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Mensaje del Papa Francisco ante una comunidad de presos

El lavatorio de los pies no es folclore, es un símbolo
En la misa del Jueves Santo explica que lavarse los pies significa ayudar a un compañero, hacerse siervo de los otros


Por: SERGIO MORA / Papa Francisco | Fuente: ZENIT – Roma / 14 de abril de 2017



(ZENIT – Roma, 13 Abr. 2017).- El papa Francisco ha celebrado este Jueves Santo por la tarde la misa ‘in Coena Domine‘ en una cárcel en la que se encuentran recluidos 58 colaboradores de justicia.

 

 

Los cantos con guitarra acompañaron la eucaristía que inició hacia las 16,30, durante la cual el Pontífice realizó la liturgia del lavado de los pies a 12 detenidos (10 italianos, 1 argentino y 1 albanés). Entre ellos 3 son mujeres y 1 que era musulmán recibió el bautismo el mes de julio pasado.

En la misa, después de la lectura del Evangelio, que narra cuando Jesús lava los píes a sus apóstoles y la traición de Judas, el Papa ha señalado: Jesús estaba en la última cena, sabñia que había llegado su hora, que había sido traicionado y que Judas lo iba a entregar esa noche.



En la homilía transmitida en diferida por Radio Vaticano, el Pontífice añadió que Jesús “habiendo amado a los suyos los amó hasta el final”, porque “Dios ama así, da la vida por cada uno de nosotros, y quiere esto”. Y no es fácil, reconoció, porque somos todos pecadores, tenemos límites defectos, no sabemos amar, “no somos como Dios que ama sin mirar las consecuencias y hasta el final” dijo.

Y para hacer ver esto, “él que era el jefe, que era Dios, le lava los pies a los discípulos”. Era una costumbre de la época antes de las comidas explicó el Pontífice; porque no había asfalto y la gente llegaba con los pies empolvados. Era uno de los gestos, “pero esto lo hacían los esclavos. Jesús invierte y lo hace él, él”.

“Simón no quería hacerlo, pero Jesús le explicó que era así. Que que vino al mundo para servir, para hacerse esclavo por nosotros, para amar hasta el final”.

El Santo Padre comentó así, que llegando a la cárcel vio en el camino a gente que saludaba y decía: ‘Es el jefe de la Iglesia’. “No bromeemos, el jefe de la Iglesia es Jesús”. Y añadió: “Yo quiero hacer lo mismo que él hace”. Como el párroco que lava los pies a los fieles, para sembrar amor entre nosotros.

No les digo que hoy se laven los pies ente ustedes, sería una broma, dijo. Sino que el lavatorio “es el símbolo, una figura. Si pueden dar una ayuda, un servicio a un compañero, es como lavar los pies. Es hacerse siervo de los otros”.



Francisco recordó que “una vez los discípulos discutían sobre quien era el más importante. Y Jesús les dijo: el que quiera ser el más importante tiene que volverse el servidor de todos”. “Es lo que hace Dios con nosotros” reiteró, porque “él nos ama”.

Concluyó señalando que “no es una ceremonia folclórica, es un gesto para recordar lo que nos ha dado Jesús”. Y que “después tomó el pan y nos dio su cuerpo, tomó el vino y nos dio su sangre”, porque “así es el amor de Dios”, dijo. “Pensemos solamente al amor de Dios”.

En la visita que realizó en la cárcel, el clima era muy familiar. Los presos prepararon algunos platos típicos e incluso pintaron la fuente central del patio de la cárcel con los colores amarillo y blanco del Vaticano.

El Sucesor de Pedro visitó también a algunos enfermos de tuberculosis en un reparto especial y a dos personas recluidas en régimen de aislamiento. “Entrando en la cárcel de Paliano el Papa ha entrado en todas las cárceles del mundo”, señaló Don Marcos, el párroco de otra prisión, al comentar la visita.

 







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