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10 de marzo de 2020

Los dones de Dios
Santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12. Martes II de Cuaresma


Por: H. Jorge Alberto Leaños García, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, quiero encontrarte; solo dame paciencia para esperar tu gracia, sabiduría para verte en donde me muestres tu bondad, entendimiento para comprender lo que me quieres enseñar y fortaleza para vencer con tus fuerzas. Ayúdame a discernir dónde está tu voluntad, estar abierto a lo que me pidas y que nunca tenga miedo de hacer tu voluntad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Los dones no se entienden si se ignora su origen; no pueden comprenderse si no encontramos la razón por lo cual se nos han dado. Necesitamos reconocer la fuente de nuestros dones para no pensar que son méritos propios y que, de esta forma, surja en nosotros el peligro de creer que los frutos se dan por nuestras propias fuerzas. Los dones no se alcanzan, sino que se donan gratuitamente. No importa si somos dignos y tampoco se niegan por nuestras debilidades e imperfecciones. Son un regalo que se da desinteresadamente.

Además, los dones se nos dan por una razón; tienen un fin, una meta, un objetivo concreto. Un don tiende normalmente a salir de nosotros para dar verdaderos frutos. Nuestros dones pueden ahogarse si permanecen en nuestro interior. Es por esto por lo que un don encuentra su cumplimiento en los demás, pues, para que el don llegue a su plenitud, debe alcanzar el fin para el cual está hecho. Nuestros dones encuentran su cumplimiento en los que nos rodean.

En el Evangelio vemos tres dones que muestran claramente que su origen va más allá de nuestras propias fuerzas y, al mismo tiempo, descubrimos que estos dones exigen salir de nosotros para que den fruto en los demás. Ser padre, ser maestro, ser guía… son tres dones que tanto su origen como su fin rompen con una vida aislada y encerrada. Uno no puede ser un verdadero padre, maestro o guía con las propias fuerzas; solo Uno es aquel que posee estos tres dones en plenitud y, por eso, solo Él está en grado de transmitir los dones de la forma más pura.

Ahora bien, cuando recibimos un don se nos da una misión de cara a los demás. Por lo tanto, podemos entender que la paternidad consiste principalmente en transmitir la vida y no solo transmitir la vida a un nivel biológico, sino, sobre todo, espiritual. El maestro buscará transmitir sus conocimientos, pero el conocimiento puede mostrar desde las realidades humanas hasta la realidad celestial. El guía quiere transmitir una experiencia; él conoce el camino y sabe que es largo y complicado, pero siempre señala que hay una sola meta.

Transmitir… nunca se deja de transmitir lo que se ha recibido. Un don significa ser un canal de la gracia en donde acogemos con gratitud y comunicamos con desinterés. No ignoremos el origen, no olvidemos la fuente. Si somos conscientes de esto podremos dar lo que tenemos, no como si lo hubiésemos alcanzado nosotros mismo, sino como aquello que se nos ha sido donado.

«Hay un hombre que era bueno, un buen fariseo, pero que había olvidado el don de la cortesía, el don de la convivencia, que también es un don. Siempre se olvidan los dones cuando hay algún interés detrás, cuando yo quiero hacer esto, hacer, hacer. Sí, los sacerdotes, todos nosotros, debemos hacer cosas y la primera tarea es proclamar el Evangelio, pero debemos custodiar el centro, la fuente, de donde brota esta misión, que es precisamente el don que hemos recibido gratuitamente del Señor».
(Homilía de S.S. Francisco, 19 de septiembre de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy señalaré un don que tengo y me preguntaré si lo estoy transmitiendo a los demás.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.



Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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