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Las manifestaciones del Señor
Todo en Él es "diafanía", porque deja pasar la luz a través de Él. ¡Él mismo es la luz!


Por: Pbro. Francisco Ontiveros Gutiérrez | Fuente: Semanario Alégrate



Las epifanías

Jesús es la manifestación definitiva de Dios, la Palabra perfecta con la que Dios nos ha querido hablar en estos tiempos que son los últimos. Dios nos ha hablado de muchas maneras a lo largo de la historia, ahora lo ha hecho de manera perfecta en Jesús, su Hijo (cfr. Hb 1,1). Así pues, todo en la vida del Señor resulta revelador, todo habla de Dios, del amor, de la misericordia, del sueño de Dios para la humanidad. Con toda seguridad podemos decir que toda la vida de Jesús es de continuo una epifanía, pues Dios se va revelando. Se va descubriendo el misterio en cada acción, palabra, gesto, parábola, milagro, encuentro y desencuentro del Señor. Todo es maravillosamente revelador, es más, todo en Él es “diafanía”, porque deja pasar la luz a través de Él. ¡Él mismo es la luz!

Su nacimiento

En aquella cueva sola y oscura, tímidamente iluminada por la luz de las estrellas, nace un niño que es Dios, lejos del palacio, de los lujos, de las comodidades y fuera de toda seguridad y compañía, solo, junto a sus padres nace Dios, que ha venido al mundo desprovisto de poder y seguridades. Así de paradójico resulta este acontecimiento en el que Dios se revela a los que están dispuestos a acogerlo, a los que están despiertos, velando por turnos sus rebaños. (cfr. Lc 2,8). El nacimiento del Mesías revela a Dios que sigue viniendo a su Creación para mostrar su apasionado amor por la humanidad. Pablo D´Ors, dice que los pastores, los que llegan primero, son imagen del corazón. ¡El corazón siempre antes!, y cuando llega, se postra, canta villancicos, ofrece lo que tiene… Cuando Dios se manifiesta con ternura, el corazón se postra, canta, adora.

La manifestación a los magos



La segunda manifestación es la de los magos, esos sabios inconformes que siguen buscando, no se conforman con lo que ya saben y han conseguido, sino que continúan caminando, siguen viajando, quieren seguir aprendiendo, los buscadores que no caen en los fundamentalismos. Según Pablo D´Ors, ellos representan al conocimiento, que siempre llega después del corazón, que atraviesa un camino más largo, pero, cuando se lo propone llega, y al llegar también es espléndido, se postra, adora, aprende y ofrece lo mejor que tiene. Los hombres cultos y estudiosos, receptivos. Son sabios porque saben contemplar, abiertos a la vida. Se atreven a dejar sus seguridades para volverse abiertamente vulnerables a los desafíos del camino. Cuando Dios se manifiesta como sabiduría, la inteligencia viaja, se postra, adora, exulta, ofrece el más preciado tesoro.

El bautismo del Señor

Pasados muchos años, lo primero que hace Jesús, adulto, es irse a formar en la fila de los pecadores, no pide trato preferencial entre la gente, se coloca como uno más. Ahí, esperando su turno para entrar en las aguas y ser bautizado por Juan. Esta es la manifestación de Jesús que hace el Padre, Él mismo dice, frente a todos los pecadores arrepentidos que ese es su Hijo, el amado. Nunca más se oyó que la voz del cielo dijera de ninguno otro que era su Hijo, el amado, a quien había que escuchar. Se escucha a un Padre satisfecho y realizado en su hijo, está feliz por lo que ha llegado a ser su Hijo. Esta es la manifestación de Jesús a los pecadores.







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