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Ver la salida del túnel
Uno desea llegar pronto a la salida para ver paisajes.


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



El tren avanza veloz. A los lados se estrecha el valle. Las colinas se acercan. Las paredes se levantan. De repente, un fuerte golpe de viento y todo es oscuridad. Hemos entrado en el túnel.

Si el túnel llega en una carretera o autopista, podemos estar mejor preparados para el ingreso: anuncios nos avisan, la boca negra se acerca inexorablemente: pronto estaremos allí dentro.

En la vida suceden hechos que poco a poco nos presagian la entrada en un túnel. Rencillas en el hogar. Problemas en el trabajo. Impuestos que asfixian. Gobernantes incompetentes.

Cuando las dificultades se han agigantado, entramos en un túnel. Como en el viaje de tren o de coche, en el exterior domina la oscuridad. Sabemos que hemos entrado. Esperamos salir lo más pronto posible.

Ocurre que hay túneles largos. Uno desea llegar pronto a la salida para ver paisajes, para contar postes, para fijarse en cultivos o en bosques, para calcular si vamos más rápido o más lento que los coches cercanos.



Cuando menos se espera, o tras algún indicio esperanzador, llegamos a la luz del día. El corazón se ensancha. Hemos salido del túnel.

Pero en ciertas situaciones de la vida, tras entrar en un túnel de problemas, los días pasan y no vemos señales de que nos acercamos al fin de lo que nos oprime, a la salida que alivie el alma.

Santa Teresa de Jesús comparaba la vida como una mala noche en una mala posada. Podríamos decir que a veces se parece a un túnel en el que entramos casi sin darnos cuenta y del que deseamos salir cuanto antes.

De repente, aparecen señales de que estamos cerca del final del túnel. El corazón siente un impulso de alegría. Brillará la luz. Esta crisis, esta epidemia, este despido, esta sequía, terminarán.

Entonces haremos fiesta. Una fiesta provisional, si es en esta vida, porque continuamente entramos en nuevos túneles. Una fiesta que será eterna, cuando, al llegar la hora de la muerte, sepamos acoger la misericordia y ser recibidos por un Dios que es bueno y que abraza a quienes han sabido vivir el Evangelio...









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