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Los signos que acompañan el Bautismo de Jesús
El bautismo de Jesús revela la grandeza de nuestro Bautismo.


Por: Pbro. José Manuel Suazo Reyes | Fuente: Semanario Alégrate



El bautismo de Jesús es un signo más que manifiesta el misterio de la encarnación. Jesús no tenía necesidad de ser bautizado ya que él es Santo y es Hijo de Dios por naturaleza; el bautismo se presenta entonces como una muestra de su inserción en la realidad humana, una forma más de solidarizarse con todos los seres humanos.

Con el signo del bautismo, Jesús anticipa su inmolación en la cruz. El signo de sumergirse en el agua y surgir de ella, es una señal que anticipa la muerte y la resurrección en la cruz. En la cruz Jesús carga sobre sí los pecados de todos los seres humanos, los pagará con su vida y nos dará la posibilidad de una vida nueva.

En el bautismo de Jesús aparecen algunos signos que son muy elocuentes y que ahora resaltamos brevemente:

EL ESPÍRITU QUE DESCIENDE SOBRE JESÚS. La imagen del Espíritu que se posa sobre Jesús manifiesta que en el Jordán se dona plenamente el Espíritu de Dios a Jesús. Jesús es revestido con esta dignidad; el Espíritu lo consagra y lo acredita como Mesías enviado del Padre; consagra además el inicio de su misión y le garantiza su asistencia durante todo su ministerio.

LA VOZ DEL PADRE. Por lo que mira a la voz del Padre que presenta a su Hijo “tú eres mi hijo, el predilecto; en ti me complazco”. Esta imagen recuerda la figura bíblica de Isaac o el canto del siervo donde se dice “he aquí a mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco”. Con esta declaración del padre celestial, Jesús viene presentado como el hijo único de Dios, es el mesías, el salvador prometido que llevará a cabo su misión asumiendo el sufrimiento, la humillación de la Cruz para echar sobre sus espaldas los pecados de la humanidad, como el siervo sufriente. El bautismo entonces revela la identidad de Jesús y su misión salvífica.



El bautismo de Jesús revela la grandeza de nuestro Bautismo. En efecto, al momento en que fuimos bautizados se abrieron los cielos para nosotros. En el bautismo Dios nos mira con misericordia y nos adopta como sus hijos muy amados. También sobre nosotros se ha posado el Espíritu santo; el Espíritu que nos renueva, él nos ha hecho renacer a la vida de gracia, nos ha hecho creaturas nuevas y nos ha consagrado para la misión de salvación, para continuar la misma obra de salvación que Jesús ya ha cumplido en el mundo.







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