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El adolescente de 11- 13 años
Aspectos generales de la psicología y la pedagogía en esta edad


El muchacho está entre los 11 y los 13 años, es decir, en el período de la preadolescencia; caracterizado todavía por una cierta calma y, por lo tanto, un momento decisivo para la siembra de valores –que necesita ver reflejados en la realidad concreta-, antes de que lleguen las turbulencias de la adolescencia.


Por estos dos motivos –período de calma y de siembra de valores- esta época es excepcional para ganar un fuerte liderazgo espiritual y humano sobre el muchacho, ya que ahora puede fácilmente identificarse afectivamente con el formador, luego será ya más difícil. En esta edad el muchacho busca modelos que imitar y su formador debe presentarse como tal. Éste debe saber alegrarse con sus alegrías y preocuparse sinceramente con aquello que le preocupa, para, de este modo, lograr captar más rápidamente su atención cuando quiera hablarle.

Un aspecto característico de esta edad es que el muchacho vive para el grupo de amigos, se siente seguro en él y actúa según el grupo. Teme quedarse solo y depende mucho de los demás; está definiendo su grupo de amigos y busca, por todos los medios posibles, ser aceptado en el grupo con el que se siente identificado. Es, por ello, importantísimo conocer la índole moral del líder del grupo, tenerlo controlado y ganado, y hacer del grupo. Dentro del grupo pueden ser crueles con los demás para autoafirmarse; por eso, hay que hablarles claramente sobre la caridad y el auténtico liderazgo, y hacer todo lo posible para, desde ahora, eliminar cualquier manifestación de "borreguismo".

La preadolescencia es un período caracterizado por fuertes cambios en las diversas dimensiones del muchacho:

Cambios fisiológicos que llegan poco a poco, pero que suelen acelerarse a partir del segundo semestre del primer año de la secundaria, cuando el muchacho está por cumplir los trece años. Estos cambios físicos le hacen estar a la expectativa de su propio desarrollo. La importancia, pues, de los deportes es decisiva; hay que fomentarlos a toda costa y no permitir que los abandonen por ningún motivo.

Cambios mentales del pensamiento concreto hacia el lógico-formal, y que suponen, como ya se ha señalado, una verdadera crisis que requiere una especial atención por parte del formador. Hay que dedicarle al muchacho bastante tiempo para hablar personalmente con él de sus cosas y para enseñarle a pensar, dado que es muy impulsivo en su expresión, no reflexiona sobre sus actos y es superficial en los análisis que hace de ellos y de las cosas. Tiene buena memoria; hay que valorarle debidamente este factor y animarle para que la potencie. La competitividad en todos los campos, también en el intelectual, es muy fuerte; por lo tanto hay que servirse de ella oportunamente. Le gustan mucho las historias y las anécdotas. Tiene muy buena imaginación y una gran capacidad de comprensión visual, que habrá que encauzar y potenciar con lecturas provechosas.

Cambios en la afectividad, en rápida evolución. En los últimos años de primaria, aún no le interesan mucho las niñas, aunque empieza la curiosidad y busca llamar la atención movido por la vanidad. En el segundo séptimo o primero de secundaria el sexo es más que una curiosidad: es necesario controlar a los más despiertos y sanear el ambiente. En su comportamiento hay “berrinches”, pero no es tan rebelde como aparenta. Teme afrontar las consecuencias de sus actos, se escuda en el grupo, se justifica; si no se le ha educado en la confianza, mentirá con más facilidad por temor al castigo. Está definiendo su mundo afectivo y espiritual, por ello está muy abierto a todo; las impresiones que reciba le quedarán marcadas para todo el resto de su vida.

Debido a los fuertes cambios que experimenta, pueden empezar a tambalearse sus hábitos disciplinares. Es necesario, por ello, explicarle la importancia de dominar y encauzar sus pasiones (sacrificio por amor, “sentido del límite”, autocontrol), exigirle con seriedad la disciplina (lo cual no quiere decir que se le deba someter a castigos más frecuentes; se trata de asumir con motivación unos principios), decirle las cosas con claridad y pedirle cuentas por lo que ha hecho. Esta actitud, sin embargo, no está reñida en absoluto con el respeto, la comprensión y la paciencia. La disciplina debe ser flexible (que no es lo mismo que voluble). Los reconocimientos y estímulos le ayudan más que los castigos y las amenazas para salir de un mal comportamiento. Si es necesario el castigo, éste debe ser justo, no de efecto retardado y proporcionado a la falta.

Posee una gran energía y dinamismo que hay que encauzar desde ahora ofreciéndole muchas y variadas actividades. Es importante no olvidar que se ve el héroe de grandes empresas; por ello hay que plantearle una gran misión, un gran ideal. Por otro lado, está habituado a perder mucho tiempo viendo la televisión o entretenido con juegos electrónicos, por ejemplo; aunque también está abierto a ilusionarse por otros muchos intereses: hobbies, colecciones... Hay que aprovechar que aún es moldeable en sus pasatiempos y gustos para entusiasmarle con la actividad y el ambiente de algún club.

Cuando se habla con él hay que hacerle participar. Su imaginación viva le pide estar siempre moviéndose y viviendo experiencias, por ello, hay que hablarle con imágenes y no alargarse más de lo conveniente (un tiempo de 25 minutos como término medio). Como regla general, es preferible tener dos pláticas de breve duración en lugar de una larga.

Pocas cosas son necesarias para que un preadolescente se encuentre en su ambiente: un balón, unos concursos, un ambiente alegre, un líder que le dé seguridad. Cuando el preadolescente se desarrolla tranquilo en su ambiente está totalmente abierto a lo que su formador quiera sembrar en él; en cambio, cuando el ambiente le es incómodo, con toda seguridad no regresará más o, al menos, tratará de evitarlo.

Hay todavía mucha receptividad hacia todo lo sobrenatural y espiritual. Su oración es principalmente vocal, de petición y de gratitud, y espera de ella resultados inmediatos; es importante, sin embargo, ir eliminando cualquier elemento de mecanicismo y o de egoísmo en el ejercicio de la misma. Obedece por sentido de autoridad y no tanto porque sea la Voluntad de Dios; hay que tratar de que busque cumplirla por encima de todo. Es la última etapa en la que el niño se siente todavía vinculado y dependiente de su madre, por ello, hay que animarle a que acuda con más frecuencia a su Madre del cielo, la Virgen María, para que luego “no la abandone”. Una consigna fundamental para esta etapa es que hay que saber presentarle la vida espiritual como fidelidad a su único verdadero líder, Jesucristo.


I. Formación Intelectual


Objetivos que se deben buscar

1.Desarrollo de habilidades mentales:

Que desarrolle lo más posible su gran capacidad de memorización y retención; para ello el formador le debe presentar abundantes conocimientos básicos y organizados.

Se ejercite en el hábito de la reflexión, ya que generalmente estudia sin reflexionar; para ello el formador le debe mostrar los porqués de la información que recibe y las motivaciones para retenerla.

Encauce sanamente su fuerte espíritu de competitividad para reforzar y multiplicar sus conocimientos; para ello el formador debe aprovechar el recurso de la competencia, tan propio de esta edad, a través de dinámicas, concursos, maratones, olimpiadas intelectuales, etc.

Busque destacar en todos los campos, también en el intelectual; para ello el formador debe hacerle ver que el auténtico líder lo debe ser en todo.

2.Contenido doctrinal específico:
se busca que el muchacho conozca y memorice los contenidos básicos del catecismo, sobre fe y moral.


II. Formación Espiritual


Objetivos que se deben buscar:

1. Amor a Jesucristo:
Que descubra en Cristo a su auténtico líder y se entusiasme por Él, ya que en esta edad experimenta la necesidad de ser guiado por un líder; para ello el formador debe presentar la figura de Cristo desde esta perspectiva y reflejar en sí mismo ese liderazgo de Cristo.

2. Vida de gracia, oración y sacramentos:

Que conozca lo que significa tener una relación personal con Cristo, su líder, y se entusiasme por ella; tenga buena disposición para vivir la vida de gracia, la oración y los sacramentos.

3. Voluntad de Dios:

Que Tenga una disposición positiva a aceptar la voluntad de Dios en todo momento;
y una dependencia de Dios a través de su director espiritual, sus padres y las demás autoridades; para ello el formador debe aprovechar esta edad privilegiada en la que todavía está abierto a obedecer espontáneamente.

4.Amor a la Virgen:

Que cultive un amor tierno y filial a la Santísima Virgen como Madre, poniendo en sus manos todos sus problemas y necesidades; para ello el formador debe aprovechar con acierto el gran amor y estima que todavía tiene por la figura materna.

5. Amor a la Iglesia y a las almas:

Que Se dé cuenta de que la Iglesia necesita apóstoles intrépidos para realizar la gran misión de salvar a todos los hombres; para ello el formador debe saber explotar con acierto el entusiasmo por los grandes retos e ideales, propio de esta edad.



III. Formación Humana


Objetivos que se deben de buscar

1. Formación de la conciencia:

se busca que el muchacho diga siempre la verdad; y actúe siempre de cara a Cristo, su líder; para ello el formador debe favorecer un especial clima de confianza y de apertura, dado que en esta edad comienza a mentir para llamar la atención o para ocultar sus faltas. El hombre auténtico dice y vive siempre en la verdad.

3. Formación de la voluntad:

se busca que el muchacho fortalezca su voluntad a través de la disciplina, la motivación, el sacrificio y la fidelidad a sus deberes y compromisos, a ejemplo de Cristo, su líder; para ello el formador debe solidificar las seguridades del muchacho y ser, él mismo, un punto de referencia que le inspire seguridad, ya que está en una edad en la que comienza a sentir la crisis de sus hábitos y convicciones, y experimenta una falta de seguridad que le lleva a la inestabilidad y a ser caprichoso. El hombre se forja en cada momento del día.

4. Formación del carácter:

se busca que el muchacho se conozca y se entusiasme por la conquista de un carácter positivo y atractivo, tal y como lo descubre en Cristo; para ello el formador debe aprovechar a su favor el factor de que en esta edad todavía es muy moldeable y fácilmente se puede influir en él, dado que no tiene un carácter definido. El líder lucha por tener un carácter positivo y entusiasta.

5. Formación en las virtudes humanas:

se busca que el muchacho entienda que el verdadero líder es el que ha conquistado más virtudes y, que por lo tanto, sirve, ayuda, defiende y se entrega a los demás; para ello el formador debe estar atento a su tendencia marcada de afianzarse en el grupo, incluso a costa de la agresividad, especialmente con los más débiles. El hombre bien formado vence el mal con el bien.


IV. Formación apostólica


Objetivos que se deben buscar:

1 Ser apóstol:

se busca que el muchacho conozca el amor de Cristo a la humanidad, que le llevó a dar su vida por la salvación de los hombres y, en consecuencia, el valor infinito de un alma;
sea consciente del valor, de la importancia de su misión y de su función irremplazable por ser un eslabón irrepetible en la cadena de salvación que arranca desde Cristo;
y se decida, por tanto, a entregarse a su apostolado; para ello el formador debe hacer todo lo posible para que salga de sí mismo, dado que todavía vive encerrado en su propio mundo.

El líder es apóstol las veinticuatro horas del día y en toda circunstancia.

2. Hacer apostolado:

se busca que el muchacho desarrolle un apostolado concreto, ambicioso, constante y proporcionado a su edad; Y lo haga siempre con su grupo de amigos, no de modo masificado sino de forma que se sienta involucrado y apoyado por sus amigos; para ello el formador debe encauzar y potenciar el enorme caudal de energía y dinamismo dentro del grupo de amigos, ya que son dos elementos esenciales del muchacho en esta edad. El líder se mide por sus acciones concretas y sus resultados.


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