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Violencia de Genero
Es necesario formar el respeto entre hermanos, el respeto entre padres e hijos, el respeto entre padres


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Ante tanta violencia, discriminación, agresiones sexuales, racismo, violaciones, feminicidio, humillaciones y menosprecio que vive la mujer; y por otro lado la manera de pensar de que el hombre es por naturaleza superior a la mujer (machismo/falocracia), es necesario retomar el tema, la necesidad e insistencia en la formación afectivo – sexual que cada día es más urgente y necesario tomar en serio, en la familia.

Pero ante todo esto surgen dos interrogantes ¿Por dónde comenzar? Y ¿Cómo hacerlo?

El amor, la ternura, el dialogo, la comunicación, la fidelidad, el respeto; el que los hijos sean testigos y participes del amor entre sus padres, esa es la mejor educación sexual, todo esto se debe vivir, los demás es información. (1) En familia debemos ser congruentes y comprometernos, con el ejemplo, a una plena formación afectivo – sexual de cada uno de nuestros hijos.

Los hijos son el reflejo de los padres y de su formación. Es necesario formar el respeto entre hermanos, el respeto entre padres e hijos, el respeto entre padres. Si los hijos aprenden el respeto, lo practican en familia, lo practicaran con sus amigos, con sus compañeros, en la escuela, en la calle, en el trabajo, eso es formación afectivo sexual. (1)

Los padres somos los responsables de dar una verdadera educación afectivo sexual, a través del ejemplo. Los padres somos los responsables de enseñar el amor. Desgraciadamente nos avergonzamos de dar ejemplo del amor, de los valores morales. Pero nos sentimos orgullosos de inculcar el mal ejemplo, la agresividad, la violencia, del dominio humillante y del menosprecio (machismo). (1)



Los padres, primeros y principales educadores. La mayor responsabilidad moral de los padres es educar en el amor. Dar un buen ejemplo, fomentar sin exclusión todos y cada uno de los valores morales. La formación de los hijos debe tener por objetivo hacer, individuos libres por la razón y el respeto, a Dios, así mismo y a los demás. (1)

Los hijos tienen derecho a recibir buen ejemplo, pero cuando esos hijos sean padres tendrán el deber formar con un buen ejemplo. Para convencer a nuestros hijos, antes debemos estar convencidos como padres, aceptar nuestra responsabilidad y compromiso.     En la medida que cada uno de los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos practiquen convencidos las virtudes y los verdaderos valores, entonces podremos estar convencidos de nuestro éxito y solo así podremos experimentar la satisfacción de nuestro esfuerzo, dedicación y tenacidad.

Como padres no podemos exigir, obligar e imponer: rectitud, honestidad, respeto, responsabilidad y amor; si nosotros mismos no hemos dado ejemplo ni practicamos estos valores. (1)

La verdadera educación sexual no comienza a los 7, 12, 14 o 15 años (más vale un año antes que un minuto después). El principio fundamental de la educación sexual, es el mensaje subliminal (percepción subconsciente) a través de los actos del padre, de la madre y de ambos como pareja… desde siempre.

Él (la) niño (a), él (la) adolescente, necesitan de la presencia del papá y de la mamá. A través de ellos, de sus actitudes, de su ejemplo se van formando la idea de lo que debe ser una persona íntegra, en el hogar, en la familia, en la religión y en la sociedad. No olvidemos que los hijos tienen malos oídos para escuchar, pero muy buenos ojos para observar.

Las responsabilidades del hombre (papá) y de la mujer (mamá), deben ser compartidas, en un ambiente de comunicación, diálogo, respeto, apoyo, impulso y de motivación mutua. (1)



La verdadera educación es enseñar, dirigir y desarrollar, no sólo las facultades intelectuales (ciencia y técnica), sino también el aspecto moral, eso es una verdadera educación integral. No solo desarrollar el instinto y la inteligencia, sino también la capacidad de razonamiento, de responsabilidad, de madurez, de verdadera libertad, de honestidad, respeto y verdadero amor a Dios, a sí mismo y a los demás.

La diferencia entre instrucción y educación, es que la educación es un compromiso, una convicción, una forma de vida (un hábito). No la parte de una asignatura que hay que cubrir, o como un simple requisito. “Una verdadera “formación” no se limita a informar la inteligencia, sino que presta particular atención a la educación de la voluntad, de los sentimientos y de las emociones”. (2)

¿Cómo hacerlo?

Algo decisivo es la formación de la libertad y de la responsabilidad. Antes de hacer a nuestros hijos expertos en sexo debemos poner todos los medios a su alcance para que, ante todo, los jóvenes deban mirar principalmente el bien de los demás. Debemos humanizar a la juventud desarrollando en ellos el sentido de que: “nadie puede ser feliz sin hacer felices a los otros” solo así podremos estar seguros de su formación. En cuanto se den en donación a los demás, no en cuanto sigan sus egoísmos. (1)

El hogar, la familia, con los padres debe existir un ambiente de confianza a donde la joven o el joven cuenten con el suficiente estímulo para hablar de sus dudas, de su desarrollo, de sus cambios físicos, donde pueda hablar de sí mismo.

El niño, el adolescente, el joven, tienen todo el derecho de satisfacer sus dudas, su curiosidad, aprender, a no vivir en la ignorancia, a no vivir instintivamente, llenos de emociones pasajeras, de buscar el placer como único fin, sin reflexión, ni educación. A no vivir mecánica o quizás solo impulsivamente, llenos de incógnitas y de tabúes y dudas. (1)

¿Quién se los dirá?

    ¿A dónde lleva el consumo de drogas, su origen y sus consecuencias?
    ¿Cuáles son las consecuencias del alcoholismo?
    ¿Qué es la violencia de género?
    ¿Qué es el libertinaje y sus consecuencias?

La curiosidad del niño y del joven es necesario satisfacerla con la verdad. Evadir esa responsabilidad, ese deber, nos ha acarreado consecuencias graves.

Por el propio bien de los adolescentes y jóvenes debemos acompañarlos y orientarlos para que conozcan la verdad de manera que esto les ayude a su desarrollo, a su madurez y a su realización plena. Como padres adquirimos voluntariamente el derecho y la obligación de cuidar y de dar lo mejor de nosotros para una verdadera formación integral de cada uno de nuestros hijos.

Ante todo, se debe llegar a un auténtico y libre convencimiento de que es necesario humanizar la ciencia y la técnica, porque es fría, deshumanizada y materialista.
    
La ignorancia, la falta de valores, más una orientación o instrucción reproductiva mal enfocada, provoca que se pervierta, se distorsione el verdadero sentido del amor, del sentimiento más noble. Los valores morales son garantía de una verdadera felicidad y la mejor herencia para nuestros hijos. La violencia y la agresión como forma de vida en hombre y mujer, ¡jamás!  será formación sino deformación.

Vivimos en un ambiente enrarecido y contaminado por la depravación y la degeneración. Las mentes se desquician y donde lo que menos importa es el ser humano, sus sentimientos y su dignidad. Se ha convertido a la persona en estadísticas, en un número, un objeto que cuando ya no es útil, se le desecha sin importar más.

La juventud esta desubicada, confundida, desorientada, tropezando y cayendo en todos los vicios y delitos; pero los padres no nos damos cuenta o no nos queremos dar cuenta. Nos invade el permisivismo, la indiferencia, la pasividad y la justificación. Es necesario considerar que esos adolescentes y jóvenes son los futuros padres de familia. (1)

Al niño, al adolescente y principalmente al joven debemos prepararlos para que sean conscientes de las consecuencias de cada uno de sus actos.
    
Cuando se tiene una relación y se busca una unión perdurable con la finalidad de que el fruto sea concebir un nuevo ser, produce una gran alegría, una gran satisfacción, pero una gran conciencia y una enorme responsabilidad. (1)

Los padres debemos comprometernos, no sólo por obligación, imposición o deber, sino sobre todo por amor, a cuidar a nuestros hijos del ambiente externo, de las amistades nocivas. Debemos alejarlos de todo lo que signifique corrupción y desorientación. Debemos evitarles "amigos" y medios que en la mayoría de las veces llevan a nuestros hijos a una abierta y simple pornografía, prostitución, al “amor libre”, y libertinaje. Por eso es necesario y conveniente inculcarles, motivarlos y convencerlos de los verdaderos valores morales. Esto será definitivo contra las malas influencias.

La mejor escuela del amor, es el hogar. La mejor preparación es el ejemplo, los mejores educadores, los papás.   
 
“Una buena educación sexual debe apartarse tanto de un mero “prohibicionismo” que deja a los jóvenes abandonados a sí mismos en medio de las corrientes del mundo, cuando de un pensamiento casuístico carente del auxilio que prestan los servicios generales” (2)
    
Para establecer la organización familiar, debemos tomar en cuenta el conjunto de valores morales, considerando que el valor que le damos a la sexualidad debe estar vinculado con la dignidad humana. Es fundamental reflexionar que, cualquier actitud, conducta o proceder, guarde respeto absoluto por la vida, por nuestro cuerpo, respeto definitivo por nuestros sentimientos, por nuestra manera de pensar y de la misma forma el respeto a los demás, el respeto a todo.  Resulta necesario también considerar los valores familiares, el código familiar, y buscar comprenderlo e identificarnos con él.

La verdadera formación de la sexualidad comienza desde el nacimiento de un nuevo ser, las primeras caricias, la relación con los padres, los permisos y prohibiciones de la infancia, la educación en la familia y en la escuela, las tradiciones, límites y costumbres del grupo social.

La formación, el diálogo, la confianza, el apoyo y la orientación, la información y comunicación de los padres con hijos, es imprescindible en todo momento y sobre todo con relación al aspecto sexual. Todo esto ahorrará riesgos, errores a veces irreparables o que dejan huellas profundas y dolorosas la mayoría de las veces. (1)

Los padres hemos de enseñar a amar a nuestros hijos si queremos que tengan una vida afectiva estable y feliz”  Amparo Latre Gorbe | Aleteia

(1)    (Educación sexual en familia | Francisco Mario Morales
(2)    (Sagrada congregación para la educación católica “Orientaciones educativas sobre el amor humano”).







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