Menu


Tómale de la mano
Demos la mano, tomemos la mano de quien lo necesita.


Por: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net



Las manos son un gran símbolo de la humanidad, por muchas razones, pero lo son porque la mano es la más importante extensión del cuerpo. Con la mano alcanzamos a otras personas, y eso es muy significativo, además de realmente útil. “Dame una mano”, es la forma de pedir ayuda. Dar la mano es una forma de decir muchas cosas cuando tratamos a los demás. Imponer las manos es un acto de gran significado. Hasta el simple saludo tiene valor.

Así, tomemos de la mano a un niño para ayudarle a caminar, o a hacerlo con nuestro apoyo. El niño que responde a la mano tendida de quien lo quiere, la toma con gusto, con seguridad. Dar la mano a un niño es un acto natural para ambos, quien la da y quien la recibe, o del niño que la pide y de quien se la da.

Lo mismo pasa con los ancianos u otras personas débiles, como los enfermos, hay que darles la mano para ayudarles a moverse si lo van a hacer, para caminar juntos, o simplemente como una gran manera de trasmitir afecto, amor. Tomar de la mano a quien acompañamos: padres, hijos u otras personas queridas, es la gran manera de decir, sin pronunciar palabra: estoy contigo, me interesas, te quiero.

Algo curioso, muchas veces damos o tomamos la mano de alguien que lo necesita, sea para moverse con más seguridad, o como señal de afecto, lo hacemos sin reflexionar, en automático, nos sale del corazón. Pero si reflexionamos le damos mayor valor, hacemos consciente nuestro acto de cariño o hasta de sola simpatía. Eso nos permitirá decir a Dios “gracias por darme esta oportunidad de hacer sentir mejor a alguien”. Cuando damos la mano a quien lo puede necesitar, y lo hacemos no como simple apoyo humano, sino como un acto consciente de caridad, le damos mayor valor ante el Señor.

En ocasiones, se toma de las manos a quienes se acompañan al hacer oración, para hacer más patente el propósito de orar unidos al Señor.



Demos la mano, tomemos la mano de quien lo necesita, sea por razones de movilidad, equilibrio, seguridad, como por muestra de apoyo del corazón, como a un enfermo encamado, o a quien llora la muerte de una persona cercana. Demos así la mano, con intención de caridad, y el Señor nos tomará de la mano cuando lo necesitemos. Su mano siempre estará a nuestro alcance, alzamos la nuestra y encontramos la Suya, espiritualmente.







Compartir en Google+




Consultorios
Reportar anuncio inapropiado |

Más información aquí