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2 de junio de 2019

Ustedes son testigos de esto
Santo Evangelio según San Lucas 24, 46-53. Ascensión del Señor (C)


Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Señor, por el don de la fe, de la esperanza y la caridad que me diste en el bautismo. Ayúdame a crecer en estas virtudes para que aprenda a descubrirte en todo momento y a darte en mi vida el lugar que te corresponde.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 24, 46-53

En aquel tiempo, Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto. Ahora yo les voy a enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo alto”.

Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacía un lugar cercano a Betania: levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El día de hoy recordamos la ascensión de Jesús al cielo. ¿Nos abandona? No, de hecho, nos ha dicho ya antes que va a prepararnos una morada en la que podamos estar para siempre con Él en el cielo. Sin embargo, nos deja.

Es igual a lo que sucede cuando el padre deja que el hijo camine solo para que, tal vez, un día elija retornar a él. Jesús, desde el inicio, ha sido muy respetuoso de la libertad de sus discípulos. Los ha llamado, acompañado e incluso regañado cuando se lo merecían, pero jamás los ha forzado a hacer cosas que ellos no eligieran. Jesús ha presentado su mensaje de una manera tan trasparente que, incluso, les ha preguntado a sus discípulos si querían abandonarlo cuando sus palabras eran duras o no comprendían lo que Él les quería decir (Jn 6, 67). Ahora que Jesús se va a prepararles una morada es cuando todo lo que aprendieron del Maestro será puesto a prueba, una prueba que no será fácil pero que dará mucho fruto.

Nuestra vida cotidiana de cristianos está marcada por estas palabras de Jesús: «Ustedes son testigos de esto». Cada momento de nuestra vida es una oportunidad para poner en práctica aquello que hemos aprendido de Él. El amor a Dios y el amor al prójimo son los signos por los cuales sabrán que somos sus discípulos. Aun así, no debemos preocuparnos por nuestra inconstancia y debilidad. Nos ofendemos, enojamos, herimos a los demás, olvidamos sus palabras. No somos perfectos y Él lo sabe. Por eso Jesús promete enviar el Espíritu Santo para que no estemos nosotros luchando solos, sino que, con su propia ayuda, podamos regresar a Él.

«La Ascensión del Señor al cielo, mientras inaugura una nueva forma de presencia de Jesús en medio de nosotros, nos pide que tengamos ojos y corazón para encontrarlo, para servirlo y para testimoniarlo a los demás. Se trata de ser hombres y mujeres de la Ascensión, es decir, buscadores de Cristo a lo largo de los caminos de nuestro tiempo, llevando su palabra de salvación hasta los confines de la tierra. En este itinerario encontramos a Cristo mismo en nuestros hermanos, especialmente en los más pobres, en aquellos que sufren en carne propia la dura y mortificante experiencia de las viejas y nuevas pobrezas. Como al inicio Cristo Resucitado envió a sus discípulos con la fuerza del Espíritu Santo, así hoy Él nos envía a todos nosotros, con la misma fuerza, para poner signos concretos y visibles de esperanza. Porque Jesús nos da la esperanza, se fue al cielo y abrió las puertas del cielo y la esperanza de que lleguemos allí.»
(Homilía de S.S. Francisco, 13 de mayo de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Haré una visita al Santísimo Sacramento de diez minutos y le pediré a Jesús que me ayude a recibir al Espíritu Santo en Pentecostés.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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