La verdadera grandeza
Por: Andrea Gutierrez Vallenilla | Fuente: Catholic.Net

El deporte tiene una manera muy especial de unir a la gente. Una de ellas es con las historias que salen a la luz en este escenario del torneo internacional.
En el torneo que se ha vivido ahora en este mes hemos visto diferentes historias de esas que salen cada cuatro años y que conmueven a los espectadores. Historias tan humanas que a veces sorprenden, porque olvidamos que estos jugadores, muchas veces famosos, son personas normales.
Una historia que se llevó la atención de los medios ha sido la del portero de Cabo Verde. Un hombre de 40 años, criado por sus abuelos y que comenzó su carrera profesional hasta los 25, algo que no se estila en deportistas de alto rendimiento. Esta es la primera vez que el equipo de ese pequeño país de medio millón de habitantes desfila por un torneo de esta calidad internacional.
Después de dar estos datos, al equipo de este portero, que porta el nombre que coloquialmente se usa para decir abuelita en portugués, haciendo honor a sus raíces, lo hacen enfrentarse con una potencia en este deporte: España. Claro que esta selección no esperaba ganar o empatar este partido, y eso fue justo lo que pasó.
El equipo de España tiró 27 veces. Intentó anotar gol en siete ocasiones desde dentro del área y las siete las atajó. No solo salvó a su equipo de lo que pudo haber sido catastrófico para su primer desempeño en un torneo de este calibre, sino que hizo una actuación que pocos han podido hacer, incluso con una edad en la que no solo no se debuta, sino que pocos tienen con 40 años en esta escena.
De esto podemos sacar muchas reflexiones. La primera, sin duda, es que, aunque suene trillado, nunca es tarde para soñar. Nunca es tarde para decidir perseguir un sueño o elegir ser lo mejor que podamos ser en cualquier área de la vida. Tampoco debemos claudicar ante estándares ajenos o ante lo que impone el mundo. ¿Quién dice que a los 40 años un deportista no puede dar su mejor rendimiento?
En segundo lugar, no importa de dónde vengas o qué tan dura haya sido tu vida; siempre puedes reinventarte, con mucho sacrificio de por medio y esa búsqueda de grandeza en las acciones que repites día a día.
En la vida no hay reglas ni una fórmula exacta para triunfar. Lo que sí es seguro es que, si no te rindes, trabajas duro, tienes fe y, al final de todo, lo dejas en manos del Creador, es una fórmula muy buena para tenerlo ya todo, porque en ese proceso ya se ganó al convertirse en ese premio.
Lo último es que, detrás de todas las posibilidades, de toda ciencia y de todo azar, no debemos sucumbir ante el peor desenvolvimiento posible. Nos debemos una mentalidad positiva, y esto no entra solo ante pruebas o competencias. Esa mentalidad se debería tener en todo momento de la vida: creer en que lo que hacemos y trabajamos tiene sentido; poder creer en que podemos crear y hacer cosas buenas y verdaderas.
Al finalizar el partido, el equipo de Cabo Verde se hincó y rezó agradeciendo al cielo por el desempeño que tuvo; un desempeño que Dios bendijo por medio del esfuerzo y arduo trabajo que tuvo el equipo durante los tiempos previos a la gran competencia.
Independientemente del resultado, creer siempre valdrá la pena, y la fe se cultiva en todo acto cotidiano, dándole la gloria a Dios por medio de nuestras sencillas vidas, sea siendo deportista profesional o personal de limpieza, teniendo un puesto empresarial o siendo un vendedor ambulante.
Tendemos a pensar que la grandeza es ganar cosas, pero esta viene en la conquista de la voluntad diaria y en glorificar a Dios por medio de nuestra mera existencia, se vea como se vea esta misma.
Esta historia ha sido conmovedora por muchas razones, pero la que más debería resonar con todos es esa: que desde lo pequeño podemos tener fe y conquistar lo imposible.
















