Menu


«Sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor»
Reflexión del domingo XVI del Tiempo Ordinario Ciclo B


Por: Roque Pérez Ribero | Fuente: Catholic.net



«Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34).

Seguimos en este domingo del Tiempo Ordinario con el pasaje del Evangelio posterior al que el Señor nos regalaba la semana pasada, y ciertamente, en la Palabra que la Iglesia nos regala hoy vuelve a revelarse el Señor como lo que realmente es: «El Señor es clemente y compasivo, tardo a la cólera y grande en amor» (Sal 145,8), versículo que viene a mi mente y a mi corazón al meditar el versículo que da título a esta reflexión: «Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34).

Aunque en la primera lectura hace un reproche y una llamada a la conversión a los pastores que no cuidan a su pueblo, profetiza el Señor el envío de buenos pastores, haciendo referencia ya a su Hijo Jesucristo: «¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! - oráculo del Señor -. Yo recogeré el Resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las haré tornar a sus estancias, criarán y se multiplicarán. Y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas, ni faltará ninguna - oráculo del Señor -» (Jr 23,1.3-4).

Porque Jesucristo dará cumplimiento a esta Palabra manifestándose con sus palabras y con su vida como el Buen Pastor: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor» (Jn 10,11.16). En el pasaje del Evangelio de hoy el Señor expresa su amor por las personas que no le conocen, que ve como desorientadas, engañadas, desesperadas; amor que revela perfectamente con la parábola de la oveja perdida (Lc 15,4-7), y que llevará a plenitud en el momento de su Pasión y muerte: «De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28); «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1).

Y ciertamente, ¿cómo quedarse uno quieto y adormecido en tres tonterías que te presenta el mundo cuando la gente está destruyendo su vida sin sentido? Así, el Señor hace una llamada hoy a vivir con el Espíritu Santo encarnando las palabras que dice San Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14), no cayendo en la tentación que el maligno presenta todos los días, de lo que el Papa Francisco ha denominado la «Globalización de la Indiferencia»: «Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera». (Papa Francisco, Evangelii Gaudium nº 54).



El Señor vuelve a llamar hoy a participar de su misión como cristianos, ya que el ser Pastor no es algo exclusivo de los Presbíteros, aunque evidentemente participan de su ministerio Pastoral como Pastores de la Iglesia, sino que a mí también, como bautizado, el Señor ha puesto personas a mi cargo, en el trabajo, en casa, en el pueblo, etc…, y, para ello, me llama el Señor a vivir unido a Él: «El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada»(Jn 15,5).

Por ello, el Señor nos hace una llamada a no ser indiferentes ante los sufrimientos de los demás, sino mostrar el camino hacia el Señor; mostrar el Amor de Dios en la cultura contemporánea, y para eso, esta Palabra vuelve a ser una llamada a estar unidos a Cristo en la Iglesia, siendo UNO CON ÉL, a través de la oración, de los sacramentos, sobre todo el de la Eucaristía, la escucha de su Palabra, para que como decía Santa Madre Teresa de Calcuta: «Quien me vea a mí, que te vea a Ti» (Oración para irradiar a Cristo), o como dice el mismo San Pablo: «No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20), para mostrar el amor y la compasión de Dios en esta generación.

Así, el Señor nos invita en este domingo a darle el verdadero culto que le agrada a Él: «Visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo» (St 1,27), mostrarle al mundo las entrañas de misericordia de Dios, las mismas que Él ha tenido con nosotros: «Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia» (Col 3,12). Feliz domingo.







Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |