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Mis amigos los enemigos
Quiero decirte algo por tu propio bien


Por: Sebastian Campos | Fuente: Catholic.net



 

“No consideres como amigo al que siempre te alaba y no tiene valor para decirte tus defectos.”
Don Bosco

 

Todos tenemos amigos, o al menos personas cercanas a las cuales les confiamos y compartimos algunos aspectos de nuestras vidas; como nuestros sentimientos, nuestras responsabilidades académicas o laborales, nuestros problemas, nuestro tiempo libre y de recreación y así la lista es larga.

Es fácil evaluar el desempeño de ellos respecto a nosotros y decir “que tan buenos o malos amigos son”; pero se nos hace difícil autoevaluarnos y ver si somos realmente amigos a la altura de sus expectativas y de lo que nosotros mismos exigimos de ellos.



Al compartir con otros es inevitable el querer ayudarlos a encontrar su camino, haciéndolas de “mentor”, guía, consejero, pastor, o simplemente ofreciendo orientación frente a algunas situaciones confusas en la vida de nuestros seres más cercanos y queridos; nuestros amigos. (cf. Evangelii Gaudium 87)

Ahora que está el tema sobre la mesa, miremos nuestra historia y pensemos, ¿cuántas veces habremos causado dolor a gente que amamos? Con nuestras duras palabras, gestos fríos, correcciones egoístas y limitadas. Esa corrección dura y severa que hacemos como amigos, y que nos hace parecer enemigo de nuestros amigos. (cf. Evangelii Gaudium 98)

Está claro que siempre pretendemos lo mejor para el otro, para lo que hacen, para el momento que viven, pero probablemente más de una vez hemos sido muy poco delicados; ciertamente debiéramos serlo (cf. Documento de Aparecida 446) Esto es porque estamos aprendiendo a ser corregidos y a corregir junto a los demás. Ellos y nosotros pagamos el precio de este aprendizaje.

 

“El que sirve al Señor no debe tomar parte en querellas. Por el contrario, tiene que ser amable con todos, apto para enseñar y paciente en las pruebas. Debe reprender con dulzura a los adversarios, teniendo en cuenta que Dios puede concederlas la conversión y llevarlos al conocimiento de la verdad, haciéndolos reaccionar y liberándolos de la trampa del demonio que los tiene cautivos al servicio de su voluntad”



2Timoteo 2, 24-26

 

Si te sirve de consuelo, algunos dicen que la crítica constructiva es cuando yo te critico a ti, y la destructiva es cuando tú me criticas a mi. Por lo tanto siempre se va a sentir mas incómodo cuando recibes la crítica que cuando la das.

John Maxwell, un gran líder empresarial cristiano a nivel mundial, cuenta que la gran mayoría de las veces, las personas han tratado de ayudarle a que se conozca a sí mismo, empezaban conversación generalmente con la frase: «Quiero decirte algo por tu propio bien».

Descubrir que cuando te dicen algo por tu propio bien, ¡pareciera que nunca tienen nada bueno que decirme! Sin embargo, también es necesario darse cuenta de que lo que más necesitamos escuchar es lo último que deseo oír.

Cuando tratemos con nuestros amigos y compañeros de vida; ya sean tus hermanos, tu polola(o), tus padres e incluso tus hermanos de comunidad, sería una buena idea revisar estas ideas, para no convertirte en enemigo de tus amigos.

 

“Si alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque Él da a todos generosamente y sin exigir nada a cambio.”
Santiago 1, 5

 

 
Para compartir con el grupo

    ¿Cómo enfrento la corrección o el consejo, cuando tengo que acercarme a alguno de mis amigos a encararle que no está haciendo las cosas bien? ¿Sentirá la compañía y el afecto de un amigo o el juicio de un enemigo?
    ¿Después de corregir, acompañar, aconsejar o simplemente pastorear, como queda el otro? ¿Crees que se siente acompañado y comprendido, apoyado y respaldado por tu amistad?

Oración

Señor, te damos gracias por tener gente a nuestro lado que nos quiere tanto, que es capaz de soportar todas las pesadeces que salen de nuestra boca y nuestra hostilidad al corregir. Mantén siempre una recta intención en el corazón para ayudar a los demás, pero danos la gracia de cambiar la forma de hacerlo; que de nuestros labios siempre salga ternura, amor y comprensión, buscando lo mejor para el otro. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, con la intercesión de María,

Amén.

 

 







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