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Año de San José
José aceptó y asumió la paternidad legal de Jesús.


Por: Ricardo Ramirez | Fuente: Academia de Líderes Católicos



Este año el Papa Francisco nos ha invitado a mirar la figura de San José con ocasión del 150° aniversario de su nombramiento como Patrono de la Iglesia universal. En tiempos tan difíciles como los que vivimos, nos ayuda a observar la realidad, a callar y a ponernos en las manos de Dios frente a las dificultades y a las incertidumbres.

De San José sabemos que fue el esposo de María, un humilde carpintero (cf. Mt 13,55) y un «hombre justo» (Mt 1,19), que estaba dispuesto a responder a la voluntad de Dios. José vio nacer al Mesías en un pesebre, observó cómo la humildad de los pastores visitaba al Rey de reyes y cómo los Reyes Magos se hacían humildes ante la humildad de un Niño(cf. Lc 2,8-20;  Mt 2,1-12). José aceptó y asumió la paternidad legal de Jesús, además de permanecer en Egipto para protegerlo de Herodes. Fue capaz de cambiar todos sus planes por cumplir la voluntad de Dios; se quedó en las sombras y en el silencio, porque “supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida” (Francisco, 2021). Su grandeza fue ser esposo de María y padre de Jesús. Con ello nos enseña que aquellos que se quedan en “segunda línea” también son protagonistas en la historia de la Salvación. San José le enseñó al mismo Dios a caminar, a trabajar, a relacionarse con los demás. Jesús tiene que haber visto de su padre en la tierra cómo hacer la voluntad del Padre de todos que está en los cielos.

Es inmenso el cariño del pueblo de Dios por san José, que se demuestra en el gran fervor que se le tiene y en el cariño de los Papas que lo han nombrado Patrono de la Iglesia Católica, de los trabajadores y Custodio del Redentor. También invocado “como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos” (Francisco, 2021). De él podemos imitar cómo amar a Jesús y a María. Así también, la importancia del trabajo, puesto que fue un carpintero honesto que llevaba el sustento a su familia, mostrando a Jesús “el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo” (Francisco, 2021).

José nos enseña en la fe, nos enseña que Dios “puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad” (Francisco, 2021). Porque supo de angustias, pero supo confiar y ser paciente, para superar con obediencia sus incertidumbres. Cuando Dios le expresaba su voluntad por medio de sueños, José pudo haber sembrado pánico en María, pero, sin embargo, infundió paciencia, esperanza y protección, mostrando con su vida la misericordia y la ternura de Dios.

Vivimos tiempos en que parece que no encontramos un rumbo, parece que lo malo y la desgracia ha de ser irreversible y se hace difícil encontrar esperanza de que la tribulación pasará. Nos olvidamos de que “Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas” (Francisco, 2021). En José vemos una fe que no busca atajos, que la asume en primera persona con valentía creativa ante las dificultades, mostrando que Dios actúa “a través de eventos y personas”. (Francisco, 2021). Dios le dijo a José: «hijo de David, no temas» (Mt 1,20). Dios en medio de esta pandemia nos ha dicho lo mismo y nos pone a José como Padre de la Iglesia que nos protege como lo hizo con Jesús. Ante todo, con la esperanza que San José nos mira con corazón de Padre imploremos juntos: “Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la  vida”. Amén.









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