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26 de julio de 2019

Ser tierra fértil
Santo Evangelio según san Mateo 13, 18-23. Viernes XVI del Tiempo Ordinario


Por: H. José Alberto Rincón Cárdenas, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que mis acciones reflejen el fruto que Tú deseas que dé.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen ustedes lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto; unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«Oíd lo que significa la parábola del sembrador». Así como en aquel tiempo Jesús explicó a sus discípulos lo que a otros simplemente había narrado, también hoy a nosotros nos ayuda a comprender la verdadera profundidad de sus palabras. Él vive por siempre, y esto hace que su enseñanza sea siempre nueva. Abramos, luego, el oído de nuestro corazón.

Cuatro son las posibles reacciones ante la parábola: escuchar sin entender; escuchar y aceptar, pero sin llevar a la práctica; escuchar, pero preocuparse más por los problemas de la vida; y finalmente, escuchar y entender. Una vez más, es por el oído que la fe se desarrolla en nosotros; dicho de otro modo, creemos porque hemos percibido la voz de Dios. El cristiano no puede afirmar que entiende su fe, si antes no ha escuchado la voz de su Señor que lo llama al encuentro con Él.

Por eso, no se trata tan sólo de escuchar la parábola y entenderla. Hay un segundo nivel que hallamos en el contenido mismo de la parábola. Ésta habla del Reino, que no es otro que Cristo mismo, que reina dentro de nosotros. Entonces, para acoger realmente el Reino, para poder verdaderamente decir que conocemos a Jesús, primero hemos de haber estado en su presencia, de haber recibido sus enseñanzas. De este modo, el cristiano nunca puede decir que ya ha terminado su peregrinaje hacia Dios, pues siempre podrá conocerlo y amarlo todavía más.

Todo apunta, por último, a un fin concreto: dar fruto. Y es que lo que contemplamos al estar con Jesús no puede quedarse en un bello recuerdo, sino que está llamado a convertirse en una explosión de júbilo. ¿De qué serviría recibir la semilla del Reino en tierra fértil, si no hemos de asegurarnos de que llegue a ser un árbol frondoso? ¿Y qué tipo de fruto debe dar? ¡Frutos de amor! ¡Obras de caridad! Poco importa la cantidad. La regla permanece: amar a Dios se traduce en actos concretos de bondad. Lo demás, es pura ilusión.

«Vimos este hermoso espectáculo sobre el Árbol de la Vida que nos muestra cómo la vida que Jesús nos regala es una historia de amor, una historia de vida que quiere mezclarse con la nuestra y echar raíces en la tierra de cada uno. Esa vida no es una salvación colgada “en la nube” esperando ser descargada, ni una “aplicación” nueva a descubrir o un ejercicio mental fruto de técnicas de autosuperación. Tampoco la vida que Dios nos ofrece es un “tutorial” con el que aprender la última novedad. La salvación que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse; es el primero en decir “sí” a nuestra vida, él siempre va primero. Es el primero a decir sí a nuestra historia, y quiere que también digamos “sí” junto a Él. Él siempre nos primerea, es primero».
(Discurso de S.S. Francisco, 26 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Durante el día, haré una pausa generosa para repasar delante de Dios los frutos que Él ha hecho germinar en mi vida, así como aquellos que quizás se han perdido, o bien siguen esperando para brotar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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