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Cuando matan a una mujer, morimos todos paulatinamente como sociedad
El verdadero trasfondo viene de los hogares desunidos y destruidos.


Por: Ing. Marlon José Navarrete Espinoza | Fuente: Catholic.net



Estamos ante un teatro del horror donde los crímenes contra las mujeres de toda edad son cada vez perpetrados con más odio, mayor saña y descarado sadismo. La antesala es la violencia institucionalizada por la indiferencia de las autoridades o por el mal ejemplo de regímenes totalitarios que no sienten el menor remordimiento frente a tal aumento de asesinatos contra indefensas mujeres.

El verdadero trasfondo viene de los hogares desunidos y destruidos en los que la agresividad es el pan de cada día. Si a los niños desde muy pequeñitos no se les enseña a respetar y ser amables con las niñas y las damas, pero más bien les hacen creer que pueden levantarles la mano para violentar su integridad física y moral; es cuando empieza el camino de ver pronto a futuros asesinos de mujeres, violadores, apaleadores y abusadores que no se detendrán porque creen tener impunidad ante la sociedad y la ley, es la cultura de la agresión donde el más agresivo infunde más temor y siente poder.

Pero las mujeres deben tomar sus propias precauciones para mantenerse a salvo ante tanto atentado de la misma sociedad violenta y agresiva contra su existencia. Las niñas y las jovencitas no deben jamás aceptar invitaciones de extraños o individuos sospechosos con malas intenciones. No acepten salir con desconocidos e incluso amigos y familiares con los que no tienen la suficiente confianza, puesto que no saben las verdaderas intenciones en la mente de sus posibles verdugos. En el noviazgo fijarse si su pareja tiene rasgos violentos e impulsivos o les mienten demasiado. Entonces es mejor alejarse a tiempo antes que sea tarde. También lo mejor es no salir solas a exponerse, es mejor con varias amigas o parientes y llamar constantemente a sus padres para decirles dónde están. La seguridad de la vida nunca será demasiado exigente. El machismo nos impide a los hombres reconocer que cuando una mujer dice que No, hay que dar la vuelta y dejarla ir para que siga su vida y cada cual su propio camino, pero no aferrarse a lo imposible para evitar una tragedia que destruirá sus vidas para siempre.

Todo esto no implica ni en lo más mínimo, que en general los hombres son terroríficamente malévolos y agresivos violentos contra las mujeres  a como el feminismo radical pretende hacer creer en una corriente de opinión también impregnada de complejos, amargura, odio y resentimiento contra los hombres. Ambos sufren por igual porque son seres humanos con sentimientos, el dolor y la pena no son exclusivos de la mujer, también lo son del hombre aunque no lo demuestre en público. Ambos lloran cuando pierden lo que más aman en esta vida. Igualmente es innegable que hay mujeres que convierten en un verdadero infierno la vida de sus maridos o parejas. La tiranía del machismo hiere y ofende la dignidad de la mujer y la tiranía del feminismo ofende y lastima al hombre. La sociedad no puede seguir siendo tan ciega.

La mujer es la sinfonía de la belleza en el universo del hombre. Es su jardín de pureza intocable e incorruptible donde descansa su dicha y cuida con esmero su colorida forma de virtudes.



La mujer es perfume de la vida, himno de sueños y destierro de la amargura. Historia de esperanzas que aplastan el desencanto, es frágil delicadeza y a su vez poderosa voluntad que labran el porvenir con manos y caricias hasta llegar al llanto secreto en el penitente horizonte de su ser noble. Ella es raíz del pasado y del futuro con flores de inagotable manantial de trabajos y sacrificios escondidos. Cuando su voz viaja de regreso al silencio, se seguirá escuchando en los aires el ejemplo de su testimonio y aún cuando todo el tiempo haya pasado, seguirán palpitando sus enseñanzas que replicarán en cada niño que se vuelve adolescente y luego un adulto y sus lecciones vivirán en cada estudiante que llega a ser un profesional con honor y ética, honestidad y valores. Su linaje se esparce como el aroma de un canto callado. Una gran mujer hace que el discurso del odio se desvanece con las caricias del amor.

En este tiempo de tanta maldad, falsedad, hipocresía y derroche de mala fe; se hace imprescindible valorar a la mujer como el ser más puro sin la contaminación del veneno de lo miserable. A la mujer se le cuida y protege, no se le mata ni se le pega o agrede su dignidad y honor. Eso hace un verdadero hombre que se aprecie de serlo, porque todos nacimos de una mujer y amamos por una mujer.

Si DIOS creó a la mujer, es porque iba a tener las virtudes de que carecía el hombre para acompañarlo, no para ser subyugada, maltratada o esclavizada.







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