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Lo que Dios nos prodiga
La persona que recibe amor y no lo comparte, sufre indigestión.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



Con la misma generosidad que Dios tiene y nos da todo su amor, protección, cuidado, nos ofrece y nos proporciona lo necesario y suficiente, como a sus hijos más queridos. Ese gran amor es para que cada uno, de la misma forma, lo pongamos al servicio de los demás.

Ese Amor que Dios nos da, no es para que lo guardemos y lo usemos exclusivamente para nosotros egoístamente. “El hombre egoísta sólo piensa en él y no piensa en los demás. El verdadero hombre y la verdadera mujer, sabe perfectamente que él o ella es un regalo de Dios para los demás” (Mons. Francisco Javier Chavella Ramos, Arzob. De Toluca).

Cuando hablamos de amor, es el Amor que Dios nos da y que siembra con abundancia en nuestro corazón, y que debemos producir generosamente para los demás.

Prodigar, es dar con generosidad lo que se nos da para poner al servicio de todos.

Con la misma atención que Dios nos prodiga; así como cuidamos y protegemos a los niños, de la misma forma debemos compartir, dar confianza, apoyo, comunicación, buenos tratos, caricias, abrazos, apoyo, protección, comprensión, ayuda mutua y el calor del corazón a la pareja ¡Ese será el éxito! En el matrimonio.



Los niños sienten el calor del corazón, sienten el amor, se sienten amados y por eso se aferran a quien les ofrece seguridad y se afianzan a la persona.

Ambos esposos deben sentir y vivir el calor que brota del corazón, deben sentir y vivir el amor, deben sentirse amados con ese sentimiento y actitud de vivo afecto e inclinación y de esa forma se aferrarán, mantendrán con fuerza y convicción a quien les ofrece seguridad de pareja.

La pareja no es para usarla a nuestro servicio. Tener una pareja no es para ser servido sino para apoyarse y servirse mutuamente.

Cuando los niños se sienten rechazados, sienten indiferencia y desinterés, se alejan, la relación se vuelve fría, indiferente, apática. Se convierte en una convivencia obligada por necesidad y se buscará el distanciamiento, volviendo el ambiente hostil, frío y sin interés.

Todo ser humano, y en las diferentes etapas de la vida, necesita el amor como alimento para subsistir.



La persona que recibe amor y no lo comparte, sufre indigestión, se daña así misma, se vuelve antipática, soberbia, egoísta. La que no recibe amor, se vuelve solitaria, agresiva, desconfiada, suspicaz e inseguro. En cambio, el que recibe amor y lo comparte, es amable, alegre, optimista.

Amor es lo que brota del corazón, son las mejores actitudes que se transmiten y se hacen sentir a los demás.







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