Menu


La naturaleza Católica y el deber ser frente al Covid-19
Esta reflexión gira entorno de la sociedad mexicana católica.


Por: Lic. Julián Lumbreras Roldán | Fuente: Catholic.net



En esta reflexión se busca poder llegar a compartir desde un análisis Teológico critico la situación que enfrenta el humano ante esta crisis de la pandemia del Covid-19.

Esta reflexión gira entorno de la sociedad mexicana católica que en sus riquezas culturales y su propia forma de ver la realidad vive de manera diferente esta crisis mundial, comparado con países no latinoamericanos y no católicos. Del mismo modo se desea hacer una exhortación a realizar una introspección en el corazón de Cristo y reconsiderar su figura social con todo y sus responsabilidades desde las posibilidades de cada uno de ellos, considerando siempre que no se vive sólo en esta pandemia sino por el contrario el Espíritu Santo esta siempre con todos y que Él les recuerda siempre todo lo que se les fue enseñado y además lo que tiene que saber.

El ser humano fue creado -desde la teología Bíblica- como un ser que se siente desde sí como incompleto siempre a la búsqueda de lo otro que sea como él o que le permita entenderse, que no le es fácil encontrar en alguna otra creatura, más que en la persona que Dios mismo le crea como compañera. Es este sentir siempre la pérdida o el que aún no se ha completado o realizado como humano que le proyecta a entrar en el campo del deseo, el ser humano se vuelve como un ser hambriento siempre necesitando un acabamiento, un llagar a ese fin que desconoce pero que busca encontrar para poder satisfacer ese algo que no tiene pero que está en lo otro en lo que no es él pero que quizás lo pueda obtener en lo externo, ignorando que su complementariedad se encontraba dentro de él – no se está hablando de lo binario- pues es de él mismo que Dios le quita esa sensación de soledad.

Pero que es lo externo para estos momentos, ¿es acaso el ser humano, así como Adán que reconoce en la mujer, su ser otro? Pará el humanó posmoderno reconocerse ya no está en el otro sino en lo aquello, todo lo que en mi exterior me hace sentir necesario de mí, pero de manera rápida, cómoda y rápida, diseños de ropa rápidos, amigos rápidos, comodidad rápida, dinero fácil y rápido. Todo esto ha permeado en el ser -yo- de la persona convirtiéndolo en sujeto de lo inmediato, separándolo de su ser persona personal y compañero del que esta con él. El sujeto posmoderno se puede comparar al relato de los diez leprosos, (Lucas 17:11-19) donde la persona comprometida con su salud y su bienestar no se encuentra agradecida frente a la persona en la que encontró la salud que lo  hizo pertenecer de nueva cuenta a la sociedad – donde al parecer los nueve eran ciudadanos de Jesús-  salvo uno de ellos que irrumpe en el imaginario del deber hacer y su normatividad, pues lejos de agradecer al Dios en el templo como lo hicieron  los nueve, este regresa a reconocerse sanado y ayudado, frente aquel otro que lo ha curado, pues no encuentra contrariedad o negación de Dios al inclinarse ante Jesús.

Es en esta comparación que la persona responde frente a esta pandemia del COVID-19. Ella se encuentra ajena de lo que debiera de ser importante para él, donde lo personal es lo único que debiera de ser cuidado, porque el seguir la norma y mantenerse alejados de todo contagio es clave para evitar la propagación de este virus, pero que es en el alejamiento del otro donde ya no se siente correspondiente de él pues el otro es un riesgo que deriva en la pérdida total de lo que es el -yo- sano y que generaliza a lo -aquello- como un ser que es peligroso, ya no es Jesús el que nos puede ayudar a sanar la lepra pues ahora Jesús mismo es quien puede contagiar y  propagar el virus como todo aquel que no acate los límites de higiene ya que este dejara de estar impuro, porque es en la pureza donde se encuentra la garantía de no enfermar, no contagiar y morir.



Cunado Jesús cura a los diez leprosos les da indicaciones de ir al templo a dar gracias, pero es sólo en cuanto al extranjero que regresa a él y le agradece a Jesús que existe la responsabilidad de reconocer que lo que es lo -yo- de nada sirve sin lo que es el -aquel-, ¿será acaso que el humano se encuentra en el momento de su vida de tomar la decisión de alejarse del humano he ir al templo?  en qué sentido; en el que sí Jesús es el camino la verdad y la vida y el individuo sigue caminando hacia ese ser personal pero egoísta o placentero y busca el ser y estar bien que va encaminado a él, y que es sólo una sola persona reconoce el verdadero camino que es  Jesús, entonces retorna a su encuentro por que el reconocer el camino es entrar en la comunión con el todo, - si se está buscando ganarlo todo-.

Entonces ¿qué es lo que en realidad busca el humano en este resguardo? Busca acabamiento, fin, que termine ya de una vez todo, que pase lo que sea, pero ya que termine de una vez, porque la falta de una economía sustentable dentro de la gran mayoría de los mexicanos  es débil, insuficiente este sólo desea que termine ya de una vez por todas este virus o que termine ya si es así con la persona misma porque cómo puede sobrevivir una familia sin empleos, que se encuentran serrados por protección de estos mismos y evitar el contagio.

Es entonces donde el que ha optado tomar  como camino a Jesús, se encuentra comprometido con el otro porque mientras los nueve que siguieron su camino al templo figurando así el acatamiento de una normativa socio religiosa se encuentra indiferente ante el que realmente le curó, pero es la decisión del extranjero ajeno del que no es, del diferente que se encuentra frente a Jesús quien le pregunta sí sabe que fue de los que estaban con él y se escucha la sinceridad del rehabilitado de no saber, pero que, si reconoce que el verdadero camino es aquel que en verdad le ha curado, aquella persona a quién se le llama Jesús. Por lo tanto el verdadero católico es aquel que sabe que el camino no se encuentra en la normativa de caminar al templo sino en el reconocer en el extraño en lo ajeno el verdadero yo, porque no son las indicaciones las que te lleva al Reino porque no se trata de tesoros en la tierra sino en hacer grandes riquezas en el cielo, - no se está diciendo que no se genere capital o bienes materiales, sino qué es lo que haces con ellos-  porque es más fácil que entre un camello en el ojo de una aguja, que un rico lo haga, porque el verdadero católico sabe que lo primero es el compañero, el otro, el ajeno, que se debe de hacer con otros lo que se desearía que se hiciera con uno, porque en la promesa del reino sabe que esta su recompensa, ya que en el devorar en conciencia y nutrir el alma es en Jesús, en aquel que cuando tuvo sed le diste de beber, tuvo hambre y lo alimentaste, tuvo frio y le cobijaste, estuvo preso y fuiste a él, enfermo y lo visitaste, y que no está en fagocitar los bienes o en alejarse de todo lo ajeno, ser alimentado por el miedo por el desprecio por la ira por la indiferencia, una locura pandémica fagocita individualizada en lo anti católico. ¿Qué hubiera sido de las personas a quienes se le ha canonizado y que su labor estuvo en función a estar con enfermos de lepra o de alguna peste de su tiempo y que murieron a causa de esto si se hubieran mostrado indiferentes a las personas que padecían? no existirá el testimonio de lo que espera ¬el católico, porque lo que hace envida tiene distinto significado en lo supra terreno, o ¿será acaso que ha dejado de confiar y de desear los bienes celestiales por encima de los terrenales? Este es el momento de saber el significado de lo que es el camino la verdad y la vida.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |