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Una sociedad cristiana



Por: Josep Miró i Ardèvol | Fuente: Foru




10 mayo, 2016
De Josep Miró i Ardèvol publicado en La Vanguardia el 9 de Mayo de 2016

 

¿Una sociedad cristiana? ¡Esto es teocracia, fundamentalismo!

Nada más lejos de mi intención, y menos de 400 palabras bastarán para explicarlo. Lo que pretendo es invitarle a practicar un juego mental: construyamos un escenario laico para nuestra sociedad, sin apelar a la religión, a partir de la concepción cultural cristiana. ¿Qué tendremos?:

La sociedad del amor en la que cada persona es educada de inicio, y se esfuerza en adquirir a lo largo de su vida  las capacidades prácticas para favorecer el bien del otro, de todos; el bien común, comenzando por nuestra conducta personal, y desplegándose por todas las instituciones.  Acción individual, social, y pública. Construiríamos así la sociedad del bien común que nace de la dignidad, y fraternidad humana: el conjunto de condiciones sociales que permiten a cada persona desarrollar su propio bien, y al mismo tiempo genera bienes para la comunidad. Ese sería el reto de la Nueva Política. ¿Cuáles son estos bienes? Este sería el debate.



La sociedad del amor entendido como bien común se basa en la donación y la consecuente reciprocidad en todos los ámbitos, incluido el económico. Aportar de acuerdo con las propias capacidades, recibir de acuerdo con la aportación, excepto las personas dependientes que perciben en función de sus necesidades. El filósofo MacIntyre ha expuesto una imprescindible teoría en Animales racionales y dependientes: por qué los seres humanos necesitamos las virtudes     (http://bit.ly/1rqVDjw).

Una sociedad culturalmente cristiana tiene más exigencias, como la del destino universal de los bienes, de manera  que cada persona  disponga de lo necesario para su desarrollo humano. El trabajo digno, la función social y límites de la propiedad, forman parte de este fin, así como la preferencia por los pobres. La aplicación completa del principio de subsidiariedad es otro requerimiento, como lo es su consecuencia; la participación, de manera que cada ciudadano, individualmente y asociado, contribuya a la vida integral de la comunidad.

Todo el conjunto está enmarcado por el principio de la solidaridad, y por tres valores necesarios: la verdad, sin la que nada es posible, la libertad condición necesaria para buscar la verdad, y la justicia en todas sus dimensiones, conmutativa, distributiva, y legal.

¿Existe un escenario mejor para una sociedad más humana? Sostengo que no, y en todo caso debatirlo ya sería un gran bien.









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