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Qué pasaría si…
Santo Evangelio según San Lucas 18, 35-43. Lunes XXXIII de Tiempo Ordinario.


Por: H. Adrián Olvera, L.C. | Fuente: missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, creo, pero aumenta mi fe.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el Nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: "¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!". Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!".

Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". Él le contestó: "Señor, que vea". Jesús le dijo: "Recobra la vista; tu fe te ha curado".Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio



¿Qué pasaría si estando por la calle de pronto vieras una multitud que atasca las avenidas; que toda la gente corre hacia el mismo lugar con cara de haber encontrado ese algo que desde siempre habían estado buscando? Muy probablemente te acercarías a la persona más cercana y le harías la pregunta obvia: ¿qué está pasando?

Acto seguido, la persona se acerca discretamente a ti y te susurra al oído: "es Jesús Nazareno".

Es decir, es Dios mismo el que pasa por aquí, es aquel al que le has pedido infinidad de cosas, es aquel que sabe lo más profundo de tu corazón, el que te ha redimido, el que te ha amado como nadie jamás lo hará y lo ha hecho.

Me imagino que te sumarías a la multitud con tal de siquiera poderle ver, aunque sea de lejos, y comenzarías a gritar, ¡Jesús¡, ¡Jesús!...

Evidentemente la historia podría ser diferente, sin embargo, es necesario recordar que Jesús está aquí. Es necesario recordar que Jesús se quiso quedar con nosotros en la Eucaristía. Así que -como el ciego- podemos de igual manera gritarle al Señor, teniendo la fe de que delante de nosotros está alguien que nos puede sanar, alguien que nos puede ayudar…alguien que nos ama y sabiendo que el Señor siempre está y nos dice en el silencio: Hijo, "¿qué quieres que haga por ti?"

El Hijo de Dios escuchó su grito: "¿Qué quieres que haga por ti?". El ciego le contestó: "Rabbunì, que recobre la vista!". Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades básicas, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Como Bartimeo, ¡cuántos pobres están hoy al borde del camino en busca de un sentido para su condición! ¡Cuántos se cuestionan sobre el porqué tuvieron que tocar el fondo de este abismo y sobre el modo de salir de él! Esperan que alguien se les acerque y les diga: "Ánimo. Levántate, que te llama".
(Mensaje de S.S. Francisco para la II Jornada Mundial de los pobres, noviembre de 2018).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Intentar hacer una visita al Santísimo, pidiéndole al Señor la gracia de reconocer su presencia en la Eucaristía.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 







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