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Enseñemos a nuestros hijos a defender la vida
Sin importar la edad, las condiciones sociales o las enfermedad que se tengan previas.


Por: Silvia del Valle | Fuente: Catholic.net



Es muy triste ver como hay personas que un dicen que la vida comienza cuando el bebé nace y niegan que el bebé dentro del vientre materno ya es un ser humano, con alma y con un cuerpo que se va desarrollando poco a poco hasta que ya solo le falta tiempo para crecer y madurar y así estar listo para nacer y conocer a sus papás.

Por otro lado también me da tristeza que la sociedad nos esté empujando a creer que podemos quitarle la vida a cualquier persona porque no estamos de acuerdo con lo que piensa, dice o hace; porque nos estorba o porque, simplemente, queremos sus bienes y no hay otra forma de obtenerlos mas que esa.

La vida es el mayor tesoro que tenemos y es un don infinito, por lo que hay que cuidarla desde su concepción, hasta la muerte natural; por eso aquí te dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos para que la valoren y la defiendan siempre y ante cualquier situación o circunstancia que la ponga en peligro.

PRIMERO. Toda vida nueva es digna de celebrarse.

Así que es bueno que les enseñemos a nuestros hijos, desde pequeños, a alegrarnos por el don de la vida y a cuidarla con cariño y dedicación.



Es muy bueno que nos vean alegres y dispuestos a recibir la nueva vida que Dios nos regala, pues de nosotros aprenden la forma correcta de reaccionar ante las situaciones importantes. Siempre decimos que se educa con el ejemplo, por lo que es indispensable que nuestros hijos, de cualquier edad, vean que nosotros somos los primeros en celebrar la vida.

Con nuestros hijos más pequeños podemos explicarles el gran acontecimiento de la vida con algunos dibujos o con un pequeño cuento, a los medianos podemos explicarles un poco más sobre la llegada de un nuevo ser a nuestra familia o a la de nuestros conocidos, a nuestros hijos jóvenes es necesario que les enseñemos también a estar dispuestos a defender la vida y a nuestros hijos que están ya casados, en edad y condiciones de tener hijos, debemos educarlos para que estén dispuestos a estar abiertos a la vida y aceptar los hijos que Dios les mande y a recibirlos con amor dentro de una familia y en ambiente propicio.

Ahora hay recursos digitales muy bellos y adecuados para ayudarnos a explicarles a nuestros hijos el milagro de la vida, siempre de acuerdo a su edad y madurez; recordando que cada uno tiene su propio ritmo y debemos respetarlo también.

SEGUNDO. Que aprendan a cuidarse de los peligros extremos.

Si les enseñamos a cuidar la vida de los demás, es mucho más importante que aprendan a cuidarse a si mismos de los peligros extremos que les ponen en riesgo.



Es necesario hacerles conciencia de que la vida vale mucho y que debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para cuidarla, así como también cuidar nuestra salud, para vivir dignamente.

Hay deportes o actividades extremas que representan un peligro inminente y que debemos aprender a discernir si les convienen a nuestros hijos o no.

Dependiendo de su edad, es bueno que involucremos a nuestros hijos en este proceso de discernimiento y que les permitamos dar su opinión, haciéndoles ver que mientras sean menores de edad, nosotros sus papás somos los responsables de cuidar de su integridad física y de resguardar su vida.

Es por esto que podemos vetar algunas actividades o acotar otras que representen un peligro contundente o que vayan en detrimento de su salud integral.

TERCERO. Que busquen alejarse de las adicciones y excesos.

Otro peligro que amenaza la vida de nuestros hijos, en la actualidad más que nunca, son las adicciones a sustancias tóxicas y a los excesos en la forma de tomar o comer, o adicción al exceso de velocidad, etc.

Es importante que seamos coherentes y que les pidamos lo que nosotros hacemos, es decir que hagamos lo que les pedimos a ellos y si les decimos que no manejen a alta velocidad, nosotros no lo hagamos; que si les decimos que no fumen, nosotros tampoco lo hagamos; que si les decimos que comer en exceso es malo, que nosotros no lo hagamos, de tal forma que nuestro ejemplo sea lo que los eduque.

Si decimos adicciones, lo primero que se nos viene a la mente son las drogas o el alcohol, pero también hay otras adicciones que ponen en peligro la vida de nuestros hijos, empezando por su salid integral, por ejemplo algunos deportes extremos que generan adrenalina y que nos hacen sentir placer.

También puede haber adicción a la comida o al trabajo, a los videojuegos o a las redes sociales, este tipo de adicciones no representan un peligro inminente pero si nos van minando la conciencia y la salud y pueden, en un futuro no lejano, afectar nuestra forma de proceder y poner en riesgo nuestra integridad física y hasta nuestra vida.

CUARTO. Que sean capaces de ayudar a los que necesitan de cuidados.

La generosidad debe ser una virtud presente en nuestros hijos para que sean capaces de brindar ayuda a quienes más lo necesitan, sean o no de la familia.

En este caso podemos poner como ejemplo las personas que necesitan alimento y que están paradas en las calles o las personas que tienen algún problema de salud y que requieren de apoyo para comprar comida o medicinas.

Es muy importante que eduquemos a nuestros hijos para que estén siempre dispuestos a brindar apoyo y cuidados a las personas que así lo necesiten.

Otra forma de procurar cuidados a las personas que más lo necesitan es dándose tiempo para escucharles, dialogar con ellos, jugar o realizar alguna manualidad con ellos, de tal forma que les regresen un momentito de alegría y de sana convivencia; por cierto, estas personas no necesariamente tienen que ser de nuestra familia.

Otra forma es que nos apuntemos para apoyar en las pastorales que se dedican a cuidar a los enfermos, o por lo menos, a rezar por ellos para que nuestros hijos desde pequeños estén dispuestos a ayudar a los que más lo necesitan.

Y QUINTO. Que valoren a los abuelos pues son una fuente de sabiduría.

Ya hemos dicho que la vida hay que cuidarla desde la concepción y también es una realidad y es muy necesario que aprendamos a cuidad a las personas hasta que llegue la muerte natural, sin buscar implementar estrategias para adelantarla, con el pretexto de que ya están sufriendo mucho; evitándoles al posibilidad de sufrir un poco y reparar por las faltas cometidas y disminuyendo el tiempo de purificación que debemos pasar después de nuestra muerte.

Es importante que estén dispuestos a cuidar de las personas que se encuentran en estado de indefensión y de incapacidad para realizar las cosas más básicas.

Nuestros abuelos son las personas más cercanas que tienen estas condiciones y nos dan una excelente oportunidad para ser generosos, tenerles paciencia y procurar su bienestar.

Si tenemos la bendición de aun tener a nuestros abuelos no debemos pensarlo mucho y debemos buscar el acercamiento con ellos para brindarles atención y cuidados.

Y es increíble que no tenemos pretextos ya que el estado que estamos viviendo puede parecer poco propicio para esto, pero gracias a los avances tecnológicos, tenemos la posibilidad de acortar distancias y disminuir los tiempos de espera y así generar espacios de convivencia y de escucha para nuestros adultos mayores, que dicho sea de paso, tantas experiencias y tanta sabiduría tienen para compartir con nosotros.

Si enseñamos a nuestros hijos a respetar la vida en cualquiera de sus etapas, estaremos formando personas integras capaces de defender y cuidar la vida y la familia, porque debemos decir que para que se nos conceda el don de la vida, primero debemos tener una familia que sea capas de acoger la nueva vida.

Y no olvides que podemos ayudar a nuestros adultos mayores con mucha paciencia y siempre dispuestos a implementar nuevas estrategias de cuidado, escucha y atención para ellos.

Así estaremos capacitando a nuestros hijos para que defiendan la vida sin importar la edad, las condiciones sociales o las enfermedad que se tengan previas.

Defendamos la vida, desde su concepción hasta la muerte natural y eduquemos a nuestros hijos para que la defiendan con gran valentía y entusiasmo.

¡Sí a la vida!







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