"Si doy frutos, ¿por qué me poda?"
Por: Alejandro Patrón | Fuente: Catholic.Net

Cuando me tocaba escuchar en la iglesia ese evangelio que dice:
"Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto" (Juan 15,2) honestamente me causaba mucha confusión.
Porque entiendo perfectamente que si una rama no da fruto, la corten… pero, ¿por qué si sí doy fruto también me podan?
¿Acaso mi fruto no sirve?
¿No es suficientemente bueno?
¿Dios nunca está conforme conmigo?
Y creo que muchas veces así vivimos nuestra relación con Dios. Pensamos que cuando ya estamos haciendo las cosas “bien”, entonces todo debería ser más fácil. Que ya no deberían existir pruebas, procesos o momentos dolorosos. Pero la poda no significa rechazo. La poda significa limpieza.
Cuando un árbol o una planta se poda, no es porque esté muerto. Todo lo contrario: es porque tiene vida y quieren que crezca mejor. Hay ramas, hojas o partes que, aunque parecen buenas, le están quitando fuerza al verdadero fruto.
Y así pasa también con nosotros. A veces damos frutos… pero desde heridas.
Por ejemplo:
“Yo nunca voy a ser tan enojón como mi mamá.”
“Yo jamás voy a tomar alcohol como mi papá.”
“Yo nunca voy a hacer sufrir a alguien como me hicieron sufrir a mí.”
Y sí, aparentemente el fruto es bueno.
Tal vez te convertiste en una persona más tranquila o evitaste ciertos errores. pero el problema es que la raíz de ese fruto sigue siendo el dolor. Sigues actuando desde la herida y no desde el amor.
Por eso Dios poda. Porque Él no solo quiere que des fruto. quiere que seas libre. Libre del resentimiento, libre del miedo, libre de actuar únicamente desde tus traumas o experiencias dolorosas.
La poda de Dios muchas veces duele porque implica arrancar cosas que ya se habían vuelto parte de nosotros: actitudes, relaciones, hábitos, formas de pensar e incluso versiones de nosotros mismos que creíamos necesarias para sobrevivir. Y aunque duela, la intención nunca es destruirte, es fortalecerte. Porque un fruto nacido del miedo tarde o temprano se seca. Pero un fruto nacido del amor de Dios permanece.
Por eso la poda no es castigo. Es un acto de amor. Dios poda al que ama porque sabe lo que realmente puedes llegar a ser. Y aquí viene algo importante: muchas veces queremos dar fruto… pero no queremos procesos.
Queremos paciencia, pero sin situaciones difíciles.
Queremos paz, pero sin aprender a confiar.
Queremos amar mejor, pero sin sanar el corazón.
Así que si hoy estás pasando por un momento donde sientes que Dios está “quitando” cosas de tu vida, no siempre significa que te está abandonando. A veces significa que te está preparando. Porque el sembrador no poda una planta para verla morir…la poda porque sabe todo lo que todavía puede crecer.













