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El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido
Meditación al Evangelio 17 de noviembre de 2020 (audio)


Por: Mons. Enrique Díaz | Fuente: Catholic.net



El Apocalipsis en las cartas dirigidas a las ciudades, presenta una bella imagen del Señor: “Mira que estoy aquí, tocando a la puerta; si alguno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos”.

San Lucas ratifica esta expresión en el encuentro de Zaqueo con Jesús que nos presenta el mensaje central del evangelio: “El Hijo del Hombre ha venido a  buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Desde el comienzo de su misión nos ha anunciado que hoy se cumplen las palabras que anunciaban salvación y después en cada una de sus acciones se va manifestando cómo ha venido a brindar la esperanza, amor y perdón a todos los que estaban ciegos, marginados u olvidados por distintas razones. ¿Zaqueo olvidado y marginado?

Las mismas actitudes de Zaqueo y sus palabras nos lo manifiestan así. Grande e importante por su poder y su dinero pero pequeño e insignificante que necesita de riquezas que vengan a darle valor a su persona. Pero ahí precisamente está su equivocación. Ahí es donde ha perdido su verdadera misión y su verdadero objetivo.

Cuando propone restituir a todo aquel que haya defraudado, nunca imagina que su principal fraude es con él mismo y con su misión frente a Dios. Ha fallado en el objetivo y en la misión para la que fue creado y se ha entregado con dedicación a formarse una “falsa identidad” que se sostiene en las cosas materiales cuando él fue creado para ser grande pues fue hecho para ser imagen y semejanza de Dios. Y ahí es donde tiene mayor sentido su conversión.

Precisamente lo que propone: dar generosamente, cuadruplicar lo que defraudó, es cuando empieza a entender que el amor trae más felicidad que el egoísmo; y que la generosidad proporciona más alegría que la avaricia. Ha hecho realidad lo que se había iniciado con una simple curiosidad. Ha abierto su casa y ha entrado Jesús, se ha sentado a la mesa y ha compartido con él la salvación. Ahora inicia ese proceso de conversión.



Abramos nuestra casa a la presencia de Jesús. Miremos si hemos defraudado a alguien o si nos hemos defraudado a nosotros mismos, e iniciemos el camino de conversión, el camino de retorno para ser verdadera imagen de Dios.








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