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Francisco pide derribar los muros de la exclusión
El Pontífice recibe a empresarios y representantes de la Confederación italiana "Confartigianato".


Por: Sebastián Sansón Ferrari | Fuente: Vatican News



“Las máquinas reproducen, incluso a una velocidad excepcional, ¡mientras que las personas inventan”, es el comentario que planteó el Santo Padre al encontrarse, el sábado 10 de febrero por la mañana, con los numerosos empresarios y representantes de la Confederación italiana Confartigianato.

Fundada en 1946 tras la Segunda Guerra Mundial, esta asociación ha contribuido al renacimiento y desarrollo de la economía nacional, subrayó el Pontífice. En sus palabras, el Obispo de Roma destacó que “en las últimas décadas, el sector artesanal ha experimentado notables transformaciones, pasando de pequeños talleres a empresas que producen bienes y servicios incluso a gran escala”.

“El uso de las tecnologías ha aumentado las posibilidades del sector, pero es importante que no acaben sustituyendo la imaginación del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios”.

Las actividades de la entidad potencian el ingenio y la creatividad, según el Santo Padre, quien resaltó cómo el trabajo está conectado a tres partes del cuerpo: las manos, los ojos y los pies. “Falta el corazón”, comentó de manera espontánea, apartándose del texto preparado.

Al referirse al primer concepto (las manos), Bergoglio explicó que “el trabajo manual hace que el artesano participe en la obra creadora de Dios” y distinguió que “hacer no es lo mismo que producir”.



“Pone en juego la capacidad creativa que puede mantener unidas la habilidad de las manos, la pasión del corazón y las ideas de la mente. Sus manos saben hacer muchas cosas que los convierten en colaboradores de Dios. Como el barro en manos del alfarero, así son ustedes en mis manos' (Jer 18,6), dice el Señor. Bendigan y den gracias al Señor por el don de sus manos y por el trabajo que les permite expresar”.

Francisco reconoció que no todos tienen esta suerte, pues “hay quien está ocioso, hay quien está en paro y quien busca empleo”. “Todas estas son situaciones humanas que necesitan ser sanadas”, añadió.

El Sucesor de Pedro afirmó que a veces también ocurre que sus empresas buscan personal calificado y no lo encuentran. Les pidió no desanimarse “al ofrecer empleos y no tengan miedo de incluir a los grupos más frágiles, es decir, los jóvenes, las mujeres y los migrantes”. También les agradeció su contribución “a derribar los muros de la exclusión hacia los que tienen discapacidades graves o son discapacitados quizá a causa de un accidente laboral, hacia los que se mantienen al margen y son explotados”.

“Toda persona debe ser reconocida en su dignidad de trabajador. No cortemos nunca las alas de los sueños de quienes quieren mejorar el mundo a través del trabajo y utilizar sus manos para expresarse”.

Respecto a los ojos, Su Santidad elogió la mirada original sobre la realidad que posee un artesano: “Tiene la habilidad de reconocer en la materia inerte una obra maestra incluso antes de que esté terminada. Lo que para todos es un bloque de mármol, para el artesano es un mueble; lo que para todos es un trozo de madera, para el artesano es un violín, una silla, ¡un marco!”.



“El artesano llega antes que nadie a intuir el destino de belleza que puede tener la materia. Y esto lo acerca al Creador”, expresó. Citando el Evangelio de Marcos, recordó que se habla de Jesús como “el carpintero”: “El hijo de Dios era artesano, aprendió el oficio de San José en el taller de Nazaret. Vivió varios años entre cepillos, cinceles y herramientas de carpintería. Aprendió el valor de las cosas y del trabajo”.

“El consumismo ha difundido una mentalidad fea: la mentalidad del usar y tirar. Pero la creación no es una suma de cosas, es don, ‘misterio gozoso que contemplamos con alegría y alabanza’” (Enc. Laudato si', 12).
Y ustedes, artesanos, prosiguió el Papa, “nos ayudan a tener otros ojos sobre la realidad, a reconocer el valor y la belleza del material que Dios ha puesto en nuestras manos”.

El último aspecto desglosado por el Pontífice fue la importancia de los pies y observó que los productos que son resultado de la actividad de Confartigniato “caminan por todo el mundo y lo embellecen, respondiendo a las necesidades de las personas”. Luego, valoró la artesanía como “una forma de trabajar, de desarrollar la imaginación, de mejorar el entorno, las condiciones de vida, las relaciones”.

Francisco confesó que le gusta pensar en ellos como “artesanos de la fraternidad” y evocó la parábola del Buen Samaritano, “que nos recuerda este oficio de las relaciones, del compartir juntos”. Y lo explicó de este modo:

“El samaritano se hizo prójimo, se inclinó y levantó al herido, lo puso en pie y lo ungió con dignidad mediante gestos de cuidado. Así, ‘la parábola nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común’” (Enc. Fratelli tutti, 67).

El Obispo de Roma sostuvo que “nuestros pies nos permiten encontrar a muchos caídos en el camino: a través del trabajo podemos permitirles caminar con nosotros. Podemos convertirnos en compañeros de viaje en medio de la cultura de la indiferencia”. “Cada vez que damos un paso para acercarnos al hermano, nos convertimos en artífices de una nueva humanidad”, aseguró.

El Sucesor de Pedro los animó a ser artesanos de la paz “en un tiempo en que las guerras se cobran víctimas y los pobres no son escuchados” y les exhortó a que “sus manos, sus ojos, sus pies sean signos de una humanidad creativa y generosa, y que sus corazones estén siempre apasionados por la belleza”.

Les expresó su gratitud por el bien que hacen, los encomendó a la protección de san José: “Que él vele por ustedes, por sus familias y por su trabajo. Los bendigo de corazón. Y les pido por favor que recen por mí. Gracias”.







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