TODOS TENEMOS QUE SER FORMATIVOS Y PREVENTIVOS
Por: Francisco Mario Morales | Fuente: Catholic.Net

Es urgente que los papás se preparen, tengan tiempo y paciencia para preparar a sus hijos. No abandonar a los niños, adolescentes y jóvenes.
Esto es trabajo y responsabilidad de todos. Tenemos que ponernos a trabajar en serio, a consciencia y de inmediato. Si les diéramos la oportunidad a nuestros hijos de escucharlos, nos daríamos cuenta de nuestros errores como padres.
Debemos retomar nuestra responsabilidad, comenzar por preparar a nuestros hijos. De nosotros depende interesarlos, explicarles, guiarlos y apoyarlos para que entiendan, comprendan, se convenzan, practiquen y vivan verdaderamente su religión.
Lo importante también, además de dar ejemplo (hechos) y testimonio (convicción), es dedicarles tiempo a los hijos, a los adolescentes y jóvenes para explicarles, orientarlos, dialogar con ellos para darles razones y convencerlos con la verdad. Sin ejemplo, testimonio y convicción, todo lo demás sale sobrando.
Como dice el P. Flaviano Amatulli
Quién asevera que mientras era católico, llevaba una vida de libertinaje y desorden, pero cuando paso a formar parte de los hermanos separados, cambio su mentalidad y su forma de ser y, encontró verdaderamente a Cristo, ¿Valdría la pena preguntarse?… ¿Conoció verdaderamente su doctrina?, ¿Trato de vivirla si la conocía? ¿O se separó sin haberla conocido y vivido?
Si la hubiera conocido y hubiera estado convencido, no la hubiera cambiado nunca por ninguna razón por fuerte que fuera.
Lo verdaderamente triste es que: los católicos, no viven su religión, ni su misa, no son participantes activos porque no la conocen y no la entienden, porque no hay quien se las explique.
Muchos se cambian con los hermanos separados, porque todo se ha vuelto monótono para ellos, nadie les explica, nadie les ayuda a entender, a vivir y a participar. En lugar de atraerlos, de comprometerlos, de estimularlos, por el contrario se les aleja y rechaza.
No solo se debe ser católico de nombre. Católico no es ser pasivo, no solo ser espectador, sino vivir, participar y conocer.
Cristiano es el que está bautizado y profesa la religión de Cristo: Los cristianos se dividen en católicos, protestantes y cismáticos.
¿Qué quiere decir “católica”?
La palabra “católica” significa “universal” en el sentido de “según la totalidad” o “según la integridad”. La Iglesia es católica en un doble sentido:
Es católica porque Cristo está presente en ella. “Allí donde esta Cristo Jesús, esta la Iglesia católica” (San Ignacio de Antioquia, Smyrna, 8, 2). En ella subsiste la plenitud del cuerpo de Cristo unido a su cabeza (Cr. Ef. 1, 22- 23), lo que implica que ella recibe de Él “la plenitud de los medios de Salvación. (Nuevo Catecismo 830)
“Es enviada a todos los pueblos, se dirige a todos los hombres, abarca todos los tiempos y es, por su propia naturaleza, misionera.” (Síntesis del Nuevo Catecismo 98/868)
¿Qué entendemos por ser cristianos?
Cristiano es todo aquel que cree y practica la religión que instituyó Jesús.
Ser cristiano quiere decir: Persona de Cristo, que está unida a Él por medio de la Iglesia y de los Sacramentos de iniciación, sanación y de servicio.
Que no solo conoce a Dios, sino que lo ama y vive de acuerdo a sus mandamientos. Que está unido a Dios y está unido a todos sus prójimos (a toda la humanidad) por amor. Que es miembro, parte del conjunto de los ministros y creyentes; y está consciente de su compromiso de participar activamente en la salvación de todos sus hermanos.
El cristiano no es aquel que trata de hacer algunos buenos actos aislados y en forma excluyente, sino que se compromete por convicción y por amor a llevar una vida nueva.
El cristiano cree en Dios y reconoce en Él “el camino, la verdad y la vida”.
El católico cristiano es aquel que busca creer en alguien, que busca creer en lo verdadero y rechaza lo falso. Que reconoce sus deberes por amor y gratitud a nuestro Creador.
Evitemos ser católicos por sentimentalismo y seamos católicos por verdadero convencimiento, conocimiento y con verdadera formación para comprender mejor nuestra religión.
La iglesia no es un edificio ni el tiempo de un acto litúrgico, sino una comunidad, no es un mero concepto, sino que representa una comunidad real de los cristianos ligados con Cristo y entre sí. (Diccionario Bíblico manual).
Formación religiosa
A nuestros hijos se les enseña: Normas de educación, normas de comportamiento. Pero no les enseñamos como comportarse en la casa de Dios, no por imposición, no por obligación, sino por amor y respeto a Dios.
Todos debemos practicar actos responsables, con convencimiento, con conocimiento y con amor.
En misa, los papás le decimos a los hijos: Párense, siéntense, hínquense, pongan atención, pórtense bien, respeten la casa de Dios, amen a Dios, Recen, hagan oración. Los hijos deberían preguntarnos… ¿Por qué?… Y nosotros deberíamos estar preparados para satisfacer sus dudas y convencerlos.
El actuar de los adultos principalmente en nuestra religión y en muchas otras cosas más, debe evitar las situaciones mecánicas, solo de tradición y costumbre. Debemos evitar el aburrimiento, la monotonía, la indiferencia, la apatía, el rechazo y la rebeldía.
Todos y cada uno debemos amar, entender y comprender para estar convencidos.
¿Cuántos padres de familia les hemos explicado las partes de la misa y su significado a nuestros hijos?
¿Cuántos padres de familia sabemos y les hemos explicado a nuestros hijos que es orar y que es rezar?
¿Qué será para el niño, el adolescente y el joven, un laico?
Queremos que sean católicos, que amen su religión, pero sin que nos cueste nada.
La niñez, la juventud no entiende y no comprende muchas cosas de la religión y por eso pierden interés.
Nos dice Juan Dingler, S.J.:
A nuestros hijos les enseñamos a amar la tierra, y no les enseñamos a amar al que nos la dio. Amamos el regalo; pero no al que nos lo dio.
Veamos que nos dice la Biblia acerca de esto:
1 Cor. 1, 12-13
1 Juan 2, 18-19
Juan 17, 21
La confianza solo en Cristo:
“Maldito el hombre que confía en otro hombre” (Jer. 17,5)
Tenemos no solo que alabar, obedecer, amar y adorar a Dios, sino que tenemos que hacer obras que de eso se nos va a juzgar:
Debemos apoyar
Debemos orientar
Debemos guiar
Debemos instruir
Hay muchos hijos espiritualmente abandonados por sus padres.
Si los pastores “duermen”, son indiferentes, pasivos, egoístas. Llegan los lobos y dispersan a las ovejas. Las confunden y la exterminan.
Al hablar de pastores, hablamos de todo el que tenga responsabilidad de orientar, guiar y apoyar. Ahí necesariamente tenemos que referirnos a los papás, a los catequistas y a los sacerdotes.
No olvidemos que las ovejas no son nuestras sino de Dios y que Él nos las presta para administrarlas. “¡Ay de los pastores que dejan que mis ovejas se pierdan y se dispersen!” (Jer. 23, 1-6)
Pensemos: ¿Cómo formarán religiosamente nuestros hijos a sus hijos?
NADIE AMA LO QUE NO CONOCE:
A nadie le gusta o le llama la atención, a nadie le atrae, le interesa o practica lo que no conoce.
El comerciante dice: “Véalo aunque no lo compre”, porque de la vista nace el amor, el interés y el convencimiento.
¿Cómo es que el niño, el adolescente, el joven o la joven, la ama de casa, el deportista, y el esposo llegan a conocer y amar lo que hacen?:
PORQUE ALGUIEN SE LO EXPLICA, LO INDUCE Y LO CONVENCE.
- porque alguien lo prepara y lo orienta. - porque le habla con la verdad y lo puede comprobar
¿Cómo se puede enseñar a ser responsable a una persona?, En primera, siendo responsable él que pretende enseñar y, en segunda asignándole responsabilidades al que se le va ha enseñar.
Pero además el que va a enseñar, debe estar convencido de lo que hace. Porque si lo que hace, lo hace solo por obligación o lo que es peor, por imposición, será un pésimo ejemplo.
Lo mismo pasa con los niños, adolescentes, jóvenes y hasta muchos adultos.
UNA AUTENTICA PREOCUPACIÓN
Los papás, los catequistas y los sacerdotes, los bautizados queremos una cosecha fructífera, abundante. Queremos que nuestros hijos, sean excelentes católicos, que amen verdaderamente nuestra religión, que amen a Dios, que sean cristianos convencidos, pero nos dice el libro de los hechos de apóstoles: Cuando Felipe obedeciendo la voz de un ángel de Dios, encontró a un alto funcionario, de la reina de Etiopía, que había ido a Jerusalén a adorar a Dios y que iba de regreso a su país, se le acercó y le preguntó: ¿Entiende usted lo que está leyendo? El etíope le contestó:
¿CÓMO VOY A ENTENDER, SI NO HAY QUIEN ME LO EXPLIQUE? (Hch. 8, 30-31).
Nuestros hijos no conocen el amor, porque no lo viven. No conocen a Dios, porque no conocen al amor. Porque Dios es amor.
Si nuestros hijos no conocen y no aman nuestra religión, sino les gusta asistir a misa, o frecuentar el templo, es por culpa de nosotros los padres de familia.
Los niños, los adolescentes y los jóvenes viven en su entorno el odio, el egoísmo, la soberbia y la envidia, recordemos la frase acertadísima de un Papa: “No puedo ver lo bueno que me dices, porque me lo impide ver lo malo que haces”
¿Los papás les explicamos a nuestros hijos, les dedicamos tiempo para prepararlos, orientarlos, guiarlos y convencerlos? ¿O dejamos todo al tiempo, a las circunstancias, y la labor de los hermanos separados?
¿Pero como vamos a preparar, a orientar, a guiar y a convencer sino nosotros mismos desconocemos nuestra santa religión?… ¡Es urgente! ¡Comencemos ahora por nosotros mismos, mañana será demasiado tarde por nosotros y por nuestros hijos!
La mejor Evangelización es y debe ser en la familia, los evangelizadores, los propios padres.
Debemos sacar a nuestros hijos del abandono y del descuido.
LA MOTIVACIÓN
Lo urgente, lo importante y necesario es que los papás, padrinos, catequistas y sacerdotes, unamos fuerzas para lograr una verdadera motivación a la participación de los jóvenes.
A la juventud no le interesa ser espectador, ser miembro pasivo. Lo que verdaderamente le interesa, le motiva, le impulsa es ser parte activa, sentirse responsable, ser actor de los proyectos, de la dinámica y del esfuerzo.
Lo que le interesa y motiva a la juventud, es sentir que se le confía, que se anima y estimula, que todas sus interrogantes se satisfagan, convencerlos.
Alguien dice: “Lo que quieras hago, solo dime porque”. El joven necesita convencerse – el motivo para hacer algo. Lo que le mueva satisfactoriamente. Necesita un motivo para su acción- positivo.
La juventud es indiferente, apática y hasta incrédula cuando nadie se preocupa por darle una razón. O lo que es peor, y agudiza el problema, - ya lo mencionamos anteriormente- es la incongruencia y una fe débil en los adultos.
LOS OBJETIVOS:
De todo cristiano deben ser: El amor, el perdón, la paz, la unión, la reconciliación y la paz.
Todos tenemos que esforzarnos por vivir la buena noticia (El evangelio), la auténtica evangelización, aprovechar todas las oportunidades que nos regala Dios. Porque Dios quiere que todos nos salvemos y, que todos formemos un solo cuerpo.
Hablar de Dios es hablar de: Bondad, Misericordia, amor, fidelidad, ternura, gracia y verdad.
Hablar de: Mentira, odio, venganza, ambición desmedida, envidia y división, no es conocer y amar a Dios.
“Con urgencia inaplazable se debe resolver el arduo problema de salvación de almas que nos plantea la sociedad actual. Arduo problema con doble vertiente. Reconquistar una masa de bautizados que no viven la fe, que se escapan día a día –más en los años de juventud- para hundirse en la indiferencia o rendir culto a la materia.” (Tomas Morales, S.J. Laicos en marcha).
Participemos y vivamos de manera congruente nuestra religión, demos verdadero ejemplo de manera activa, piadosa, consciente y no estemos ni vivamos como mudos espectadores.

















