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Educar en las virtudes

Siete virtudes para recibir la Navidad
Hagámoslo así para que esas estrellas iluminen nuestra Navidad y nuestras vidas


Fuente: www.minutoheroico.com



Debemos prepararnos para recibir en nuestros corazones el Nacimiento del Niño Jesús. Precisamente para esto es que sirve el tiempo de Adviento, son cuatro semanas que nos ayudan a prepararnos para conmemorar este acontecimiento tan especial en el que Dios se hiciera HOMBRE para salvarnos y redimirnos. Según sea nuestra preparación espiritual, será la alegría y paz que sentiremos desde la Noche Buena, cuando celebraremos agradecidos esta gran manifestación del amor misericordioso y redentor de Dios.

Les propongo algunas reflexiones y ejercicios fundamentados en las siete virtudes de la Virgen. Estas virtudes son las que van en contra de los siete pecados capitales: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

Humildad

Navidad es humildad, aunque el mundo quiera ignorarlo. Esa es la gran lección de Nuestro Señor, Quien teniéndolo TODO, pues para y por El fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, se desprendió de todo su poder y nació como el más humilde de todos los hombres: en un pesebre. Por lo tanto, evitemos ser ostentosos en nuestro vestir y vanagloriarnos de lo material que podemos tener. Si algún plan o actividad no sale como lo esperamos actuemos con sencillez reconociendo el error y abandonándonos al Señor, con la misma actitud de la Virgen María ante el ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Generosidad



Dar es otra gran lección que nos enseña la Navidad, desde Dios que se da, la Virgen que se entrega totalmente, San José que se olvida de sus planes, los pastores que dan lo poco que tienen, los Reyes que ofrecen sus riquezas, y Dios mismo que se da a sí mismo.
Revisemos nuestro armario y saquemos cosas que le pueden servir a mucha gente necesitada… ¡Cuantas cosas tenemos que no usamos y podemos regalar a quien sí las necesitas! Y no sólo dar lo que nos sobra sino lo que nos duele, como decía Madre Teresa de Calcuta. Demos de nosotros mismos, es decir, nuestra compañía, oración, amistad, sonrisa ¡Cuantos necesitan tan poco para ser felices, porque se sienten solos!

Castidad

Salgamos corriendo ante la tentación y placeres de la carne… En Navidades se cometen muchos pecados de lujuria. Hay gente que sintiéndose solos caen en brazos de la lujuria, buscando consuelos y amor. Cuando veamos que esto puede pasar invoquemos a la VIRGEN, María Santísima para que nos de la gracia para vencer las tentaciones y los placeres de la carne. En las fiestas de esta época se cometen muchos excesos y la gente como que se desenfoca, por eso cuidemos nuestro vocabulario, evitemos los chistes de doble sentido y hasta nuestra forma de vestir.

Paciencia

Hay lugares que pareciera que el mundo se va a acabar, que las tiendas, nunca volverán a abrir sus puertas, que la comida va a desaparecer, etc. Todo el mundo anda como loco, y nadie quiere esperar. Imitemos la paciencia de la Virgen María y la de San José que fueron puerta por puerta buscando lugar para el nacimiento del Enmanuel. Seamos pacientes en las filas, cedamos los puestos, evitemos las quejas y aceptemos cualquier sufrimiento que se nos presente en este tiempo, hagamos como la Virgen, quien todo lo guardaba en su corazón.




Templanza

Pensamos que Navidad es comida, todo el mundo come…y mucho. Cuando precisamente antes de Navidad, en Adviento, se debe tener cierta sobriedad ante la espera gozosa del Mesías. En este tiempo, para ser templado hay que tener una fortaleza especial que se construye con pequeñas negaciones. Tengamos cuidado en comprar cosas innecesarias; comamos lo preciso (ni un segundo plato, ni “picar” tanto entre comidas); cuidado con las bebidas alcohólicas y los vicios, los excesos son falta de templanza. Seamos dueños y señores de nosotros mismos, no podemos ser del “montón”. Estamos en el mundo pero no somos del mundo.

Caridad

El amor, que es lo mismo que la caridad resalta en este tiempo, por lo menos debería de ser así. Si regalamos a las personas cosas debe ser por amor, por lo tanto no debemos esperar que nos devuelvan el regalo…Entonces el amor que damos debe ser gratis, sin esperar recompensas.

También, pedir perdón y perdonar es esencial, busquemos a quien hemos ofendido y pidámosle perdón; de igual manera, si alguien nos ha ofendido, perdonémosle (si esa persona no nos pide perdón ¿Qué importa? Hagámoslo en nuestros corazones.
Pero sobre todo meditemos en ese AMOR de Dios que nació en Belén y murió en una cruz por amor a cada uno de nosotros sin importar nuestros pecados, y hagamos lo mismo por lo demás.

Diligencia

Aunque hay días festivos que sirven de descanso, no demos cabida a la pereza. Seamos pro-activos, vayamos a las celebraciones de nuestra parroquia, las celebraciones litúrgicas son preciosas y llenas de gran riqueza interior.

Vayamos al encuentro del “otro”, allí esta Jesús que nace y eso se hace no acostado en una cama sino poniéndose de camino, como San José y la Virgen, los pastores, los Reyes Magos y todo aquel que quiere ser partícipe del misterio de la Navidad.

 

 

 

 







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