
  • Nos hace misericordiosos, porque al ir recibiendo la Misericordia Divina para nuestros pecados, siendo perdonados una y otra vez, nos vamos haciendo más compasivos, comprensivos, magnánimos – ojo: no permisivos, pero sí misericordiosos- con respecto de las debilidades de los demás.

Podemos resumir estas ventajas con un extracto de la Encíclica del Papa Pío XII, Mystici Corporis #39, año 1943:

"Esto mismo sucede con las falsas opiniones de los que aseguran que no hay que hacer tanto caso de la confesión frecuente de los pecados veniales, cuando tenemos aquella más aventajada confesión general que la Esposa de Cristo hace cada día, con sus hijos unidos a ella en el Señor, por medio de los sacerdotes, cuando están para ascender al altar de Dios. Cierto que, como bien sabéis, Venerables Hermanos, estos pecados veniales se pueden expiar de muchas y muy loables maneras; mas para progresar cada día con mayor fervor en el camino de la virtud, queremos recomendar con mucho encarecimiento el piadoso uso de la confesión frecuente, introducido por la Iglesia no sin una inspiración del Espíritu Santo: con él se aumenta el justo conocimiento propio, crece la humildad cristiana, se hace frente a la tibieza e indolencia espiritual, se purifica la conciencia, se robustece la voluntad, se lleva a cabo la saludable dirección de las conciencias y aumenta la gracia en virtud del Sacramento mismo. Adviertan, pues, los que disminuyen y rebajan el aprecio de la confesión frecuente entre los seminaristas, que acometen empresa extraña al Espíritu de Cristo y funestísima para el Cuerpo místico de nuestro Salvador."


¿Qué ventaja nos da la confesión de los pecados veniales con relación a la pena temporal o purificación requerida por esos pecados?

"Cuando los pecados veniales son perdonados en la Confesión, la pena temporal que ellos conllevan queda remitida en mayor grado a cuando esos pecados son perdonados fuera del Sacramento, aunque los sentimientos de arrepentimiento fuesen los mismos"  (traducción libre de Frequent Confession, Dom Benedict Baur, osb -1922 –traducción al Inglés  Patrick Barry, sj -1959).

La pena temporal –pena de purificación- queda parcial o totalmente remitida con el Sacramento de la Confesión. Pero lo que permite esta disminución de pena temporal es la penitencia impuesta por el Sacerdote y cumplida debidamente por el penitente.

Es decir, la penitencia que nos pone el confesor sirve para descontar la deuda de la pena temporal o purificación que requieren los pecados confesados.

Pero adicionalmente es muy recomendable hacer algunas penitencias de nuestra parte que vayan en contra del pecado que estamos cometiendo o del vicio que estamos tratando de corregir. Esos pequeños sacrificios y negaciones no sólo nos ayudan en la lucha contra el pecado, sino que también contribuyen a disminuir las penas de purificación.

Esta ventaja de que el perdón de los pecados veniales en la Confesión, cumpliendo la penitencia impuesta, va disminuyendo el tiempo de purificación de éstos en la otra vida, es indiscutiblemente uno de los argumentos más importantes en pro de la confesión frecuente.


¿Cuán frecuente debe ser la confesión? 

Ideal es cada 2 semanas,  pero podría ser semanal también.

El propósito de la frecuencia en la confesión es primeramente la purificación del alma de los pecados veniales, pero también el fortalecimiento de la voluntad para ir progresando en la santidad y en una mayor unión con Dios, al ir removiendo los obstáculos que la dificultan.

La frecuencia quincenal o semanal nos permite también la posibilidad de poder lucrar aquellas indulgencias que requieren la confesión, sin tener que confesar cada vez, ya que la Iglesia requiere para esto sólo la confesión cada dos semanas.  O sea que otra ventaja adicional de la confesión frecuente es la obtención de indulgencias que requieren la confesión.

Para la Confesión llamarse verdaderamente frecuente, podría distanciarse hasta un mes.

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