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6 de junio de 2019

En el corazón de Jesús estás tú
Santo Evangelio según San Juan 17, 20-26. Jueves VII de Pascua


Por: H. Adrián Olvera, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

¿Qué hay en tu corazón, Jesús? ¿Qué es lo que inquieta tu corazón, Señor?

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

No sé si alguna vez te has preguntado: ¿qué hay en el corazón de Jesús?

El día de hoy Él mismo nos lo revela: En el corazón de Jesús estamos nosotros, estás tú.

La oración que Jesús dirige a su Padre intercediendo por sus apóstoles, por sus amigos, por los más cercanos, no fue una oración que se hizo en algún momento de la historia y que nosotros recordamos como un muy buen detalle que Jesús -el Hijo de Dios- tuvo con la humanidad. Sino que es un constante diálogo que Jesús tiene con el Padre.

Jesús quiere que nos sepamos amados por el Padre, como Él se sabe amado, como Él se siente amado por el Padre pues, sabe perfectamente que, sólo cuando uno es consciente de este amor, la vida, por más tribulaciones que traiga consigo, es realmente vida.

La constante preocupación por nuestra vida, por tu vida... es una motivación diaria del corazón de Jesús: Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos.

«Jesús ora por los que más adelante creerán en él gracias a la predicación de sus discípulos, para que también ellos sean congregados y permanezcan unidos. Con la expresión: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”, tocamos el culmen de la misión de Jesús. Como se sabe, conocer a Dios no consiste en primer lugar en un ejercicio teórico de la razón humana sino en un deseo inextinguible inscrito en el corazón de cada persona. Es un conocimiento que procede del amor, porque hemos encontrado al Hijo de Dios en nuestro camino. Jesús de Nazaret camina con nosotros para introducirnos con su palabra y con sus signos en el misterio profundo del amor del Padre. Este conocimiento se afianza, día tras día, con la certeza de la fe de sentirse amados y, por eso, formando parte de un designio lleno de sentido. Quien ama busca conocer aún más a la persona amada para descubrir la riqueza que lleva en sí y que cada día se presenta como una realidad totalmente nueva.»
(Discurso de S.S. Francisco, 11 de octubre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración. Disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Vivir mi día pensando más en lo que le agrada o hiere el Corazón de Jesús que en mí mismo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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