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¡Óyeme, niña, levántate!
Cristo ama al joven y puede devolverle vida y anhelo.


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



II Samuel 18, 9-10. 14. 24-25. 30-19,3: “Hijo mío, Absalón, ojalá hubiera muerto yo en tu lugar”
Salmo 85: “Protégeme, Señor, porque te amo”
San Marcos 5, 21-43: “¡Óyeme, niña, levántate!”


Hay situaciones entre los adolescentes y jóvenes que pueden llegar a escandalizarnos. En días pasados un grupo de padres de familia se reunían en una población para buscar una solución a un grave problema: los y las adolescentes estaban tomando mucho alcohol y a veces terminaban en orgías. No era raro ver por las calles a una o varias niñas de secundaria completamente borrachas. Tomaron el acuerdo y decidieron cerrar las cantinas y prohibir la venta del alcohol, e imponer sanciones fuertes tanto a los cantineros como a los que consumieran trago. No sé si será la solución, pero algo grave está pasando entre la juventud y a semejanza de Jairo tendremos que acudir hasta Jesús para manifestar nuestra preocupación y que también a nuestros adolescentes les diga el Señor: “¡Óyeme, niña, levántate!”

Pero junto con nuestra petición tendrá que haber un acompañamiento muy cercano para cada uno de ellos, buscar el diálogo y dejar en su corazón valores fuertes que les permitan mantenerse firmes en sus búsquedas y en sus ideales. Hay quienes se asustan de que la Iglesia busque una recta formación sexual, de que se aprecie el respeto al cuerpo, de que se pongan los valores de la templanza y la continencia. Y no se asustan de los programas pornográficos e irreverentes que tanto en radio como en televisión pueden escuchar los niños, de las escenas de las novelas, de la descarada promoción de la infidelidad, del alcohol y de las drogas. Necesitamos ayudar a los jóvenes a que descubran que hay otros valores más allá del placer, de la diversión y del dinero. Jesús nos enseña este día cómo no debemos dar por muerto y perdido a ninguno de los jóvenes sino que debemos tender la mano y ayudar a que se levanten.

Con Jesús hoy examinemos la situación real de los hijos, no escondamos la cabeza ni nos hagamos los desentendidos. Hay que dar vida e ilusión a todos los jóvenes. Cristo ama al joven y puede devolverle vida y anhelo.







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