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Reflexión del evangelio de la misa del Martes 22 de Agosto de 2017

Escucharé las palabras del Señor
El evangelio nos insiste en confiar en Dios y no en las riquezas. ¿Nosotros dónde ponemos nuestra confianza?


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Nuestra Señora María Reina
Jueces 6, 11-24: “Gedeón, tú librarás a Israel: Yo soy el que te envía”
Salmo 84: “Escucharé las palabras del Señor”
San Mateo 19,23-30: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los cielos”


Recuerdo que en una ocasión visitando un monasterio de los cistercienses,  alguno de los turistas, no sé si por devoción o por poner a prueba, preguntó al anciano religioso que nos guiaba,  cuáles serían las lecturas bíblicas apropiadas para cada ocasión… El anciano religioso, miró con ironía y con bondad al interlocutor, pero lejos de responder detalladamente y proponer una lectura para cada necesidad, solamente se limitó a decir: “le recomiendo que lea todas las noches una parte de la biblia pero no de los libros de Jueces y Reyes porque a lo mejor tiene malos sueños”. Todos rieron ante la salida que el religioso había dado, pero después alguien preguntaba si era malo leer estos libros… ¡Claro que no!

Sin ser rigurosamente históricos presentan la vida con todas sus facetas: luchas, ambiciones, traiciones, pasiones, infidelidades e idolatrías. Pero también resaltan de una manera muy importante la presencia de Dios en medio del pueblo. Podrá el pueblo ser idólatra e infiel, pero Dios se mantiene siempre fiel. La lectura que hoy nos ofrece el libro de Jueces es una preciosa página que nos hace reflexionar y hasta cuestionarnos sobre esta presencia de Dios en nuestra vida. Con visiones y apariciones, Dios hace comprender a Gedeón su comprometida actuación a favor del pueblo. Al saludo del ángel, “El Señor está contigo”, Gedeón responderá como lo haríamos nosotros: “Si el Señor está con nosotros ¿por qué han caído sobre nosotros tantas desgracias?” Y acusa a Dios de que los ha abandonado en manos de sus enemigos. Sin embargo el ángel accede al diálogo y lanza a Gedeón a salvar a su pueblo, pero no confiando en sus fuerzas, sino en la intervención de Dios. No es la actitud milagrera del que se cruza de brazos esperando todo de la providencia, sino el actuar comprometido reconociendo la propia pequeñez e inutilidad, pero que en manos de Dios todo se transforma.

El evangelio nos insiste en esta confianza en Dios y no en las riquezas. ¿Nosotros dónde ponemos nuestra confianza?







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