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9 agosto de 2020

La oración y la fe
Santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33. Domingo XIX del Tiempo Ordinario


Por: Francisco Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que pueda amarte para querer estar contigo en momentos de dificultad. Que desee estar solo contigo. Ayuda mi fe para que crezca cada día más y me pueda apoyar en ti siempre, sin dudar.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

No debemos tener miedo de la soledad porque nos puede hacer mucho bien el aprender a estar solos. Es un momento en el que se puede crecer en conocimiento personal y, así, reconocer quiénes somos en lo más profundo de nuestro ser, hijos amados del Padre. Seguramente así eran las oraciones de Cristo, me lo imagino como un niño en presencia de su padre; cada vez sería distinta y siempre con toda la confianza de un hijo que sabe que su padre lo ama infinitamente.

Confiar en Dios significa verlo a lo largo de nuestro peregrinar, especialmente en los momentos oscuros y de dificultad. Señor, ¿eres Tú? Nuestra mente puede que no lo vea, pero nuestro corazón no nos mentiría. Debemos estar seguros que Dios está ahí y que nos sale al encuentro cuando lo necesitamos. San Pedro le pide una señal, pero fue una prueba de su fe porque terminó cayendo en el agua y Jesús lo sacó cuando se estaba ahogando.

Muchas veces Dios nos pedirá que estemos ahí en momentos que nos necesiten los demás para sacarlos de los aprietos en los que se encuentren. Esta es una tarea hermosa porque seremos como Cristo ayudando a la fe de los demás, seremos instrumentos de la gracia de Dios para que pueda llegar a las personas.

Una forma en la que podemos ver cómo está nuestra fe es preguntarnos cómo vemos a Dios en el día a día y si confiamos en que Él será nuestro sostén a través de nuestras pruebas más difíciles. Se puede ver a Dios de diferentes formas dependiendo de lo que tengamos a nuestro alrededor o lo que nos surja en el camino, como también las personas con las que nos relacionamos. Creer en Dios es confiar que nos ayudará como nuestro padre cuando lo necesitamos.

«Habían tenido la misma experiencia en el lago cuando Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. Pero en ese momento Pedro, haciéndose valiente, apostó por el Señor, dijo: “Si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas”. Este día Pedro estaba callado, había hablado con el Señor esa mañana, y nadie sabe lo que se dijeron en ese diálogo y por eso estaba callado. Pero tenían tanto miedo, estaban turbados, que creyeron haber visto un fantasma. Pero él les dice: “¿Por qué os turbáis? ¿Por qué alberga dudas vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies...”, les muestra las llagas. Ese tesoro que Jesús llevó al cielo para mostrárselo al Padre e interceder por nosotros. “Tocadme y mirad; un fantasma no tiene carne ni huesos”. Y luego hay una frase que me da mucho consuelo y por eso, este pasaje del Evangelio es uno de mis favoritos: “No acababan de creérselo a causa de la alegría...”, aún y estaban llenos de asombro, la alegría les impedía creer. Era tanta la alegría que “no, esto no puede ser cierto. Esta alegría no es real, es demasiada alegría”. Y esto les impedía creer. La alegría. Los momentos de gran alegría. Estaban desbordados de alegría, pero paralizados por la alegría».
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de abril de 2020).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Poner con confianza mi día en las manos de Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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