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Aline Stevenson
A veces en el ajetreo diario me detengo a reflexionar. ¿Entonces me pregunto qué hago aquí, en Quebec, con un frío de - 35°, recorriendo 75000 Kms en 6 meses? ¿Estoy loca?


Por: Aline Stevenson | Fuente: regnumchristifrance.org




Aline Stevenson es francesa. Tiene 23 años y es consagrada en el movimiento Regnum Christi desde hace 4 años. Después de su bachillerato, hizo dos años de estudios en Madrid en Ciencias Religiosas y Educación. Entonces fue enviada como misionera a Canadá.

A veces en el ajetreo diario me detengo a reflexionar. ¿Entonces me pregunto qué hago aquí, en Quebec, con un frío de - 35°, recorriendo 75000 Kms en 6 meses? ¿Estoy loca? A los que me hagan la pregunta yo les contestaría que sí; loca de amor por Dios ... Seguir a Cristo que es una aventura verdadera, ningún día se asemeja a otro.

Cuando me consagré a Dios, en Roma, hace cuatro años hice promesa de pobreza, castidad y obediencia dentro de Regnum Christi. Lo hice con la esperanza de poder ser útil para extender el Reino de Cristo en la sociedad. Pero gradualmente, día a día, el Señor me hace entender que es Él quien actúa a través de mí, es Jesucristo quien recorre los caminos de Quebec donde estoy desde hace dos años, organizando a grupos de gente joven, tratando de reavivar la flama de la fe en los corazones de los jóvenes, y ofreciéndoles a Cristo: el único ideal que puede realmente satisfacerlos.

Es siguiendo los mismos caminos que Jean de Brebeuf, Isaac Jogues, y otros santos que murieron a mártires por la Fe en esta "nueva Francia" que yo descubrí, que debemos estar listos para morir por Cristo en nuestra vida de cristianos. Pienso en esas chicas de 10-12 años que pierden a todos sus amigos sólo porque van a misa el domingo o porque rezan en la escuela. También pienso en mí que trato de vivir la pobreza en un mundo donde la gente vale por lo que tiene y no por lo que es; que trata de vivir la castidad, en un mundo donde mentalidad, es la búsqueda del placer y la comodidad es la gran prioridad de la realización personal; que trata de vivir la obediencia cuando la independencia de todo parece ser uno de los valores más grandes de la sociedad de hoy.

Y esta lucha, tanto para mí como para todos los jóvenes, padres de familia, sacerdotes y religiosos que encuentro en mi camino, es siempre una nueva aventura, atractiva siempre, porque es el amor del Cristo el motor. Se trata un Cristo crucificado que dice a mí "si me persiguieron, a ustedes también que les perseguirán" (Jn 15:20), pero es también un Cristo que está lleno de amor, que en los momentos más inesperados, está presente a mi lado y me anima, al contemplar una puesta de sol o al ver los campos cubiertos de nieve o a un joven que hace una decisión radical en su vida de cristiano o al contemplar a un sacerdote celebrar su misa como si fuera la primera vez...

Es siempre renovador llevar la gracia, ser un instrumento del Señor para acercarlos a Su corazón. Es siempre renovador hablar de Él cuando conoces un poco más de Él cada día al rezar; mi vida habría valido la pena por una sola persona que vuelva a los sacramentos, que reconsidere realidades transcendentes, que persevere en su vida gracia... Cuanto más grande es la misión, más pequeña me siento, pero con la certeza de que Cristo está allí y me acompaña. Gracias a la ayuda de mi familia, de mis amigos y de mis amigos de Francia, los E.E.U.U. y de Canadá, y especialmente a sus oraciones, que me levanto cada mañana con el mismo entusiasmo que el primer día.








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