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Hna. Glenda
Entrevista sobre su relación con los jóvenes y con Dios.


Por: Samuel Gutierrez | Fuente: Fundació Catalunya Cristiana



La hermana Glenda acaba de editar un nuevo disco en tres volúmenes: Consolad a mi Pueblo

«Dios se vale de mi voz para consolar a su pueblo»

Por el título, Consolad a mi Pueblo, se intuye un disco muy personal, enraizado de lleno en el carisma religioso de la consolación...

Es verdad, el nuevo trabajo está lleno del carisma de una mujer catalana, hija de Reus, la madre Molas. Carisma que me cautivó en tierras chilenas, de donde soy. De todas las pobrezas que conocí, la pobreza de estar solo, triste, desconsolado, con ese frío en el corazón, ese sentirse abandonado de Dios y de los demás fue la que habló a mi corazón y me hizo escuchar el grito de Dios: «Glenda, ¡Consuela! ¡Consuela a mi pueblo!» Entonces me puse a escuchar a la gente, a consolarles, a tratar de entenderles y hablarles a su corazón. Y mira, Dios me llamó a hacer de esto mi ser y a hacerlo como hermana de Nuestra Señora de la Consolación.

¿Qué tiene la hermana Glenda para atraer tanto a los jóvenes?

Yo creo que es Dios el que atrae y se vale de mi voz, de mi pobre persona, para atraer, para consolar a su pueblo. Así es su estilo, le encanta servirse de lo humano para manifestarse. Su lógica siempre es encarnación. Sinceramente, percibo una y otra vez, por miles de señales, que es Él el protagonista. Es Él quien mueve los corazones, yo simplemente hago todo en su nombre, pero es su poder y su fuerza, no la mía, la que provoca el efecto. Esto siempre es así y si no lo fuera, ya no tiene sentido que yo cante. No he venido a la vida religiosa a ser artista que se exhibe, sino un instrumento en las manos de Dios para que Él hable al corazón de su pueblo y éste reciba el consuelo divino.

¿Es consciente de que son muchos los que rezan, o al menos los que se disponen a la oración, con sus canciones?

Las canciones me nacen en el ámbito de mi relación con Dios, y sólo en un ambiente de oración han visto siempre la luz... Un poco como el pintor de iconos, que no pinta si no está en oración. Quizá por eso la gente se siente llevada a la oración. No obstante, yo no compongo con una finalidad específica: para la oración, para la catequesis o para la evangelización. Simplemente, cada canción es expresión del consuelo que recibo de Dios y que quiero poner a disposición de la Iglesia y de todos mis hermanos. Dios utiliza mis canciones como quiere. Yo solo sé que siempre producen el mismo efecto: la persona experimenta en su corazón la acción del Espíritu Consolador y el consuelo que dan las escrituras.

Para acabar, una curiosidad, ¿cómo es que actúa con hábito?

Antes de nada, he de decir que yo no actúo. Yo sólo soy una religiosa que utiliza el canto para ofrecer algo que antes yo también he recibido, la consolación de Dios. Y para ello, ¿por qué tendría que quitarme el hábito? Yo lo llevo como lo lleva mi congregación y con él andamos por ahí diciendo quiénes somos y por quién hemos optado. El Concilio habló de simplificar los hábitos, nunca habló de desecharlos completamente. En todas las grandes religiones y en los distintos continentes, aquel que se entrega con una consagración especial a Dios, rompe con la moda, con la apariencia, se «tapa» con un sayal... ¿Por qué tendría yo que quitármelo en una cultura que busca de nuevo «signos» de trascendencia? ¡Pero es importante no hacer del hábito un ídolo! Nada hay absoluto, sino sólo Dios.









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