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¿Todos somos hijos de Dios?
El sentido de nuestra filiación divina define y encauza nuestra actitud. Es un modo de ser y un modo de vivir.


Por: Raúl Alonso |



Pues si en cierto sentido, porque Dios nos hizo a todos los hombres y mujeres a su “imagen y seme­janza”.

Pero cuando Dios se hizo hombre en Cristo, nuestra dignidad de hijos tomó una dimensión mucho más profunda. Somos hijos de una manera más entrañable, más real, puesto que el verdadero Hijo de Dios, Jesús, se hizo nuestro hermano. Junto con él pasamos a ser hijos de Dios con todos sus derechos, sus riquezas y su herencia. Así lo quiso el Padre desde siempre.

Él determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús.

"eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad". (Ef 1,5)

Esto es la filiación divina.



Esta no es una metáfora, ni es un modo piadoso de hablar. ¡Realmente somos hijos de Dios! Esta realidad incomparable tiene lugar en el Bautismo (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium), donde, gracias a la Pasión y Resurrección de Cristo, tiene lugar el nacimiento a una vida nueva, que antes no existía.

Ha surgido una nueva criatura (2 Corintios 5, 17), por lo cual el recién bautizado se llama y es realmente hijo de Dios. “El cristiano nace de Dios, es hijo suyo en el sentido real, por lo cual debe parecerse a su Padre del Cielo; su condición de hijo consistirá precisamente en participar de la misma naturaleza que Él”. (Teología Moral del Nuevo Testamento).

Cada día de nuestra vida constituye una gran ocasión para agradecer a Jesucristo, Nuestro Señor, el que nos haya traído el inmenso don de l a filiación divina y que nos haya enseñado a llamar Padre al Dios de los Cielos: “Ustedes, pues, recen así: Padre …” (Mateo 6, 9).

El sentido de nuestra filiación divina define y encauza nuestra actitud y, por tanto, nuestra oración y nuestra manera de comportarnos en todas las circunstancias. Es un modo de ser y un modo de vivir.

Dios ama a todas sus criaturas, y aquellos no bautizados son hermanos nuestros en cuanto al origen humano, y como Dios nos ama a todos, quiere que todos nos salvemos y que lleguemos al conocimiendo de la verdad. Es por ello que debemos de evangelizar a todos..



Fuente bibliográfica: mercaba.org

 

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