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19 de junio de 2020

Un corazón de niño que confía y ama
Santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30. Viernes del Sagrado Corazón de Jesús


Por: César Adrián Hernández Morales, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El corazón de Jesús es el corazón de un hijo. Es un corazón que ama a su Padre, con quien vive unido permanentemente. Jesús y el Padre viven unidos en el amor que se tienen.

Cristo ha venido a revelarnos ese amor hacia el Padre. Ha venido a revelarnos su corazón de hijo para transformar el nuestro en el de un hijo amado del Padre. Él quiere revelarnos el amor del Padre. Quiere hacernos experimentar el interés que tiene el Padre por nosotros.

Sólo en el amor del Padre podremos encontrar verdadero refugio y descanso. Pero para poder sentirnos hijos y poder sentirnos amados por el Padre, necesitamos un corazón humilde como el de Jesús, un corazón de niños.

Necesitamos el corazón sencillo de un niño pequeño que se reconoce necesitado de la ayuda de su Padre, no el de un adulto que se cree independiente y capaz de hacer todo por su cuenta. Para poder experimentar el amor del Padre tenemos que ser humildes, a ejemplo de Jesús. Tenemos que ser humildes y reconocer que no podemos solos, que estamos fatigados y agobiados por la carga, que necesitamos la ayuda de nuestro Padre.

Si vivimos unidos al Padre, con un corazón de hijo, jamás nos sentiremos solos y abandonados, porque el amor del Padre siempre estará con nosotros. Entonces jamás nos volveremos a sentir agobiados, porque el amor del Padre nos sostiene.

«Jesús alaba al Padre porque escondió el Evangelio a los sabios y doctos y lo reveló a los pequeños. Los pequeños confiesan sus pecados de forma sencilla, dicen cosas concretas porque tienen la sencillez que Dios les da. También nosotros debemos ser sencillos y concretos y confesar nuestros pecados con humildad y vergüenza concretos. Y el Señor nos perdona: debemos dar el nombre a los pecados. Si somos abstractos al confesarlos, somos genéricos, terminamos en las tinieblas. Es importante tener la libertad de decir al Señor las cosas como son, tener la sabiduría de la concreción, porque el diablo quiere que vivamos en el gris, ni blanco ni negro. Al Señor no le gustan los tibios. La vida espiritual es simple, pero nosotros la complicamos con matices. Pidamos al Señor la gracia de la sencillez, la transparencia, la gracia de la libertad y de conocer bien quiénes somos ante Dios».
(Homilía de S.S. Francisco, 20 de abril de 2020, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer una comunión espiritual o visita al Santísimo agradeciendo a Jesús por revelarme el amor del Padre y pedirle que me dé un corazón de hijo como el suyo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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