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Muéstrame tu rostro
De pronto surge una fuerza en lo más íntimo de tu espíritu...


Por: María Teresa González Maciel | Fuente: Catholic.net



Observo tus pasos vas y vienes con inquietud. No encuentras sosiego en tu vida, algo o alguien que te brinde la serenidad. Sin embargo luchas rebuscas una y otra vez en lo más profundo de tu ser. De pronto surge una fuerza en lo más íntimo de tu espíritu, un  ímpetu que te invita a buscar esa paz, que te llama a encontrar ese AMOR.

El AMOR que necesitas te ha buscado antes, te busca ahora, y en cada momento te sale al encuentro. Titubeas un poco, al fin tú decides abrirle, le dejas pasar.

Te muestra su rostro, te miras en él. Difunde su luz, transmite su vida, te llena de paz. Te dice con dulzura que su rostro es tuyo. Que fuiste pensado, que fuiste creado, que fuiste amado para ser como él.

Repasas tu mente, rebuscas por dentro y con gran nostalgia respondes que no puede ser. Que anidas en tu alma y en todo tu ser miedos, egoísmos, vanidad también, mentiras, envidias, rencores antiguos, pecados y pasiones inconfesables.

Él sale a tu encuentro, te da un gran abrazo. Te brinda su amor, te dice al oído: "Mi rostro es tu rostro así te formé. Si tú te dispones yo te ayudaré. Verás en mi rostro tu rostro también".

Tú al fin te arrodillas, te rindes ante él. Le dices con fuerza y decisión: "Muéstrame tu rostro lo quiero atesorar. Quiero dejar todo. Descalzar mis miedos,  apegos, adicciones, mis faltas también  Todo aquello que me impide tu rostro tener".

"Pon en mí tus manos, arranca todo aquello que me impida ser tu rostro, ese rostro tuyo que irradia la luz que ilumina a otros, que transmita vida, que transmita paz. Que salga al encuentro, que pueda abrazar, que escuche, que aliente, que invite a los demás a desear con todas las fuerzas de su alma, encontrar tu faz".

Ahora en tu andadura tu portas la paz.







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