Menu


Humanidades y medios de comunicación la técnica y el sentido
Sucedió en 2011 en uno de los programas de televisión más vistos en la Unión Americana: el show de David Letterman, en la CBS. El conductor tiene como in- vitado a una estrella de la música, Justin Bieber, a quien pone en aprietos cuando en un momen-to de la entrevista pregunta el número y nombre de los continentes. Basta decir que el joven can-tante canadiense no sabe, entre otras cosas, que Europa es una de esas respuestas que debe dar.


Por: Jorge Enrique Mújica, L. C. | Fuente: https://es.scribd.com/document/256635288/In-formarse-Febrero-2015-n50



Sucedió en 2011 en uno de los programas de televisión más vistos en la Unión  Americana: el show de David Letterman, en la CBS. El conductor tiene como in- vitado a una estrella de la música, Justin Bieber, a quien pone en aprietos cuando en un momen-to de la entrevista pregunta el número y nombre de los continentes. Basta decir que el joven can-tante canadiense no sabe, entre otras cosas, que Europa es una de esas respuestas que debe dar.

 

Casos análogos se repiten en concursos de belleza, artículos de prensa, post en redes sociales, programas de televisión y radio, en los que no sólo se advierte una crisis del saber más elemental sino también un con-traste entre montaje técnico y vacío de contenidos.

 

Pensemos por un momento en los reality show, los platós, los talk show  o los programas de concursos basados en la participación del auditorio en torno a temas como la música o el baile, por no hablar de  verdaderas banalidades. No se puede negar que en muchos de ellos –al menos los de mayor audiencia nacional e incluso mundial– hay una fuerte inversión económica reflejada en la calidad técnica de los montajes. Sin embargo, esa calidad no se corresponde con ese vacío de contenido al que en un tuit aludía el primer ministro italiano, Matteo Renzi, después de echar una mirada a la televisión de su país: «Tramas, secretos, falsos scopp, fardos espaciales y retropensamiento: basta una tarde de televisión y ?nalmente se entiende la crisis del talk show en Italia» (26.01.2015).



 

Que ese tipo de programas logren audiencias tan elevadas vienen a decirnos que, de una u otra forma, gozan del favor del público que les ve u oye. Y esto supone reflexionar precisamente en que en realidad están reflejando un vacío de conocimiento y reflexión más bien generalizado.

 

No podemos negar que los medios de comunicación tienen también una unalidad de ocio y descanso. Pero uno y otro parecen estar cada vez más asociados con esa «puesta en off» de la cabeza que a la larga se extiende a todos los niveles y momen-tos de la vida. Una constatación de este tipo se debe en buena parte a esa opción de las sociedades de apostar más por la técnica que por el sentido.

 



Es sabido que al día de hoy son más bien escasos los es-tudiantes que se enrolan en carreras que dicen relación con los estudios de humanidades y multitud los que se inscriben en áreas de lo práctico. Las previsiones a futuro indican que esta tendencia no se va a revertir.  

 

Al presente son muchos los que saben hacer mu-chas cosas ciertamente útiles e incluso necesarias. La duda es si ese saber práctico dice relación con el sentido (el porqué y el para qué) de aquello que se hace y que, a la larga, posibilita la satisfacción más profunda en el ser humano porque le hacen ver no sólo la utilidad de su trabajo sino también su propia realización personal en él.

 

En el pasado a esto respondían las humanidades y en buena medida eso quedaba también de mani?esto en el tipo de comunicación que se ofrecía, lo que quedaba «materializado» en el contenido. No es que antes no existieran divergencias u opiniones con-trastantes sino que al menos ofrecían argumenta-ciones de fondo, con un cierto espesor que al menos inducía al respeto, y no un simple «me gusta» o «no me gusta» a modo de opinión. En todo este contex-to se puede decir que la crisis de la comunicación hodierna es la crisis del contenido. Por contenido no ha de entender el producto reflejado en las pantallas o en las bocinas sino el porqué de ese contenido.

 

Los romanos tenían una máxima famosa que ha llegado a nuestros días: «pan y circo». Pan y circo parecen ser también las maneras como el ser humano hoy en día es mayoritariamente tranquilizado. Que el entretenimiento se haya convertido en una industria dentro de los mas media  es ya un indicador de esta deriva.

 

Las humanidades (arte, historia, retórica, estilo, lenguas, etc.) apuestan por el hombre en su in-tegridad y no sólo por un aspecto de lo humano. Naturalmente las humanidades no son «la solu-ción» a la crisis del contenido en contexto mediáti-co pero sí una parte de ella en cuanto que pueden integrarse tanto remota como próximamente.

 

Remota facilitando su contacto con el saber técni-co y próxima en cuanto que se convierten en oportunidad de reflexión acerca del sentido de lo que se proyecta o piensa proyectar. Después de todo, el entretenimiento, el ocio y del descanso también pueden ser oportunidades pedagógicas de formación en la medida en que el hombre es elevado y no reducido a priori a ser incapaz de consumir otro tipo de pro-ductos, de no menor valor técnico, que le lleven a ser quien debe ser indicándole cuál es la meta. Y en esta dirección es donde las humanidades siguen siendo un apoyo: porque lo que ha sido bello en el pasado lo sigue siendo en el presente y lo será en el futuro pues la belleza no tiene fecha de caducidad. Y así, además, se convierte en contenido que da sentido a lo comunicado. Algo útil también para Justin Bieber.

 

 

 

Síguenos en nuestras redes sociales y comparte con nosotros tu opinión:

Facebook

Twitter


* Para mayor información, visita nuestra Comunidad de Catequistas y Evangelizadores.

* ¿Dudas, inquietudes? Pregúntale a un experto

* ¿Te gustó nuestro servicio?   Suscríbete a nuestro boletín mensual

* Comparte con nosotros tu opinión y participa en nuestros foros de discusión":Foros de discusión de Catholic.net







Compartir en Google+




Consultorios
Reportar anuncio inapropiado |