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Reconocer errores y aceptar ayuda
Adquirir toda la capacidad de adaptación por convicción.


Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.net



¿Por qué habrá tanta adolescencia y juventud llena de odio, rencor y resentimiento? Dice el párrafo de una conocida canción: “Hay tanta adolescencia apresurada y tanta soledad arrepentida.”

Cuánta irresponsabilidad e inmadurez cuando una pareja tiene hijos sólo como producto de pasión desbordada y que en ningún momento importó planear el futuro de esos niños ¿Cuántas parejas en lo que menos piensan en el sano desarrollo, crecimiento y formación de cada uno de los hijos?

Peor aún, qué lamentable y sin pensar en las consecuencias, y como causa – efecto del orgullo y soberbia, de violencia intrafamiliar, por parte de ambos, deciden “tirar la toalla”, sin la menor preocupación, optan por la separación dejando a los hijos a la deriva sin importar a ninguno de los padres, el presente, los daños en el futuro de esos seres inocentes víctimas de las circunstancias. Los padres sólo se importan a sí mismos.

Y todavía, aún más grave, si alguno de los papás trae o adquirió por soledad o malas influencias alguna o varias adicciones con anterioridad o durante la convivencia, esto indudablemente denota graves problemas deteriorando la endeble relación de pareja.  El adicto, tiene en su contra mayor responsabilidad en el origen de los conflictos como consecuencia de sus mismos actos e impulsos provocados por la misma adicción o adicciones.

¿Cuántos padres no reflexionan que, con actitudes positivas o negativas, con el buen o mal ejemplo más que con palabras, con gritos, amenazas, regaños excesivos, violencia extrema a la pareja, están afectando la vida de seres humanos? Es totalmente inaceptable recurrir a la violencia verbal o física como una forma de desahogar la frustración personal y tal vez afectiva y sentimental. Cuando este tipo de comportamiento se admite la primera vez, después se vuelve costumbre nociva. Cuando no se pone un alto, una pareja terminará en la cárcel y otro en el cementerio. Una alternativa es la separación temporal voluntaria y ojalá no se llegue a la separación definitiva necesaria. Pero si todo llega a ser concluyente, si no pudieron ser una pareja madura, sean por lo menos unos excelentes padres y proporcionen a sus hijos una formación de calidad.



Si uno de los padres es víctima de adicciones, y los hijos menores de edad son cercanos a él, las consecuencias emocionales, afectivas y psicológicas son desastrosas en la formación de esos niños. No sólo se está destruyendo así mismo sino está deformando a los hijos

El adicto afirma estar solo, pero en realidad lo que busca es la soledad para recurrir a sus excesos, libertinaje e irresponsabilidad. Se siente acogido, apoyado, disfruta y recurre frecuentemente a la compañía de quienes comparten, manipulan y apoyan las mismas adicciones y comportamiento.

Cuando entre progenitores se usan y se desechan, de igual forma también a los hijos, se está viviendo el utilitarismo en plenitud y el mensaje a los hijos será de la cultura de lo desechable sin importar sentimientos o valores humanos. 

Hablemos de victimización, es cuando el individuo intenta engrandecer, exagerar, modificar los detalles de la historia con el fin de ser percibido como una víctima. Buscando a manera de chantaje, lástima y compasión, esta actitud es característica de la persona adicta.

No hay que vivir victimizándose y viendo únicamente los errores de los demás. No hay que justificarse, hay que corregir los propios defectos, evitar ser víctima de sí mismo, superar todo lo negativo y dejar que los demás se destruyan si así lo quieren.



El orgullo y la soberbia impiden agradecer y aprovechar la ayuda y el apoyo incondicional de personas que por afecto, parentesco, amistad y aprecio están al lado, con el único interés de volver a tener una persona dueña de sus actos y sentimientos, pero esas personas o esa pareja algún día se puede cansar y desanimar al ver que su esfuerzo es inútil porque no hay disposición de querer ser ayudado.

“Pero es importante considerar el punto de la manipulación. Los manipuladores suelen ser personas inseguras con baja autoestima. Pero sin embargo intentan la imagen opuesta. Sus temores e inseguridades son encubiertos bajo actitudes egoístas y dominantes…esto les lleva a ser rígidos, a juzgar a los demás, y hacer ver que sólo ellos tienen la razón o verdad absoluta” (www.psicologiamadrid.es).

La autosuficiencia parece una cualidad desde una óptica individualista pero en realidad es una carga que produce soledad 

Puedo hacerlo por mi cuenta … No necesito a nadie … No puedo confiar en nadie … Solo puedo confiar en mí mismo. ¿Alguna vez has dicho algo así? ¿Alguna vez has creído que puedes vivir por tu cuenta?

Vivimos en una época en la que ser independiente, totalmente independiente, es una cualidad codiciada.

No me malinterpretes, la independencia no es algo malo, se convierte en una complicación cuando creemos que podemos hacer todo solos. ¿El problema? Puede alejar a los demás. (¿Tienes que hacerlo todo por tu cuenta? Luisa Restrepo | Aleteia).

Identificar la trampa de «puedo hacer todo por mi cuenta» o «no necesito a nadie», aunque suene paradójico, es crucial para una vida en libertad, pues nos hace desligarnos de la falsa carga de la autosuficiencia y la soledad.

La verdad es que no podemos hacer todo solos y no fuimos creados para hacerlo.

La desconfianza

Muchas experiencias en la vida, generalmente aquellas asociadas con el dolor, nos hacen adoptar la mentalidad de que «solo puedo depender de mí mismo». Entonces, una vez que comenzamos a vivir así, se nos va a haciendo más difícil pedir ayuda.

Es más fácil creer que estamos solos, que llevamos las cargas solos y que no tenemos ni necesitamos a nadie.

Hechos para la comunidad

Estamos hechos para las relaciones. Una de las desventajas de la autosuficiencia es que no dejamos que las otras personas nos ayuden. Esto puede llevarnos a sentirnos abrumados o a hacer que los demás se sientan mal (involuntariamente) porque sienten que no estamos abiertos a invitarlos a nuestra vida.

No está mal si podemos llevar a cabo una tarea de forma independiente, lo malo es cuando nos negamos a permitir que otros nos ayuden (especialmente cuando realmente podemos usar la ayuda).

Rendición total

Una tendencia común es confiar en nosotros mismos cuando la corriente de la vida fluye y no parece que necesitemos a nadie. Luego, cuando surge algo que no podemos controlar, caemos en la cuenta de que necesitamos de los demás, y quizá es demasiado tarde…

“No puedo hacer todo” es una afirmación verdadera. Y qué alivio y liberación es saber que no estamos hechos para hacer todo por nuestra cuenta. Tenemos un amigo incondicional que se alegra por estar siempre con nosotros, por acompañarnos en nuestro viaje. (¿Tienes que hacerlo todo por tu cuenta? Luisa Restrepo | Aleteia).

En los conflictos conyugales

Es falso que uno sea víctima y la otra parte sea el victimario el cien por ciento. Es factible que uno sea culpable de un 80% del problema y la otra parte sea responsable del 20%, o de un 60 y 40, o de un 50, 50. Pero en el problema ambos son responsables, analizando honestamente. No se puede pasar la vida culpando al otro y no aceptar los propios errores. El cambio necesario comienza en uno mismo.

Por intuición, no es posible que una parte sea 100% agresiva y la otra parte pasiva dejando que todo ocurra sin su intervención mínima, que recibe, pero no actúa.

Lo que es posible, que uno esté siempre predispuesto a reacciones agresivas, a disfrutar y gozar violentando y la otra parte a la defensiva, porque para que exista un conflicto, se necesitan dos personas.

Por eso las normas y límites de convivencia son para ambos esposos.

Qué importante y necesario es establecer, por amor, normas y límites de libertad. Derechos y deberes, en la sociedad, instituciones, y sobre todo en la familia, entre parejas, entre padres e hijos y entre hermanos; tomando en cuenta la dignidad de la persona.

La libertad, también tiene un límite personal. San Pablo nos dice; “Uno es libre de hacer lo que quiera. Es cierto, pero no todo conviene. Sí uno es libre de hacer lo que quiera, pero no todo ayuda al crecimiento espiritual” (1 Cor. 10, 23 – 24) la libertad es sólo para hacer el bien.

El no establecer derechos y deberes desde los primeros años de la vida forma seres egocéntricos, convenencieros, preocupados de sus propias satisfacciones sin pensar en el bien, los sentimientos, derechos y necesidades de los demás.

En la vida de pareja, el no establecer límites prudentes e imparciales en aras de un supuesto “amor” y tolerancia para no incomodar a la persona amada…no es amor. Es temor a perderla.

Cuando existen excesos, errores y tolerancia sin límites, es necesario corregir a tiempo por el bien de la pareja y de todos los que conviven en su entorno.

Para ambos esposos, las bases de un matrimonio sólido son:

Imaginemos una balanza (instrumento para pesar con equilibrio), el soporte central de la balanza es: el respeto, el amor, la fidelidad, la comunicación, la honestidad y la confianza. Estos valores permitirán siempre sostener toda la estructura. Los brazos (los estribos), en los platillos se colocarán siempre los derechos y deberes en forma equitativa para ambos, y una aguja central, marcará la igualdad. Ese balance honesto conservará la unión.

Exigir lo que no se da, indudablemente causará conflicto. Dos factores negativos en la relación de parejas, sin duda es: 

  • Lucha de poder: Quién es más “importante”, quién tiene mayor autoridad, quien aporta más economía y eso le “da” mayores “derechos y libertades” (abusos y excesos), infidelidades, etc.
  • Soberbia: Por orgullo no quiero reconocer las propias deficiencias. No tengo el valor para pedir perdón

¿Por qué nos cuesta amar a los demás? Por el pecado, el egoísmo y la soberbia. Por el inmoderado y excesivo amor así mismo. Solamente se miran los intereses propios. La persona egoísta sólo utiliza a los demás para lograr sus ambiciones, trata a los demás como objetos desechables.

Debemos reflexionar, ver y aceptar dónde está el mal y que debemos cambiar para bien personal, de la pareja y de todos los que nos rodean. Siempre hay que tener presente; que los enemigos del matrimonio, serán: la soberbia, el orgullo y el egoísmo.

Existen parejas, que independientemente de la edad, al dar por terminada su relación familiar, se creen con el “derecho” de “vivir” la vida y “disfrutar” la “libertad” y “gozar” lo que no vivieron en su juventud, volviéndose doblemente irresponsables, egoístas y soberbios, porque ahora buscarán la manera de desahogar su despecho y llenarse aún de más odio.

A modo de conclusión:

  1. Las parejas en conflicto, individual, responsable, madura, consciente y libremente; deben reconocer, aceptar, DECIDIR y proponer a corregir sus indolencias, negligencias y desaciertos.
  2. Reconciliados voluntariamente o separados definitivamente, deberán estar dispuestos a ponerse en manos de especialistas y llevar a cabo tratamientos de rehabilitación física, mental y emocional necesaria y total. Para vivir una vida sana y para bien. Hay que sanar las heridas. No se puede vivir toda la vida con heridas abiertas.
  3. Evitar por todos los medios y hacerse responsable de no empeorar y dañar de forma definitiva a los hijos, respetando a cada uno como seres humanos y en sus derechos y deberes.
  4. Comprometerse ambos al respeto mutuo, a la libertad de decisiones, al buen comportamiento y al buen ejemplo como la mejor herramienta constante de formación de los hijos.
  5. Concientizarse ambos padres, que ante lo negativo, los principales perdedores y víctimas son los hijos.
  6. Aceptar que para recuperarse de cualquier tipo de adicción, errores y fracasos, es necesario aceptar estar enfermo y ser el único responsable de los errores y fracasos. Ya que en las propias manos está la decisión madura y al alcance está el cambio, la superación y la paz personal. Para obtener y lograr el perdón, la reconciliación y la salud física, mental, espiritual y emocional, es necesario comprometerse al cambio definitivo. El motor principal del cambio y la superación personal y familiar, es la voluntad y la decisión. ¡Recuerda! Cuántas veces has herido para que te hayan herido a ti. Sin voluntad, decisión, límites y madurez todo en la vida irá de mal en peor. ¡Tú decides! Pero no culpes a nadie. Hay que corregir el rumbo, reconocer los errores para recuperar lo perdido por las malas actitudes y decisiones, y aceptar la ayuda de todos los que están dispuestos a darla.

Es necesario tener presente que hay que quererse uno mismo, buscar el propio bien para querer a los demás y buscar su bien.

“El amor propio es fundamental. Sabemos que es un camino de sanación. Es tan importante, que si no lo tenemos o no lo vivimos, nos va a ser casi imposible amar bien a los demás.

No me malinterpretes, querernos a nosotros mismos es fundamental. El problema es que el amor propio se ha convertido en un fenómeno de moda que nos vende la ilusión de gestionar nuestra vida sin la ayuda de los demás, y menos, de Dios.

Se nos vende como producto una falsa idea de autonomía -y me da la impresión de que- poco a poco (esta idea) va eliminando la realidad de que somos limitados.

¿Si no hay límite para mis deseos, entonces significa que debo seguir todos mis impulsos? ¿No necesito un poco de autocontrol para no herirme, o herir a los demás?

Al final de todo escondemos nuestra profunda inseguridad detrás de un amor propio que, para mi gusto, nos vende ideas incompletas que terminan tapando un anhelo de un amor más grande. Lo que necesitamos es sanar desde el amor. (Cómo valorarse a uno mismo en la justa medida - Luisa Restrepo | Aleteia).

No hay que luchar por tratar de cambiar la forma de ser de la pareja, porque si no se logra vendrá la frustración. Ambos tienen que adquirir toda la capacidad de adaptación por convicción.

Cuando todo lo anterior no se acepta, sólo queda una opción… tocar fondo. Pero ¿Cómo será ese fondo? No lo sabe nadie ¿Se perderá y se destruirá todo?







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