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Dignidad, ¿de la mujer o de la persona?
El Feminismo tiene una finalidad distinta a lo que aparentar buscar.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net



El feminismo no desea que las mujeres sean libres de decidir que hacer de sus vidas sin discriminación, todo lo contrario! quieren que estén obligadas a actuar como hombres.

Lo importante no es compararse o volverse igual o peor que otras mujeres u otros hombres, si no en ser una mejor persona y un mejor ser humano, con los más nobles sentimientos. La mujer está siendo humillada y manipulada por la misma mujer. La mujer tiene ahora un gran reto que superar positivamente, debe aspirar y esforzarse por ser algo muy valioso, en ser respetada en su forma de ser y de pensar como ser humano único e irrepetible. Y de concientizarse que: toda mujer es creada para realizarse como persona, ser humano, mujer, esposa y madre

 “Se ha discutido mucho acerca de si las mujeres son diferentes a los hombres y en qué lo son. Primero, hay que considerar que cada ser humano es distinto de los otros. Cada uno debe tener la oportunidad de desarrollarse libremente, de ser feliz y de hacer felices a los demás por diferentes caminos, da lo mismo en qué estado o profesión-. Desde una perspectiva histórica y social, algunas veces, a las mujeres esto les ha sido más difícil que a los hombres. Es por ello, que se les debe ayudar más a vivir de acuerdo con su convicción personal. Esta es la finalidad de un feminismo que podemos denominar “auténtico”, “razonable” o “libertario”. Puesto que pretendo unir la verdadera promoción de la mujer con mi fe cristiana, me gustaría hablar de “feminismo cristiano”. (El feminismo, ¿destruye la familia? Jutta Burggraf )

La propia liberación de la mujer no puede reducirse a una mera equiparación (comparación) con el hombre. Tenemos que aspirar a algo mucho más valioso y beneficioso; pero también más arduo: la aceptación de la mujer en su propia manera de ser, en su ser mujer, único e irrepetible. La finalidad de la emancipación es sustraerse a la manipulación, no convertirse en un producto, sino ser un original. Poco ayuda entender la emancipación siguiendo los modelos que nos presenta la literatura feminista; pero, sin la disposición a enfrentarse consigo misma; o interpretando las propias debilidades como represión.

Precisamente, la resistencia a tales tendencias garantiza la propia libertad. La verdadera promoción de la mujer no la libera de su propia identidad de su propio ser, sino que la conduce a él., ¿destruye la familia? (Jutta Burggraf )



Liberación es: librarse de las ataduras y cadenas que nos hacen cada vez menos seres humanos sometidos por egoísmo, soberbia y libertinaje, Evitemos actitudes exageradamente atrevidas en el trato con otras personas dejemos de obrar con desenfreno y sin el debido respeto a nosotros mismos y a los demás, evitemos degradar nuestra propia persona e incitar a actividades promiscuas, agresivas. Y de actuar solo por instinto y sin razón, y solo actuando por venganza, odio y rencor, ya que todo esto solo daña a la propia persona que vive en esos anti valores. ¡Liberémonos, sí, pero de nosotros mismos!

¿Feminismo vs Machismo?

Durante siglos, ha “dominado” en las diversas culturas el ambiente machista (prepotencia y abuso de los varones respecto de las mujeres), cosa que nadie puede negar, porque es la realidad.

El auténtico feminismo evitará el abuso del poder y de la fuerza en los varones, insistirá en el respeto a la dignidad humana, igualdad de derechos y responsabilidades y evitar compararse con el hombre, el verdadero feminismo no es poner a la mujer por encima del hombre, porque sería desigualdad en sentido inverso, ahora de la mujer contra  el hombre, no se trata de tener actitudes “ machista” o “feminista”  por lo que en realidad se debe insistir es en concientizar y trabajar es por una cultura humanista de respeto y responsabilidades en ambos sexos.

Igualarse en lo negativo es degradarse, las mujeres están haciendo lo mismo que los hombres hacen con ellas (ley del talión), y eso no es liberación ni superación. Feminismo y machismo se han ido a los extremos y a los excesos. y se han preocupado en hacer su “reino” individualmente, donde dan rienda suelta sus más bajos pensamientos e instintos y libertinaje, desde la ignorancia e indiferencia, además de minimizar y restar importancia a los valores humanos. Y argumentado el derecho a ser libres (libertad no es lo mismo que libertinaje ni infidelidad). Ahora se disfraza el libertinaje por emancipación, Entre hombre y mujer no debe existir revanchismo, rivalidad o enfrentamiento sino complementariedad, que ambos, unidos perfeccionarán y complementarán para la misión que ambos fueron creados en un total y permanente respeto mutuo, fidelidad, confianza y disposición a superar juntos cualquier obstáculo por difícil que este parezca.



El machismo, es la falsa idea de defender una supuesta dignidad superior del hombre y de despreciar la dignidad femenina. Lo realmente importante es defender la dignidad de ambos y de desterrar el concepto de superioridad mutua, de reconocer, respetar y valorar la capacidad y actitudes de la mujer como ser humano

¿Machismo, feminismo o...ser humano? ¿Cuál es el justo medio? Repetimos la película, no hemos aprendido de los errores y ahora las mujeres se ponen en pie de guerra convirtiéndose en las tiranas feministas sometedoras del hombre y de todo aquel que no piensa como ellas..

La historia se ha sucedido de cambios, de "desatinos" en la manera de considerar y en la asignación de papeles de la mujer y del hombre y ninguna ha dado resultados positivos, pues las dos (feminismo y machismo) se han ido a los extremos y se han ocupado en reinar individualmente, desde sus más bajos pensamientos, desde la ignorancia de los Principios Universales.

Deberíamos hacer borrón y cuenta nueva y admitir que tanto hombres y mujeres no hemos atinado en nuestra manera de relacionarnos con el mundo y en la manera de ser para con nosotros y para con el mundo. Que deberíamos recapitular, aprender de los errores para no volverlos a cometer y sacar las lecciones necesarias para elaborar una nueva sociedad con unos principios justos para todos adecuados a lo mejor y más positivo para el desarrollo de los seres y de unas sociedades en Paz y en Armonía. ¿Qué opinan? ¿Cual es el justo medio?
(Luz Wilson. nuevamujer)

 ¿El hombre y la mujer son en verdad diferentes, en qué consiste su distinción?

El hombre y la mujer son, no solo diferentes, sino también complementarios. Se necesitan el uno al otro para enriquecerse recíprocamente. Esto no quiere decir que hombre y mujer sean como las piezas de un puzzle. El hombre y la mujer no son una “media naranja” para el otro que, cuando se unen, quedan cerrados en sí, formando una burbuja. Su amor, por el contrario, se expande, da fruto más allá de ellos, construyen algo juntos y se abren a un misterio que siempre ofrece más. Y es que el amor entre hombre y mujer se basa sobre algo más grande que ellos dos. Ambos se unen en la dimensión de Dios, que les creó y escribió en sus cuerpos el lenguaje de la sexualidad; que les descubre el misterio de la persona amada y bendice su unión con el fruto de una nueva vida, de valor infinito. Sí, hombre y mujer, con la misma dignidad, son diferentes. La diferencia les obliga a salir de sí mismos, a aceptar al otro, a abrirse a un misterio más grande, el misterio mismo de Dios, hacia quien caminan juntos. (Autot:IJPII | Fuente: Humanitas)

 

 

Creando a la mujer como ayuda adecuada, Dios libra al hombre de la soledad.

La mujer y el hombre son la una para el otro una que tiene delante, que sostiene, comparte, comunica, excluyendo cualquier forma de inferioridad o de superioridad, La igual dignidad entre hombre y mujer no admite ninguna jerarquía y, al mismo tiempo, no excluye la diferencia. La diferencia permite a hombre y mujer estrechar una alianza y la alianza los hace fuertes. Lo enseña el libro del Sirácide (36, 26 – 27).

El hombre y la mujer que se aman en el deseo y en la ternura de los cuerpos, así como en la profundidad del diálogo, se convierten en aliados que se reconocen el uno gracias a la otra. Ambos son necesarios como el aire y el agua. Hombre y mujer deben evitar las insidias del silencio, de la distancia y de las incomprensiones.

Un comentario del Talmud observa que

Dios creó al hombre y a la mujer iguales en la dignidad pero diferentes: uno varón la otra mujer. La semejanza unida a la diferencia sexual permite que los dos entren en diálogo creativo, estrechando una alianza de vida. (VII encuentro mundial de las familias – Milán 2012)

Ni el hombre existe sin la mujer, ni la mujer sin el hombre. Pues aunque es verdad que la mujer fue formada del hombre, también es cierto que el hombre nace de la mujer; y todo tiene origen en Dios” (1 Cor. 11, 11- 12)

La mujer no es “réplica” del hombre y ambos son complementarios (Por Alvaro de Juana ACI Prensa)

 

El Papa Francisco, en su

catequesis en la Audiencia General trató de nuevo sobre el hombre y la mujer, pero profundizando un poco más el tema y destacando la complementariedad de ambos.

El hombre es todo para la mujer y la mujer es toda para el hombre”.

 “Hay un reflejo, una reciprocidad”, observó el Papa. Pero “la mujer no es una 'réplica' del hombre; viene directamente del gesto creador de Dios. La imagen de la 'costilla' no expresa que fue hecho con inferioridad o subordinación, sino al contrario, que hombre y mujer son de la misma sustancia y son complementarios”.

El Pontífice también pidió pensar en la instrumentalización y mercantilización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática. Pero pensemos también en la reciente epidemia de desconfianza, de escepticismo, incluso en la hostilidad que se propaga en nuestra cultura –en particular a partir de una comprensible desconfianza de las mujeres– respecto a una alianza entre el hombre y la mujer que sea capaz, al mismo tiempo, de unir la comunión y el cuidado de las diferencias”.

Como conclusión, el Papa Francisco indicó que “si no encontramos un comienzo de simpatía por esta alianza, capaz de poner a las nuevas generaciones al reparo de la desconfianza y de la indiferencia, los hijos vendrán al mundo todavía más desarraigados de ella desde el vientre materno”.(catequesis-del-papa-francisco-sobre-la-familia-varon-y-mujer-ii-23487/)

Dignidad, ¿de la mujer o de la persona?
¿En qué radica la dignidad de la mujer?
¿En su ser mujer o en algo anterior? Quizá habría que preguntarnos antes: ¿qué es “dignidad”?
Dignidad es una palabra que indica una apreciación, una valoración de algo o de alguien. La dignidad radica en el poseer (mejor, en el ser) algo que merece, por sí mismo, amor, respeto, justicia. Algo que radica en el sujeto digno, y que no puede ser despreciado sin faltar a la verdad (cuando no descubrimos o incluso negamos el valor de la persona digna) y a la justicia (cuando no la tratamos del modo que merece ser tratada).

Formulemos nuevamente la pregunta: ¿en qué radica la dignidad de la mujer? Una posible respuesta nos dirá que en su condición femenina, en su identidad sexual, en su apertura a la maternidad, en las posibilidades laborales que el mundo moderno ofrece a su libre opción. Esto, sin embargo, no es propio o exclusivo de la mujer, pues también se dan estas características en otros seres vivientes, sin que por ello sean dignos

Entonces, ¿cuál es la respuesta? Quizá tendríamos que reconocer que la dignidad de la mujer radica en su ser persona humana. Es decir, su dignidad no viene por su femineidad, sino que precede su misma femineidad, y funda y explica su valor en cuanto mujer. (Por: Bosco Aguirre | Fuente: Colaborador de Mujer Nueva)

Fundamento de todo respeto

El pluralismo de las situaciones no es, por lo tanto, un obstáculo a la común dignidad. Existen, es cierto, muchos modos de ser mujer (y de ser hombre). La mujer puede ser soltera, casada, con hijos, embarazada, con trabajo, en paro; puede ser policía, presidente, tener estudios sólo de primaria o enseñar en una universidad; puede encontrarse en la cárcel o dictar sentencias en un tribunal; puede ser aún no nacida o pasar los días de su vejez en una casa de ancianos. En cada situación, la dignidad es la misma.

Modos diversos de ser que no ocultan ni eliminan la dignidad y el valor común a todas esas mujeres y lo mismo podemos decir de los hombres. La dignidad pertenece a cada mujer simplemente por ser miembro de la especie humana, se encuentre donde se encuentre, haga lo que haga, viva de una manera o de otra.

Tener presentes estas verdades ayudará mucho para que nunca una mujer pueda despreciar o dañar la dignidad de otras mujeres o de otros hombres, para que nunca un hombre pueda discriminar o usar violencia sobre hombres o sobre mujeres. A la vez, permitirá el desarrollo de una cultura del respeto y de la solidaridad, en la que cada mujer y cada hombre sean valorados por lo que son, simplemente, sin adjetivos discriminatorios.

“La igualdad de derechos entre el hombre y la mujer no debe generar en un igualitarismo impersonal. El igualitarismo corre el riesgo de masculinizar a la mujer o de despersonalizarla. En ambos casos violenta lo que hay de más profundo en ella” (Beato Pablo VI)

No feminista, sino femenina

  1. 3 motivos por los cuales estoy de acuerdo con los argumentos de Lauren Southern, la chica de Internet que explica por qué no es feminista. Por eso mi primera razón es bien simple: lógicamente lo que dice Lauren suena bastante cuerdo. El feminismo no es sinónimo de igualdad. Quizá mis argumentos no van tanto por el lado de la igualdad de derechos (porque es obvio que todos los tenemos por igual) sino que van más en la línea de lo que nos muestra la realidad.
  1. No soy feminista, sino femenina Quiéranlo o no, la pregunta por la «idiosincrasia femenina» es la pregunta que se mantiene constante a través de la historia de la humanidad (por eso siempre se ha luchado porque sea reconocida como valiosa). Si bien es cierto ahora se defiende la idea de elegir el propio sexo y de que un hombre puede «ser mujer» y viceversa, hasta incluso físicamente… se han ido por el camino equivocado. Pero, yendo más allá de todas las manipulaciones, de todas las ampliaciones o restricciones de la vida, vale la pena preguntarnos: ¿Existen constantes que nos permitan defender que somos mujeres, es decir que pertenecemos única y exclusivamente al sexo femenino? Edith Stein, una gran santa, intenta aproximarse a la cuestión de la esencia de la mujer por un camino interesante: intenta sacar de su apariencia externa conclusiones cautelosas sobre el «interior» femenino. Como método se sirve de la máxima escolástica del alma como forma del cuerpo: la maternidad como capacidad corporal. «La profesión primaria de la mujer es la procreación y educación de la descendencia. […] En la mujer (sobresalen) las capacidades de conservar lo que nace y crece, cuidarlo y fomentar su desarrollo: por ello el don de vivir vinculado de modo corporalmente cercano y de reunir fuerzas en tranquilidad, y por otro lado, de aguantar dolores, de renunciar, adaptarse; anímicamente posee una actitud hacia lo concreto, lo individual y personal, la capacidad de concebirlo en su particularidad y de adaptarse a ello, el afán de ayudarle en su desarrollo». Las mujeres tenemos empatía con lo más débil o con lo más grande y atractivo, una gran capacidad de adaptación y el don de la compañía; todos ellos expresados por Edith Stein, en una palabra: la delicadeza. Esto es la fuerza fundamental para entusiasmarse por todo lo humano, particularmente por lo bello, por la verdad, por todo «lo que actúa desde el más allá en esta vida con un poder y una atracción misteriosos», en palabras de Stein. Para mí esto resume muy bien lo que se significa la «idiosincrasia femenina» y porque, básica y obviamente, somos diferentes de los hombres, por lo tanto, no necesitamos ser iguales, necesitamos que se nos respete en nuestro ser mujeres. Punto.

3. Los dos géneros tenemos problemas, y estos no se resuelven con la igualdad La igualdad de derechos para los dos géneros funciona si el resultado de ellos es la promoción de una sociedad más justa y civilizada. Y para eso no es necesario ser feminista como lo defiende Lauren, basta con tener las cosas claras sobre el ser humano: todos debemos ser tratados bajo las mismas premisas en cuanto a la dignidad, cuidado, garantías sociales y económicas, etc. Por ello se trata de una tarea de mujeres y hombres por igual. No de que los hombres se vuelvan feministas y condescendientes con las mujeres, sino que, cada uno sepa ocupar, en justicia y verdad, el papel que le corresponde en todos los ámbitos humanos: el trabajo, la familia, la Iglesia, los grupos sociales, etc. Pienso, como dice el Papa Francisco, que la solución radica en que los hombres y las mujeres deben escucharse y conocerse más, para que juntos puedan cooperar en la construcción de un mundo donde las diferencias no signifiquen desigualdad y conflicto.

«Corremos el riesgo de hacer un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia de hecho, es el problema, no la solución. Para resolver el problema de las relaciones, el hombre y la mujer tienen en cambio que hablarse más, escucharse más, conocerse más, quererse más. Tiene que tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida» (Papa Francisco). Escrito por Luisa Restrepo (Catholic.link)

  • La prevención, la mejor solución

Hay que trabajar mucho con los niños, con los jóvenes sembrando el valor del respeto por la mujer. La educación y el buen ejemplo en casa es la mejor escuela para la vida.

Y el mejor consejo para las mujeres es enseñarles desde la niñez a quererse a sí mismas, ayudarlas a crecer mentalmente, en su educación, en su autoestima.

La mujer tiene que ser consciente de su vida y de su valor para poder construir un futuro pretendiendo ser respetada y amada por quien dice amarla. (Así es la Personalidad del misógino Javier Fiz Pérez | Aleteia)







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