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II. 7 La misión del padre en la educación de los hijos.
La labor del padre siempre ha sido vital para el equilibrio de una familia.


Por: Pia Hirmas | Fuente: Catholic.net



La misión del padre en la educación de los hijos.

La labor del padre siempre ha sido vital para el equilibrio de una familia. A veces decimos a la ligera que es mejor que falte el padre que la madre, como si la función del padre fuera sólo la de proveer, pero es totalmente erróneo ya que las dos son fundamentales para la consolidación de una madurez humana sana y armoniosa. La herida de la falta de la figura paterna es de consecuencias gravísimas, sobre todo si su ausencia no es por causas de fuerza mayor como la muerte prematura.

Los hijos saben perfectamente la diferencia de cuando sus padres no pueden estar aunque hubieran querido y cuando no están porque sus propios proyectos o necesidades son a costa de la familia.

Ahora bien, en casos de extrema necesidad es de vital importancia que algún hombre confiable asuma el papel de figura masculina significativa desde su don natural masculino y  paternal. Sin embargo, hay que advertir que hay que ser muy cuidadosos en este sentido porque un niño huérfano, abandonado o carente de vinculación sólida afectiva con su propio padre está muy expuesto a sufrir abuso sexual o relaciones de abuso emocional ya que está muy necesitado de cariño y una figura protectora. Son muy fácilmente seducibles por depredadores expertos en detectar niños vulnerables. La mayoría de las veces se trata de alguien a quien el niño conoce y confía. No podemos como sociedad desestimar este problema cuando tenemos estadísticas uno de cada seis niños y una de cada tres niñas son abusados en su niñez y adolescencia. El mejor blindaje contra estos abusos y contra vida sexual precoz con todos sus consecuencias, es un padre presente, afectuoso, responsable y que forme la conciencia. T

odos los cursos que ofrece la sociedad para amortiguar esos problemas sociales, serían innecesarios o incluso más eficaces si los padres hicieran su labor en estos cuatro puntos.



El divorcio, la migración, las segundas uniones, la desintegración moral de la sociedad con una deformación sobre el amor y la lujuria, la erotización de los medios de comunicación y entretenimiento, las nuevas reformas educativas que buscan introducir la “ideología de género”, que no es otra cosa que abusar de las mentes inocentes de niños a los que se les va a producir una terrible ansiedad y angustia, la supuesta educación sexual en colegios que despierta e incentiva comportamientos sexuales promiscuos al margen de su madurez y guía paterna y el supuesto derecho al aborto, que en muchos casos el que más gana es el depredador borrando las huellas del crimen, todo esto produce una escalada de niños vulnerables.

La misión del padre es proteger a sus hijos directamente con su cariño y diálogo, con autoridad y ejemplo. Indirectamente los protege, protegiendo también a su esposa. Una esposa querida y sostenida económicamente es una madre capaz de realizar la multiplicidad de tareas que implica estar a cargo de sus hijos. Esa mujer podrá trabajar como un complemento y desarrollar todos sus talentos poniéndolos al servicio de otros sin descuidar física o emocionalmente a sus hijos.

Muchas veces se dice que San Pablo era machista por decir en Efesios 5 a las mujeres que respetaran, algunas traducciones obedecieran, a sus maridos, pero es una frase sacada de contexto y leída de forma ideologizada. San Pablo primero ha pedido a los esposos que amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella. Así pues una mujer que se sabe profundamente amada hasta el martirio, de forma heróica, cuidada como una ofrenda pura que él se procura a sí mismo y la cuida como a su propio cuerpo, naturalmente querrá ser custodiada por semejante esposo y la obediencia y respeto será la respuesta lógica en quien entiende este orden puesto por el creador. El respeto y la obediencia no son las de un niño o de un hijo, sino la del orden de un “equipo” que reconoce que hay un “líder de proyecto” y él es un colaborador indispensable y este orden debe ser respetado para lograr la meta con el mayor éxito y menor desgaste. Y aclara el Apóstol, que no es una autoridad absoluta, sino que los dos sujetos a Cristo.

En terapia y consultoría familiar constantemente se atiende mujeres devastadas porque el marido no asume su responsabilidad en el mantenimiento del hogar, en el cuidado y formación de los hijos, y son mujeres que no se sienten respetadas y valoradas porque han sido abandonadas a hacer una tarea que les impide realizar en plenitud la propia tarea.









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