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27 de marzo de 2019

Dios te busca, déjate encontrar
Santo Evangelio según San Mateo 5, 17-19. Miércoles III de Cuaresma


Por: H. Hans Candell, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Señor, por este nuevo día en que puedo entrar en contacto contigo, acercarme a Ti y escucharte. Que hoy pueda, con la ayuda de tu gracia, hacer con fidelidad lo que me pidas.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy en día hay mucho respeto por las diferentes religiones. Todas ellas expresan la búsqueda de la trascendencia por parte del hombre, la búsqueda del más allá, de las realidades eternas. En cambio, en el cristianismo, que tiene sus raíces en el judaísmo, este fenómeno es lo contrario: es el mismo Dios que busca al hombre, es Él quien lo llama a estar a su lado y el hombre no hace más que dar una respuesta a este llamado.

Como recordaba san Juan Pablo II, Dios desea acercarse al hombre, Dios quiere dirigirle su palabra, mostrarle su rostro, porque busca la intimidad con Él. Esto se hace realidad en el pueblo de Israel, un pueblo elegido por Dios para recibir sus palabras; ésta es la experiencia que tiene Moisés cuando dice: «De hecho, ¿qué gran nación tiene a los dioses tan cerca de él, como el Señor nuestro Dios, está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos?». Y, de nuevo, el salmista canta que Dios «anuncia a Jacob su palabra, sus decretos y sus juicios a Israel. Así no hizo con ninguna otra nación, ni les dieron a conocer sus juicios» (Sal 147:19-20).

Jesús, por lo tanto, con su presencia cumple el deseo de Dios de acercarse al hombre. Por eso dice que «no creáis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento» (Mt 5,17). Él viene a enriquecerlos, a iluminarlos para que los hombres puedan conocer el verdadero rostro de Dios y puedan entrar en intimidad con Él.

En este sentido, despreciar las indicaciones de Dios, por insignificantes que sean, manifiesta un conocimiento raquítico de Dios y, por lo tanto, aquellos que se encuentran en tales condiciones serán considerados pequeños en el Reino de los Cielos. Y es que, como decía san Teófilo de Antioquía: «Dios es visto por los que le ven; sólo ellos deben haber abierto los ojos del espíritu (...) pero algunos hombres los han oscurecido».

Aspiremos, pues, a seguir con gran fidelidad, en la oración, todas las indicaciones del Señor. De esta manera llegaremos a una gran intimidad con Él y seremos, por lo tanto, considerados grandes en el Reino de los Cielos.

«Ir a lo esencial es más bien ir a lo profundo, a lo que cuenta y tiene valor para la vida. Jesús enseña que la relación con Dios no puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco un cumplimiento de ciertos actos externos que no llevan a un cambio real de vida. Tampoco nuestro discipulado puede ser motivado simplemente por una costumbre, porque contamos con un certificado de bautismo, sino que debe partir de una viva experiencia de Dios y de su amor. El discipulado no es algo estático, sino un continuo camino hacia Cristo; no es simplemente el apego a la explicitación de una doctrina, sino la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del Señor, un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su Palabra.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Estar en constante vigilancia, buscando en cada momento de mi día escuchar la voz de Dios y actuar en modo positivo tratando de cumplir su voluntad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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