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Comentario a la Liturgia XV Domingo TO C
¿Por qué tenemos que cumplir los mandamientos? Y ¿por qué estos mandamientos y no otros?


Por: Tais Gea | Fuente: Catholic.net



Vamos al encuentro del Señor todos los domingos. Lo buscamos porque necesitamos escuchar palabras de consuelo y de aliento. Pero también nos acercamos para dejarnos conducir por la sabiduría de la Palabra de Dios. Este domingo se nos habla sobre los mandamientos: el decálogo en la primera lectura y la plenitud en Cristo en la segunda lectura y el Evangelio.

Iniciamos con un texto del Deuteronomio. Un discurso que dirige Moisés al pueblo de Israel. Invita al pueblo a guardar los mandamientos y disposiciones escritos en el libro de la ley. Nosotros sabemos que Dios, desde la antigüedad, ha mostrado al pueblo un camino expresado en los mandamientos. Pero nos puede surgir a veces esta pregunta: ¿Por qué tenemos que cumplir los mandamientos? Y ¿por qué estos mandamientos y no otros?

Para responder a esta pregunta la liturgia nos muestra una verdad en la siguiente frase: «estos mandamientos que te doy, no son superiores a tus fuerzas ni están fuera de tu alcance». La primera idea nos ayuda a comprender que, aunque parezca difícil de seguir la vida cristiana, estos mandamientos no son superiores a nuestras fuerzas. Es decir, Dios nunca nos va a pedir algo que no podamos cumplir. No porque seamos capaces por nuestras propias fuerzas sino que Él, con su gracia, nos capacita para poder cumplir sus mandamientos.

Además de la gracia de Dios hay una verdad que también está manifestada en la liturgia: los mandamientos no están fuera de nuestro alcance. En lo que podemos hacer el énfasis este domingo es en el hecho que los mandamientos no están “fuera”. La lectura del Deuteronomio nos dice que estas leyes no están en el cielo, es decir, que solo pertenecen a la esfera de Dios y por lo tanto inaccesibles. Ni tampoco están al otro lado del mar, es decir, que nadie se atreva a atravesarlo. Los mandamientos más bien están dentro de nosotros.

Esto quiere decir que los mandamientos muestran el modo en que hemos sido creados. Dios nos ha hecho para el bien y la felicidad. Nos conoce y sabe que el camino de nuestra felicidad es vivir de cierta manera. Por eso nos propone adherirnos a estos mandatos con todo nuestro corazón, es decir, con toda nuestra interioridad y con toda nuestra alma, es decir, nuestra persona, porque adherirnos a ellos es el camino de la plenitud.



Ahora bien, esta verdad revelada en el AT, tiene su plenitud en Cristo. Lo vemos en la segunda lectura tomada de la carta de Pablo a los colosenses. El apóstol de los gentiles nos dice que ahora hay un solo mandamiento al cual nos tenemos que adherir con todo nuestro corazón y toda nuestra alma. El nuevo mandamiento es Cristo, vivir la vida del Señor. Por eso llama a Cristo: el primogénito de toda creación, el primero en todo, en quien todo tiene su consistencia, en Él habita toda la plenitud. Así es que ya no hay que buscar incansablemente un modo de ser feliz. Tenemos a un modelo y ese modelo es Cristo.

Esto se ve más claro en el Evangelio del buen samaritano. Jesús es cuestionado por un doctor de la ley. Se le pregunta qué es lo que se debe hacer para conseguir la vida eterna. Jesús toma las palabras del Deuteronomio para responderle al doctor de la ley. Y le indica que debe amar a Dios y al prójimo. Y lo ejemplifica con la parábola del buen samaritano. Le hace ver al doctor de la ley que la plenitud se encuentra en el amor. Pero ¿qué tipo de amor? El mismo amor de Dios. Jesús se identifica con el buen samaritano. Él fue el que se abajó hasta las heridas del hombre para tener compasión y curarlo.

¿Qué nos toca hacer a nosotros? La respuesta a esta pregunta la encontramos en el Evangelio: «Anda y haz tu lo mismo». Escuchamos en el corazón las palabras de Jesús que nos dice: «Yo tuve compasión contigo y con tus hermanos. Ahora te toca a ti. Pero no estás solo, yo he alcanzado la gracia para que tu seas como yo, para que te identifiques conmigo. Tienes la fuerza, este mandamiento del amor está a tu alcance. Anda y haz tu lo mismo.»

Pidamos al Señor esta gracia: «Padre de bondad sabemos que estamos llamados a vivir según tus mandamientos pero a veces nos parecen una carga pesada. Haznos comprender que el camino de nuestra felicidad se encuentra a nuestro alcance si somos capaces de identificarnos con Cristo y vivir en Él el mandamiento del amor. Te pedimos esta gracia. Convierte y transforma nuestro corazón. Amén»









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