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Madre Esperanza Zorroza Landía
Una monja del Monasterio Cisterciense de Liérganes (Cantabria) celebra 75 años profesión monástica


Por: . | Fuente: http://www.revistaecclesia.com



El pasado día 10 de octubre la monja cisterciense del Monasterio de Liérganes (Cantabria) Madre Esperanza Zorroza Landía celebrada con agradecimiento al Señor los 75 años –Bodas de Diamante- de su Profesión monástica. Es la segunda vez, en la historia de este monasterio de Cantabria, que se produce esta efeméride.

La Madre Esperanza nació en la localidad de Morga, provincia de Vizcaya el 28 de julio de 1911 en el seno de una familia muy cristiana compuesta por siete hijos. Dos de sus hermanas son monjas cistercienses en este Monasterio, -una ya falleció y otros dos varones, sacerdotes. En total cinco vocaciones. A los 17 años ingresó en este monasterio el 5 de abril de 1929. Emitió su Profesión Temporal el 15 de octubre de 1930. Tres años más tarde, el 15 de octubre se consagraba definitivamente al Señor por medio de la Profesión Solemne.

En fecha tan memorable la acompañaron sus familiares y numerosos fieles de la comarca, que quisieron estar presentes en la celebración de este aniversario. A la celebración, también acudieron monjes y monjas de otros monasterios cistercienses, por lo que el templo permaneció abarrotado de fieles que, con su presencia, quisieron transmitir su agradecimiento y admiración por una vida de fidelidad al Señor. Esto contribuyó al esplendor de tan emotiva ceremonia.

La Eucaristía de acción de Gracias fue presidida por el obispo de Santander, Mons. José Vilaplana y concelebrada por monjes cistercienses del Monasterio de Cóbreces y sacerdotes de la zona entre los que se encontraba un hermano suyo.

En la homilía el Sr. Obispo resaltó los 75 años de profesión monástica de la Madre Esperanza, mostró su gratitud por la respuesta y dijo que el secreto de la fidelidad es el amor.

Terminada la homilía, Madre Esperanza renovó su Profesión con el mismo fervor que hace 75 años, leyendo la cédula con una explosión y entonación de vitalidad, demostrando la clarividencia de que goza, causando un gran impacto en todos los asistentes.

A pesar de sus 94 años, la Madre Esperanza, se mantiene en absoluta lucidez y se caracteriza por su optimismo y actividad.

Terminada la renovación le fue colocada sobre la cabeza una corona de azucenas y guirnaldas blancas, signo de su fiel combate en el servicio divino.

Otro momento muy emotivo tuvo lugar en el silencio que sigue a la comunión: Madre Esperanza dio emocionada gracias al Señor por todo el bien que le ha hecho a lo largo de su vida, por haber pensado en ella desde toda la eternidad, dio gracias también por los padres tan cristianos que la dio, finalmente por la perseverancia en el ideal monástico.

Si todos los momentos en la vida religiosa son buenos para dar gracias al Señor por el don recibido de la vocación, lo es más, si cabe, en una celebración de Bodas de Diamante porque manifiesta –como dijo el Sr. Obispo en su homilía- no sólo la fidelidad del llamado, sino la fidelidad y la gracia del mismo Dios que sigue acompañando ese camino que se ha ido recorriendo paso a paso entre alegrías y tristezas, entre gozos y dudas, durante 75 años.

Acontecimientos de este tipo en la sociedad actual, constituyen actos de alabanza a Dios por la fe que ha depositado en el hombre, y nos ayudan a seguir esperando con confianza serena y firme en su promesa de salvación. Son momentos de alegría, que nos recuerdan que Dios puede seguir significando una plenitud total en la vida de las personas –como es el caso de la Madre Esperanza- que abandonando todo le han seguido para mostrar al mundo que estamos en camino hacia la patria definitiva construyendo el Reino de Dios.

Ha sido una ceremonia sencilla y emotiva, donde familiares y amigos hemos sido testigos de esta sincera confirmación de una entrega generosa y sincera al Señor durante estos 75 años, en castidad, pobreza y obediencia.

 







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