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La glorificación del Hijo de Dios
Jesús muestra que para entrar en su gloria es necesario pasar por la Cruz.


Por: Pbro. Francisco Ontiveros Gutiérrez | Fuente: Semanario Alégrate



Ahora ha sido glorificado el Hijo

La gloria que recibe la Trinidad también la reciben cada una de las Divinas Personas, así la gloria que se le ofrece al Padre la recibe el Hijo y el Espíritu Santo. Es sorprendente el hecho de que unos instantes antes de la traición de Judas, justo cuando éste sale del cenáculo, Jesús haya dicho que en ese momento ha sido glorificado el Hijo del hombre, y Dios ha sido glorificado en Él (Jn 13, 31-33). Así pues, la gloria que recibe una de las personas es la gloria que recibe la Trinidad, Dios, el Padre, fuente y origen de la vida trinitaria. Cristo ha sido glorificado por el Padre cuando éste le sentó a su derecha, sin embargo, la gloria es algo que Jesús nunca perdió, es suyo, le pertenece como Dios que es.

Jesús muestra su gloria divina

Luego de la confesión de fe de Pedro, Jesús comenzó a indicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén para ser perseguido y matado, pero indicando, también, que al tercer día resucitaría (Mt 16,21). Jesús muestra su gloria en diferentes momentos a lo largo de su vida pública, uno de esos momentos es la Transfiguración, donde por un instante Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de fe de Pedro. La gloria de Cristo no la pierde con su encarnación ni con su humanidad, sino que queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (CatIC 659), el hecho que quede velado no quiere decir que no lo tenga o que la haya perdido, queda velado pues permanece en el terreno del misterio.

¿Cómo entrar en su gloria?



Jesús muestra que para entrar en su gloria es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto su gloria en la montaña, pues la Ley y los Profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías. Será la pasión de Jesús la voluntad por excelencia del Padre, lo que dé cuenta de la gloria del Hijo que actúa como siervo de Dios. Así pues, los cristianos que tratamos de encarnar la espiritualidad del Hijo estamos conscientes que después de breves sufrimientos veremos la gloria de Dios, pues nuestro Padre amoroso nos llevará a su presencia.

El cuerpo de Cristo glorificado en la resurrección

Cuando Cristo enuncia la glorificación, a la salida de Judas del Cenáculo, está haciendo referencia directa a su pasión y con ésta a su gloriosa resurrección, también. Cristo fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios (cfr. Mc 16,19). El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el momento de la resurrección, como prueba de ello dan los poderes sobrenaturales y las nuevas propiedades que disfruta su cuerpo para siempre (CatIC 659). Sentado para siempre junto a Dios manifiesta su gloria, de hecho, por derecha del Padre se entiende la gloria y el honor de la divinidad (CatIC 663), de tal modo que, como afirma Juan Damasceno el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada (CatIC 663).







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