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31 de agosto de 2020

Dios quiere ayudarme con su presencia y acción en mi vida
Santo Evangelio según san Lucas 4, 16-30. Lunes XXII del Tiempo Ordinario


Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Dios, Tú que conoces mi miseria y lo que necesito, ayúdame a confiar en ti; aunque todo esté en contra, ayúdame a poner mi vida con todas mis heridas en tus manos, y ayúdame a dejar que Tú me llenes el inmenso deseo de amor que tengo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías y, lo desarrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír”.

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?”.

Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm’".

Y añadió: “Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”.

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Piensen en lo que más quieren pues Dios, a quien le encanta vernos felices como buen padre, nos lo quiere dar porque nos ama. ¿Alguna vez han pensado cuál es la cosa que Dios quiere más? Lo que más me impresiona de los deseos de Dios es que se preocupa tanto por nosotros, sus hijos. Si estamos tristes Él está ahí para consolarnos, si nos sentimos perdidos o cansados nos ayuda a liberarnos de toda preocupación y abrazar su camino que es suave y llevadero, pero no puede hacer nada de esto si no le dejamos. Él respeta nuestra libertad. Hay que abrirle la vida a Cristo para que nos haga los milagros que necesitamos en nuestras vidas. Su sola presencia ya hace mucha diferencia. Es muy hermoso ver cómo gente pone imágenes religiosas u objetos de devoción en sus coches, casas, aparatos electrónicos, etc., porque no son solo adornos bonitos, sino que son como ventanas al cielo y puentes por los que puede pasar la gracia. El solo hecho de ver estos objetos nos sirve como recuerdo de las realidades que nos trascienden y nos recuerdan el cielo que es nuestro último destino. Y aún más nos hacen presente el misterio de Cristo, es como si Él nos hablara y dijera, «estoy aquí», «soy real».

Cristo es un Dios de personas concretas. En la Biblia leemos historias de gente con nombre a la cual, cuando está en apuros, Dios sabe cómo ayudarlos. Dios se presenta para dar su gracia a través de intermediarios humanos. Así como una buena comida no se hace sola, sino que para ser algo rico se necesita una persona que sepa cocinar bien, Dios se nos presenta a través de las personas que nos rodean, nosotros nos tenemos que poner los lentes de la fe para verlos.

Pidámosle al Señor que nos abra los ojos para descubrir su presencia y ayuda en nuestras vidas.

«Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”. Participamos con Jesús de su pasión, nuestra pasión, para vivir también con Él la fuerza de la resurrección: certeza del amor de Dios capaz de movilizar las entrañas y salir al cruce de los caminos para compartir “la Buena Noticia con los pobres, para anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”, con la alegría de que todos ellos pueden participar activamente con su dignidad de hijos del Dios vivo. Todas estas cosas que pensé y sentí durante este tiempo de pandemia quiero compartirlas fraternalmente con ustedes para ayudarnos en el camino de la alabanza al Señor y del servicio a los hermanos. Deseo que a todos nos sirvan para “más».
(Carta de S.S. Francisco, 30 de mayo de 2020).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Leer Isaías 26, 4-5 y reflexionar en cuánto confío en el Señor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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