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13 de octubre de 2020

La importancia del discernimiento
Santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41. Martes XXVIII del Tiempo Ordinario


Por: José Alberto Rincón, LC | Fuente: www.somosrc.mx



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, abre mi entendimiento para conocer las motivaciones de mi corazón.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.

Pero el Señor le dijo: “Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Este pasaje evangélico está imbuido del sentido del discernimiento. Discernir es ponderar algo delante de Dios, meditar qué es lo que más me acerca a Él, descubrir cuál es su plan para mí aquí y ahora. Lo vemos ya en el primer enunciado. Un fariseo ha invitado a Jesús a comer. Pareciera algo sin mayor relieve. Pero ¿qué hay detrás?

Sabemos que Jesús no era bien visto por los fariseos. Ellos eran expertos en la ley, sus fieles observantes. Muchos encuentros poco amistosos se dieron entre ellos y Jesús. Cuando leemos más adelante, caemos en cuenta que probablemente lo invitó para ponerlo a prueba. ¡Ahí está el discernimiento! ¿Qué había en el corazón de ese fariseo? ¿Buscaba conocer a Jesús con corazón abierto, o más bien trataba de hacerlo encajar en lo que él creía que debía ser su comportamiento?

No es de extrañar que le sorprenda que Jesús no observe las tradicionales abluciones judías. Aquí vemos las consecuencias de un espíritu que no ha discernido bien, que se ha dejado llevar por sus intereses y no por los planes de Dios. En vez de permitir a la gracia obrar, ha quedado encerrado en sus categorías humanas.

El llamado de Jesús nos ayuda a entender cómo es que debe llevarse el discernimiento. Limpiar el interior, que el exterior quedará limpio en consecuencia. Dicho de otro modo: hay que despojarse de uno mismo –de nuestras ideas y expectativas– no porque no sean buenas y deseables, sino porque las de Dios lo son más. Quien está lleno de sí mismo, jamás encontrará espacio para acoger la voz de Dios.

«También en este caso existe corrupción, precisamente como aquellos doctores de la ley se vuelven corruptos por resaltar solo la apariencia y no aquello que está dentro. Corruptos de la vanidad, del parecer, de la belleza exterior, de la justicia exterior. Se han vuelto corruptos porque se preocupaban solo de limpiar, de embellecer el exterior de las cosas, no iban dentro: dentro está la corrupción. Como en los sepulcros. Por lo tanto, estos paganos se volvieron corruptos porque cambiaron la gloria de Dios, que habrían podido conocer por la razón, por los ídolos: la corrupción de la idolatría, de tantas idolatrías. Y no solo las idolatrías de los tiempos antiguos, también la idolatría del hoy: la idolatría, por ejemplo, del consumismo; la idolatría de buscar un dios cómodo».
(Homilía SS Francisco, 17 de octubre de 2017 en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy buscaré acallar el ruido que puede haber dentro de mí, y en un momento de oración pediré a Dios que haga resonar su voz en mi corazón, para gustar su voluntad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.




Reflexión de Mons. Enrique Díaz en audio:





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