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La Sangre de la Nueva Alianza. Tercera parte
El que come mi Carne y bebe mi SANGRE en mí permanece y yo en él.


Por: Alfonso Gortaire Iturralde | Fuente: Catholic.net



4. Comunión en el SACRIFICIO

En suma, la SANGRE de Cristo reemplazó de una manera definitiva la Sangre de las víctimas de la antigua alianza /Heb. 9. 12/ Heb. 18. 26/10. 1 – 10/. Por la Nueva Alianza cuyo mediador es Cristo queda suprimida definitivamente la antigua /Heb. 12. 24/ 13. 20/ Heb. 8. 13/ y así conseguimos una herencia eterna /Heb. 9. 15/.

Pero hay más en el Sacrificio del Redentor. Los frutos del Sacrificio se perciben consumiendo la víctima: este acto indicaba la UNIÓN a la ofrenda y a Dios que la aceptaba /1 Cor. 10. 18-20/.

“Los fieles de Jesús, comiendo su cuerpo inmolado y bebiendo su SANGRE, tendrán parte en su Sacrificio haciendo suya su ofrenda de amor y beneficiándose de la Gracia que por su parte opera” (Leon-Defour 65. 272).

Pablo plantea en pocas palabras esta idea de comunión en el Sacrificio: “¿El Cáliz de bendición que bendecimos, no es acaso comunión con la SANGRE de Cristo?” /1 Cor. 10. 16/. Y esta unidad es un eco fiel de las palabras de Jesús en el discurso del capítulo sexto de S. Juan: “Quien come mi carne y bebe mi SANGRE permanece en mí y yo en él” /Jn. 6. 56/. Y la unión de los que comulgan en el Sacrificio se convierte en una viva participación: “Porque el pan es uno, somos muchos en un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan” /1 Cor. 10. 17/.



Por el acto sagrado de la Eucaristía Jesucristo confió a unos alimentos el valor eterno de su muerte redentora, consumó y fijó por todos los siglos el homenaje de sí mismo y de todas las cosas a Dios, que es lo propio de la Religión y que es lo esencial de su obra de Salvación, y su persona ofrecida en la Cruz y en la Eucaristía es toda la Humanidad con el Universo que retorna al Padre (Leon-Defour 65. 249).

5. EUCARISTÍA, sacramento de la UNIDAD de la IGLESIA

Cristo hizo suya la iglesia con su Sangre redentora /Ac. 10. 20 – 28/. La Alianza hecha con el Padre fue concluida con la Sangre de Cristo y Él está presente en el Sacramento como lazo de unidad, como fundamento de la Alianza entre Dios y los hombres, es decir, como UNIDAD de la Iglesia (K. Rahner 65. 88).

Cristo amó a su iglesia y se entregó a sí mismo por ella /Ef. 5. 25/ en el Sacrificio permanente y renovado en el Sacramento: por la Iglesia, de la Iglesia y en la Iglesia…por eso hay Iglesia. En el sacrificio de la Nueva Alianza la Iglesia se “manifiesta” a sí misma, se actualiza, se “realiza”, hace tangible su presencia en el mundo mediante su manifestación en los diversos elementos de estructura:

  • En su estructura jerárquica-Sacerdote-comunidad.
  • Su disponibilidad en servicio de Dios.
  • Su palabra eficaz, que hace presente lo que proclama (anamnesis o conmemoración es la palabra principal de la Iglesia).
  • Su unidad, un solo pan del que comen en el banquete que unifica a los comensales /1 Cor. 10. 17).
  • Su espera en el Reino definitivo.
  • Su penitencia (sacrificio ofrecido por los pecados del mundo D. 875 – 940).
  • Su invensibilidad por la Gracia de Dios que le fue otorgada definitivamente a fin de que sea ella la Santa, poseedora de Santidad misma.
  • La Santa que proclama la victoria de la muerte del Señor: “porque cuantas veces comáis este pan u bebáis el cáliz, anunciaréis la muerte del Señor, hasta que venga” (1 Cor. 11. 26/.
  • Y su actitud de servicio a favor de otros, en el Sacrificio ofrecido a Dios “pro totius mundi salute” (K. Rahner 64. 88).

Solo nos resta echar una mirada de conjunto que nos permita valorar ya la posesión de la Sangre de Cristo en su sacrificio y comprender con plenitud las palabras del Señor:



“el que come mi Carne y bebe mi SANGRE tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día. Porque mi Carne es verdadero manjar y mi Sangre verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi SANGRE en mí permanece y yo en él. Como es fuente de vida el Padre que me envió, y yo vivo del Padre, así, quien me come a mí, también vivirá en mí. Este es el pan que bajó del cielo…el que come este pan vivirá eternamente” /Jn. 6. 55 – 59/.

6. Bibliografía

Allo, F. B. 1934. Saint Paul, Premiere épitre aux corinthiens. Paris. Lib. Lecoffe. Gabalda. Estudes Bibliques.

Dupont, J. O.S.B. 1962. Le Discours de Milet. Tertament pastoral de Sanit Paul (Ac. 20. 18 – 36). Paris. VII Ed. Du Cerf.

Haag, Herbert, A. van den Born, S. de Ausejo. 1963. (Ed. Castellana Ausejo, 1951). Diccionario de la Biblia. Barcelona. HERDER.

Jeremías, Joachim. 1955. The Eucharistic words of Jesus. Oxford. Vasil Blackwell.

Meinertz, Max. 1963. Teología del Nuevo Testamento (Tdr. Ruiz Garrido). Madrid. Ediciones FAX.

Leon Dufour, X. 1965. Vocabulario de Teología Biblica. Barcelona. HERDER. Colec. de Sda. Escritura # 66.

Rahner, Karl. 1964. La Iglesia y los Sacramentos. Barcelona. HERDER.

Zedda, S.I., Silverio. 1964. Primma lettura di San Paolo. Ed. Technograph Torino.

Zerwick, S.I., Max. 1960. Analysis Philologica Novi Testamenti Graeci Roma.Pontifici Instituti Biblici.

Rev. Selecciones de Teología. 1962 – 1965. Barcelona. Resvista de Teología de la Facultad de San Francisco de Borja. San Cugat del Vallés.

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La Sangre de la Nueva Alianza. Primera parte

La Sangre de la Nueva Alianza. Segunda parte.







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