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¿Cómo vence el cristiano a la muerte?
Resumidamente la autora indica en primer lugar que no hay otra manera de vencer la muerte que viviendo


Por: Mauricio Ochoa Urioste | Fuente: Catholic.net



La Profesora de Teología en la Universidad P. Comillas, Nurya Martínez-Gayol Fernández, ha escrito en la revista Sal Terrae, un hermoso ensayo dedicado a entender cómo vencer “en términos cristianos” a la muerte. Resumidamente la autora indica en primer lugar que no hay otra manera de vencer la muerte que viviendo; atendiendo el principio de que no hay otra vida más que esta y es eterna.

En efecto, a partir del acontecimiento Cristo, la salvación ha comenzado en la tierra. Por lo tanto, en sentido propio, deberíamos afirmar que «no hay otra vida». Esta vida, nuestra vida presente, entretejida de pasado, de experiencias, de relaciones, y propendiendo siempre hacia adelante es la que es y será eterna.

El evangelio de Juan es diáfano en este sentido. La vida está en el Logos (Jn 1,4). El Logos se ha encarnado con una finalidad: darnos vida y ésta en abundancia (Jn 1,14; Jn 10, 10). Recibir esa vida es una especie de «nuevo nacimiento» (Jn 1,13; Jn 3,5). A partir de este nuevo nacimiento, esa vida se convierte en una realidad actual, es ya poseída. El germen de este nuevo nacimiento es la fe; de modo que «el que cree, tiene la vida» (Jn 6,36.40.54.47) o «la vida eterna», que son en Juan magnitudes absolutamente equivalentes. Por lo tanto, la vida es sólo una y esa vida es eterna. Además, esta vida que nos aguarda abrazará en su eternidad no solo al ser humano con su historia, sino a la naturaleza como parte del proyecto originario de Dios para con todo lo creado (cf. Ap 21,1; Is 65,17; 2Pe 3,13).

De ahí que la vida eterna no pueda ser pensada sino como salvación del ser humano entero –es su unidad dual corporal y espiritual– (Resurrección); salvación de la humanidad (Comunión de los Santos) y salvación de la entera realidad (Nueva Creación). En síntesis, el cristiano vence a la muerte viviendo, en la medida que descubre la dimensión de eternidad que habita su presente y pone en ella el empeño de su existencia.

El segundo gran vehículo para vencer la muerte es amando, pues el amor es gestador de eternidad. Por lo tanto, el que el «hombre sea un ser para la muerte» –como afirma Heidegger– no es toda la verdad. El hombre no es para la muerte, sino para la vida. Y el modo de vencer a la muerte como destino último y definitivo se llama amor. Amor como la prueba más rotunda de la inmortalidad del yo.

Bibliografía
MARTÍNEZ-GAYOL, Nurya, Vencer “en cristiano” la muerte, en Revista Sal Terrae, febrero 2019, Tomo 107, Madrid.

 







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