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5 de mayo de 2020

Sé mi oveja, yo soy tu Pastor
Santo Evangelio según san Juan 10, 22-30. Martes IV de Pascua


Por: H. Miguel Ángel Pastrana, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, gracias por el regalo de estar aquí, ayúdame a estar con todo el corazón.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se los he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús en el Evangelio parece estar angustiado. Cuando lo rodean los judíos, curiosos por saber si Él es el mesías, Jesús ve que están sedientos, hambrientos y perdidos como ovejas sin pastor. Ellos buscan con desespero al mesías y quieren ver en Jesús al salvador. Pero ¿qué pasa? Ellos no creen. Pero ¿por qué? Quizá porque están aferrados a su concepción de mesías, o porque tienen miedo, o quizá no entienden que tienen a Dios enfrente. Y Jesús se pone triste y angustiado porque no creen. Él quisiera darles todo, llamarlos por su nombre, conducirlos a aguas tranquilas, sanar sus cuerpos y sus almas, y al final dar su vida por su salvación.

Hoy, Jesús te habla al alma y te dice: «Quiero encontrarte. Quiero sanarte. Quiero darte una vida feliz y plena». Escúchalo que te llama por tu nombre. Y sólo te pide que confíes.

Si bien no es fácil ponerse en manos de Dios en todo momento, por lo menos dile ahora que confías, que crees en Él. Háblale de lo que tienes en el corazón. Y escucha con el oído del alma cómo te dice lo que necesitas oír. Ponle en sus manos lo que te preocupa, y lo que te hace feliz. Invítalo a formar parte de toda tu vida. Dile que Él es tu mesías, tu salvador.

«En el Evangelio de hoy, Jesús se presenta como el verdadero Pastor del Pueblo de Dios. Habla de la relación que lo une a las ovejas del rebaño, es decir a sus discípulos, e insiste en el hecho de que es una relación de conocimiento recíproco. “Mis ovejas ?dice ? escuchan mi voz y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás”. Leyendo atentamente esta frase, vemos que la obra de Jesús se expresa en algunas acciones: Jesús habla, Jesús conoce, Jesús da la vida eterna, Jesús custodia. […] Ahora nos dirigimos a María, Madre de Cristo, el Buen Pastor. Ella, que respondió con prontitud a la llamada de Dios, ayude en particular a todos los que están llamados al sacerdocio y a la vida consagrada para acoger con alegría y disponibilidad la invitación de Cristo a ser sus colaboradores más directos en el anuncio del Evangelio y en el servicio del Reino de Dios en nuestro tiempo».
(Regina coeli de S.S. Francisco, 12 de mayo de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscaré repetir una jaculatoria para acordarme que confío en Dios y creo en Él.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.







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