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Consejos de las monjas de clausura para vivir la cuarentena por COVID-19
Dos religiosas comparten la forma en que ellas han encontrado una vida plena dentro del aislamiento.


Por: Cynthia Fabila | Fuente: Desde la Fe



Estar en cuarentena en casa ha sido un proceso difícil para muchas personas. De una semana a otra las actividades cotidianas cambiaron debido a la pandemia por coronavirus COVID-19, y ahora el día a día se hace entre cuatro paredes. Pero hay un grupo para quienes esto es normal y es una elección: las monjas de clausura.

Es por ello que preguntamos a las hermanas de la Orden de la Inmaculaa Concepción y a las Clarisas de la Orden Franciscana, ¿cómo vivir esta cuarentena en casa? y sacar el lado positivo a esta situación.

Aprender a reorganizarse
La hermana Yazmín de María Cruz pertenece a la Orden de la Inmaculada Concepción en la Ciudad de México.

“Nosotras lo vivimos con normalidad (el aislamiento) porque nuestra vida transcurre aquí adentro. Y entre la oración, nuestras responsabilidades y cosas personales, se nos va el día rápidamente; sin embargo, la cuarentena también nos afectó, pues nos dedicábamos a hacer hostias, y otras actividades para subsistir, y ahora nos hemos tenido que reorganizar”, comenta.

Si bien este “encierro” es normal para las monjas de clausura, para las familias no lo es, pero a su consideración, puede ser un periodo de gracia.



“Es una oportunidad para conocer otras culturas o aprender cosas nuevas, para restaurar la comunicación en las familias y con Dios, para construir un buen ambiente familiar, para sanar el cuerpo y para descansar”.

Fluir conforme la situación
Por su parte, la madre María Teresa Ruíz Angulo de las monjas clarisas franciscanas, comenta que tanto las religiosas como los sacerdotes están acostumbrados a obedecer y a fluir conforme se van dando las situaciones en su vida.

A la gente le cayó de peso la cuarentena, pues están acostumbrados a ir y venir, y piensan que tienen el control de todo, pero no es así. Sólo Dios decide si ‘se mueven las cosas o no’. Además, la mayoría de las personas no están acostumbradas a platicar con Dios, lo cual, es un paso necesario para aceptar esta nueva forma de vida que va a tener todo el mundo”.

Tiempo para estar con Dios
Las monjas clarisas tienen una vida contemplativa, es decir, es decir, dedican varias horas de su día a estar con Dios.

Hacer oración es parte de nuestra vida diaria, es nuestro alimento y nuestra fuerza para llevar el día a día. Tenemos nuestras actividades diarias como el aseo, la comida, lavar, entre otras cosas que todo el mundo hace; sin embargo, desde que nos levantamos nuestro día se lo ofrecemos a Dios y tratamos de hacer las cosas con y por amor”, explica.



Evitar demasiado “ruido de afuera”
Sor Yazmín advierte de la necesidad que estar informados de la situación de la pandemia; no obstante, por salud mental, no hay que sobreexponerse a tanta información, asegura.

“Es necesario prestar atención al tiempo que la familia pasa frente a la televisión, o en sus dispositivos móviles, pues esto puede generar ansiedad, miedo o desesperanza, también son horas mal invertidas, pues el estar atento a otros medios se termina descuidando a la familia”.

Por otra parte, la madre Tere -como llaman cariñosamente a la madre María Teresa Ruiz- asegura que sí se mantienen informadas, pero con medida; ellas siempre tratan de que el “ruido del exterior” no les afecte en sus rutinas.

Vivirlo en libertad
Sor Yazmín comenta que podemos ver este confinamiento como una oportunidad para un autoconocimiento, ver hacia uno mismo y ver qué se puede aprender o qué cosas se pueden enseñar a los niños.

Asegura que depende de cada persona cómo toma este tiempo, pues para unos puede ser una tortura, trauma o frustración, pero para otros será una época de crecimiento en todos los sentidos.

“Esta cuarentena puede quedar en las memorias de las familias como un tiempo que pudieron conocerse, compartir juntos y en el que pudieron acercarse más a Dios y a su fe. Es necesario que no se centren en la idea de que no pueden salir. Hay que verlo como una decisión, que se toma con libertad, elegir estar adentro por un bien mayor”.

“Las monjas de clausura no estamos dentro porque el mundo no fuera bello o no lo quisiéramos, sino que optamos por un bien mayor, por el Sumo Bien”.

¿Se prepararon para la clausura?
Sor Yazmín no tuvo ninguna preparación para la clausura. Asegura que todas las hermanas del Real Monasterio de Jesús María experimentaron miedo a lo desconocido e incertidumbre, pues no sabían de qué se trataba o lo que encontrarían.

“Pero uno mismo va descubriendo que estar en el “encierro” no es malo, pues encontramos la riqueza de la convivencia, la fraternidad, la unión, nuestras virtudes y valores como personas y religiosas. También nos damos la oportunidad de conocer nuestras historias de vida, nuestros gustos y nuestros defectos”.

“Aquí, en el monasterio, aparentemente pareciera rutinario, pero no lo es. El día a día es dinámico e impredecible, pues cada una de las hermanas aportamos nuestras experiencias y cualidades con un sólo objetivo: Dios y la salvación de las almas. Las familias tienen la oportunidad de sacar provecho del día a día, en unión y bajo el amparo de Dios”.

Para la madre Tere, el día dentro del monasterio pasa como “agua”, pues las actividades diarias absorben su tiempo. “Nosotras comenzamos desde la 5:00 de la mañana nuestras actividades, tenemos horarios para comer, orar y hacer nuestras actividades cotidianas, incluso, tenemos un receso diario. Para todo hay tiempo, y sabemos valorar cada minuto que Dios nos da”.

Una gran labor
Tanto para las concepcionistas y las clarisas franciscanas la oración es parte fundamental de su misión de vida y a diario rezan por la humanidad para que la pandemia llegue a su fin.

“Los rezos y las oraciones son una manera de comunicarnos con Dios, la Virgen y Jesús, en Ellos encontramos el consuelo a nuestros problemas”, asegura la madre Tere.

Añade, que cuando la gente acostumbra a orar por la mañana y la noche, tendrá un mejor discernimiento para sortear los retos de la vida cotidiana, sobre todo, en esta cuarentena obligada. Además llama a hacer las tareas con amor y con un propósito: el servicio a la familia y a Dios.







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